sábado, 7 de septiembre de 2013


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            EL HADA VERDE  Para los que lo lean Tambien para los niños
Este cuento va para vosotros, mis queridos niños. Niños de cinco a ochenta y cinco años.
Érase una vez un hada que paseando bajo la sombra de los árboles del río en un atardecer de mucho calor se quedó dormida.. Entonces un malvado vampiro que pasaba por allí dijo:
-Mira,  un hada dormida. Nunca había observado el sueño de un hada, me quedaré a su lado hasta que despierte.

Pero las hadas duermen mucho, y en su dulce despertar solo quieren verse rodeadas de niños. Pasaron varios años. EL vampiro no salía de su lado, y para cenar le picaba el cuello y bebía una gotita de su sangre.

Pero un día el hada despertó, y al sentirse cansada y sin ningún niño a su alrededor comenzó a pensar que alguien le había bebido su hermosa sangre de rubí. En aquel momento llegó el vampiro, y dijo:
-Oh, que mala suerte. Ahora tendré que trabajar si quiero comer.
El hada le dijo al vampiro.
-¿Tú bebiste mi sangre?...Ya lo sé. Por eso te voy a castigar, y desde hoy te convertiré en una piedra...

Pero el vampiro comenzó a volar y se piró. El hada se fue a lavar al rió y vio que estaba verde como los árboles, verde como las hierbas, verde como las hojas de los nenúfares en flor, y lloró mucho.

Un arbolito que estaba allí la consoló diciendo:
-No llores tanto, que no es ninguna desgracia ser verde. Yo también lo soy, y estoy orgulloso de serlo.
-Gracias amigo. Soy el hade de estos bosques pídeme lo que quieras que te lo concederé.

-Oh, hada mía, solo quiero una cosa. Mira, yo estoy aquí a la orilla del rió desde que nací. Siempre miro a aquel árbol esbelto que orgulloso se le ve allá en el alto de la montaña. Él ve nacer el día, el es alto y corpulento, yo pequeñajo, nadie se fija en mí, porque además soy retorcido.

-Bueno, pero ¿qué quieres? Deja de lamentarte, que a nadie le agrada oir los lamentos ajenos, y vayamos al ajo.
-No, hada buena, no. Al ajo no. Vamos a otro sitio: Quiero que me arranques de aquí y me plantes allá arriba. Que estires mi esqueleto leñoso y me conviertas en otro árbol más bello. Que todos se fijen en mí.

-Debemos conformarnos con lo que somos, y cuando lo somos por naturaleza, entonces es porque el rey de las hadas así lo quiere  Bueno, pero porque te compadeciste de mi color te voy a complacer.
Se puso de pies el hada con sus botinas de terciopelo acabadas en punta y rematadas por unos cascabeles rojos. Se puso el sombrero resplandeciente sobre su cabeza, y estirando su mágica barita dijo:
-        Oh arbolito retorcido, feo y asqueroso de la ribera….
-   -No. Hada no. (interrumpió el arbolito) No soy asqueroso, y por feo podría pasar, un poco retorcido sí. Pero no me agrada que nadie me diga mis defectos. Solo me los digo yo.
-No me interrumpas, sino mi hechizo no te valdrá:
 Oh arbolito presumido y envidioso, arráncate de aquí y plántate allá arriba en lo alto de la montaña.
-Gracias hada buena. Me voy andando antes de que te arrepientas.

Y el arbolito se fue andando hasta llegar al alto de la montaña. Allí había un hoyo y se plantó en él.
Todo fue muy bien en la primavera, que es cuando despiertan las hadas.. Pero llegó el verano, y el sol caía justiciero sobre él. No había ningún otro que le diera sombra. El árbol esbelto se reía burlándose y le decía
-Abrase visto el pequeñajo ¿Pero que te crees tú lo que es estar aquí arriba?

Y el arbolito entre los calores del estío lloraba su calor. Pasó el verano y llegó el otoño. Los otros árboles despeinados por el viento fueron quedándose calvos, pero el arbolito tenía hojas perennes y el aire le atizaba con furia. A veces le arrancaba una rama que entre dolorosos suspiros iba a perderse al valle.

Y llegó otra vez el crudo invierno. El aire frió le trajo una horrible catarrada. No tenía donde cobijarse, porque cada vez crecía más y más, así como había crecido su envidia para llegar a ser como el mejor.
Por fin la primavera amainó el temporal. Pero los pajaritos no hacían sus nidos en sus ramas como antaño, porque se decían: ¿Para qué? Nuestros hijitos serán arrastrados por el aire. Iremos hacer nuestros nidos a los árboles de la ribera.

Allí ya no oía los dulces sones del trinar de los pajaritos. Allí todo era soledad y tristeza, sin que nadie se parase a contemplar su belleza.
Hasta que un día unos leñadores se fijaron en él. Y se dijeron:
-Hay que ver que árbol tan bello para una viga de un pajar. Vamos a serrarlo.

Aquel atardecer todos los árboles del bosque estaban asustados al oír el siniestro ris, ras de la sierra. Y nuestro arbolito fue a parar a un pajar, apuntalado por unos troncos.
Allí siguió quejándose, porque el quejita se queja siempre..
Paso un día el hada por allí y se quedó escuchando la triste canción plañidera del árbol. Y le pregunta

-¿ Que te pasa ahora? No sabes que esta es ,la suerte de todos los grandes?
-Sí, mi querida hada, si. Ahora lo sé. Llevame otra vez mi valle, y hazme pequeño y feo para vivir allí olvidado.
Y el hada extendió su varita mágica y el tronco se convirtió en arbolito donde vivió feliz el resto de sus días



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