martes, 30 de abril de 2013

Voy hablar del CELO APOSTOLICO Y LA CORRECCION que algunas personas buenas tienen por su prójimo. Es una virtud sublime el celo por las almas, el querer aconsejarlas, el querer que dejen sus defectos, o incluso tratándose de pecados capitales, como la SOBERBIA también la envidia. Es bueno el apostolado. Pero ¡OJO! Porque en esta materia hasta los santos cometen equivocaciones. El celo apostólico muchas veces se confunde con el FALSO CELO, que es imprudente, presumido e injusto, además áspero... Veamos cuando pecamos de falso celo en reprender a otros. El CELO IMPRUDENTE raramente saca las espinas, sino que las hinca más y MÁS, con el pretexto de corregir a otros. Y así hacen más dolorosa la llaga, llegando en algunas ocasiones a incomodarse y ofender. Solamente se ha de corregir cuando estés seguro que vas a sacar más fruto que si te estuvieses callado. Si lo dudas, calla, que alguna ocasión tendrás. Si el remedio que quieres poner no es prudente, solo habrás sembrado frutos espinosos, que cuesta más arrancarlos, por ejemplo enemistades. El celo ha de comenzar por nosotros mismos. No puedes decir a otro que sea humilde cuando tu soberbia te lleva a hacer una áspera CORRECCIÓN. En esto de corregir siempre ha de brillar la prudencia, sin hacerle ver al otro que su comportamiento hiere. El que quiera corregir con celo apostólico ha de estar libre de toda culpa. No puedes decir al hermano “Me desagrada lo que has hecho, o dicho o escrito” cuando hay en ti un gramo, una gota de deseo de acallarlo o un juzgarlo por una acción, una palabra o un escrito. Porque si así lo haces, sin fundamente bastante estás cayendo en el error que quieres corregir. En eta materia hay que obrar con toda la prudencia y con amor superior al de un hermano. Otros también quisieran que los demás se conformaran con hacer lo que hace él, por ejemplo dar limosna, atender enfermos, hablar con menos elocuencia… Querer que otros hagas las prácticas de piedad que tú haces, por ejemplo estar meditando ante el Santísimo, o haciendo oraciones… Es una equivocación creerse uno superior en las virtudes y tratar que otros lo imiten. Marta y María, la una se dedicaba a las labores de casa, la otra a contemplar y escuchar al Señor. Tan bueno es una cosa como otra, porque todo es necesario. Tan bueno es escribir bien como leer. Tan bueno es predicar elocuentemente como escuchar. Tan bueno es comer como ayunar. Es la intención con que se hacen las cosas. Y la intención nadie puede juzgarla. Quien juzga una intención de otra persona está cayendo en la tentación de hacer juicios temerarios, buenos o malos pero temerarios. Tan malo es decir de un difunto que era un santo, y no necesita de nuestras oraciones, como decir que era un pecador y de seguro estará en el purgatorio. ¿Y por qué es así? Porque al que tildas de bueno le privas de tus oraciones, y al que tildas de malo lo estás juzgando temerariamente, porque no es el hecho, sino la intención con que se hizo. Siga cada uno el impulso que recibe de lo alto. El ojo no debe envidiar al brazo, ni la mano a los pies, porque cada uno tiene su lugar en el cuerpo. Así nosotros cada uno tiene su lugar donde siente la inspiración. El corregir a otros, directa o indirectamente siempre implica soberbia. El escribir y hablar o dar limosna…limosna de amistad o de pan, eso es una gran virtud, porque no juzgamos lo que el otro hace, sino que damos ejemplo con nuestras buenas acciones. Otra cosa: Tampoco nos debemos meter en hacer aquello que no es compatible con lo que nosotros somos. Por ejemplo si es incompatible con nuestros deberes. En los Colegios Católicos de órdenes religiosas enseñan a no quejarse del cocinero que ha hecho una comida que te desagrada. Detrás de ese plato de comida hay tal vez decenas de cosas que obligaron al cocinero a hacerlo así. Cuando una cosa no agrada lo mejor es dejarla. Otro la tomará. Cuando tengas que corregir a tu hermano, primero busca el momento oportuno. Luego mira a ver que la acción sea mala. Después corrígelo con caridad. Si no te hace caso vuélvelo a corregir con más caridad, Y si no te hace caso entonces deja el caso en manos de quien sepa y pueda hacerlo mejor que tú. Ten en cuenta tus condiciones: Integridad de costumbres. Honestidad de fin. Cautela de trato. Y eso lo mismo con amigos y enemigos, lo mismo con hombres o mujeres, porque dios no ha puesto en contra los hombres y las mujeres. A la hora de corregir todos somos hermanos. Entonces debes tener en cuenta que aquel que vas a corregís tal vez es mucho mejor que tú. Por eso necesitas también la delicadeza. No vaya a ser que por falta de delicadeza y prudencia ahondes más la herida. Cada cual es lo que es delante de Dios. Y nosotros no tenemos en la mano la balanza para sopesar si sus obras son mejores o peores. En caso de duda deja el juicio a quien nunca se equivoca. Aquel que mucho corrige a los demás es porque necesita ser corregido.
ASCENSION DE JESUS Ya han pasado muchos días desde que Jesús resucitó. Él había dicho a sus amigos que subiría al cielo. A penas la aurora en el oriente va bruñendo de luz este nuevo día cuando Jesús está paseando con su Madre cerca de la colina del Getsemaní. El sol asoma en el horizonte. Se oye la voz de los Apóstoles que van hacia la colina. Jesús besa a su Madre. Es el beso del último día que estará en este mundo. Maria llora, porque una despedida siempre es triste. Abraza a su Hijo y también lo besa. Luego se arrodilla a sus pies y Él le da la bendición. La gente está arremolinada por todas partes, Son cientos y miles. Los caminos entre Betania y Jerusalén están llenos de gente. Las colinas del Getsemaní es un hervidero de personas, mujeres, hombres, niños…Todos saben que Jesús ha anunciado su ida al cielo. Todos creen en Él, porque sus hechos y sus milagros son propios de Dios, todos quieren verlo subir a su gloria. Se va el Amigo bueno que siempre los ha amado. Se va el que se compadecía del pecador, del enfermo, del que acudía a Él ; se va el que siempre perdonaba y consolaba Ya no lo volverán a ver. Muchos lo han visto resucitado. Hoy pueden verlo todos los que quieran acercarse. Nadie quiere dejar de verlo. Todos van y vienen para poderlo contemplar. Maria acompaña a Jesús hasta la casita del Molino. Luego se retira y se va con las otras parientes y amigas. Ahora Jesús dice a sus Apóstoles. -Venid, una vez más quiero compartir el pan con vosotros. Sobre la mesa hay pan, aceitunas, una jarrita de vino y otra de agua. Jesús ofrece y distribuye. Acaban de comer. Jesús abre las manos y con un gesto habitual en Él dice. -Ved pues que ha llegado el momento de dejaros para regresar a mi Padre y vuestro. Preparaos para la venida del Espiritu Santo, que os será necesario para vuestra misión... Cuando os persigan dejad esta ciudad, e iros a otra parte, porque mi iglesia no debe perecer... Os aseguro que ni siquiera el infierno podrá vencerla. Pero no tentéis al cielo esperándolo todo. Ahora mi iglesia es solo un germen, pero cuando llegue el tiempo crecerá y se extenderá por toda la tierra. Esto sucederá después. El Espíritu de Dios os guiará y sabréis lo que tengáis que hacer... Tratad de ser puros como conviene a todos los que se acercan al altar de Dios. Los planes del Señor son sublimes, y para recibirlos es necesario prepararse con una voluntad heroica. Sumergíos en el abismo de la contemplación. El Reino de Dios es el amor. Debéis tener siempre en vosotros el puro amor de Dios. Sed Templos del Espiritu Santo para que habite en vosotros. Predicad el Evangelio a toda criatura, enseñando todo lo que os he dicho. Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos. Estad. tranquilos sabiendo que Yo estaré pronto a ayudaros a llevar vuestra cruz. Cuando os vean torturados, necesitados enfermos os dirán :¿“así os ama vuestro Dios”? Vosotros contestadles: “ El dolor no procede de Dios. Lo permite para nuestro bien. La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del demonio. Yo seré vuestra recompensa inimaginable. Pedid ayuda y se os dará. Un poco retiradas están su Madre y Maria de Cleofás. No se atreven a acercarse por la majestad que despide. Jesús las llama y ellas se acercan. Jesús bendice, bendice a las gentes, a los árboles..y su voz se va esparciendo cual olas sublimes por el inmenso mar de cabezas que están por la colina y los caminos.. Jesús está de pies sobre una piedra que sobresale de entre la verde hierba. El sol que brilla en su cenit al caer ahora sobre Jesús hace resplandecer sus vestiduras, sus ojos azules miran aquel mar de gente, su manto ondea con brisa que sopla. Abre sus brazos en señal de abrazo. Parece como si quisiera abrazar a esa enorme masa de gente, como si quisiera abrazar a todas las gentes de todo el mundo y de todos los tiempos. Con una voz que no puede jamás olvidarse da su última orden: -“Id, id en mi nombre a evangelizar los pueblos de todo el mundo. Dios estará con vosotros. Su amor os consolará, su luz os guará, su paz estará en vosotros hasta la vida eterna. Ahora se transforma en hermosura. Bello, mucho más bello que en el Tabor. Todos caen de rodillas adorándolo. Aquella inmensa multitud de gente está ahora en silencio delante de su Dios en adoración al Hijo de Dios. Se va elevando de la tierra. Todos clavan en Él su mirada. Jesús busca el rostro de su Madre, y la sonrisa que le brinda es tal que no se puede imaginar. Fue su adiós postrero a su Madre. Sube, sube bendiciendo, lleno de hermosura, auroleado de bellísima y desconocida luz. Ni una nube en el azul infinito. El sol puede besar tanta belleza, porque ahora Jesús es un mar de luz Su cuerpo santísimo va al cielo. Es el primer cuerpo que entra en la gloria. Aun se pueden ver sus llagas resplandeciendo cual rubíes. Son como las cicatrices que muestra con orgullo, cual soldado que las recibe en su batalla para convertirlas en su gloria. Otra luz que baja del cielo en busca de la que sube de la tierra. Y Jesucristo, el Hijo de Dios desaparece de la mirada de los hombres en este océano de resplandor. Una voz sale del profundo silencio, que dice ¡¡Jesús!! Es su Madre cual despedida maternal. Todos están mudos en medio de un solemne silencio mirando al cielo. Nadie habla, nadie aparta su vista del cielo. Dos figuras envueltas en luz bajan, se posan muy cerca de este lugar, y con voz potente que todos pueden oír dice: - Varones de galilea, y vosotros aquí reunidos ¿Que hacéis mirando al cielo? Este Jesús que habéis visto subir a su gloria volverá un día con esta misma majestad a juzgar a vivos y muertos... Ahora podéis iros a vuestros hogares.

miércoles, 24 de abril de 2013



Córdoba.
Era uno de esos días que lucen en medio del invierno como una bella flor en medio de un campo de esmeraldas.
Nos juntamos unos cuantos “solterones” como nos suelen llamar y decidimos ir a

Córdoba.
También algunas quisieron venir.
Córdoba es una bella ciudad donde la nostalgia, la depresión y el aburrimiento están ausentes. En esa hermosa mañana decidimos visitar algunos de los grandes monumentos que ya conocíamos, pero que siempre se veneran como si se vieran por primera vez, .Tanta es su belleza.

En Córdoba han nacido los más insignes poetas  que asombraron al mundo con sus poesías. Lucano, Juan de Mena, Góngora…Allá por los siglos diez y once ha sido la cuna esplendorosa de toda la humanidad por su ciencia, tal vez nacida de la unión de varias razas,  y culturas, que aun hoy perduran esculpidas en sus monumentos
Séneca, el gran pensador, Averroes, Maimónides…

Recorrimos los jardines de la Mezquita y sus dependencias, donde en otra edad posaron grandes genios para ser admirados de generación en generación.
Los Jardines son muy hermosos, sus fuentes esculpidas en piedra brindan siempre agua fresca junto a parterres en flor o entre mirtos que van trazando la senda... Dentro, un bosque de columnas y capiteles de bien conseguidos colores.

Luego, antes que se acercara la hora de volver al hotel, nos fuimos por la calle de las flores. Los balcones adornados de tiestos y flores que parecen brotar de un cuento de hadas. El Mausoleo Romano d austera nobleza. La Iglesia de santa Marina de las Aguas Santas. No sé por que se llama así. Un anciano que estaba sentado allí cerca nos narró una bonita historia, bruñida de mucha imaginación, algo así como La Mal Muerta.
Luego visitamos la Posada del Potro, allí donde D. Quijote se paró a descansar. Cerca hay un chiringuito y tomamos unas tapitas mientras descansábamos un ratito.
Después de comer de medio día nos fuimos  a visitar la Colegiata de San Hipólito, con su vetusta torre románica.


Y ya cansados de andar nos fuimos a sentar a una plazotela, precisamente donde está el Cristo de los Faroles, creo que se llama así por los faroles que lo iluminan por las noches.
Ya estábamos cansados de ver tanta belleza, porque en Córdoba todo es bonito. Aun así seguimos hasta el monumento a Julio Romero de Tormes. Pienso que es quien cantó tanto a la mujer morena.

Declinaba la tarde pero aun hacia sol. Una amplia calle donde paseaban muchos, Creo que se llama  El Paseo de Córdoba.
Ahora recodamos la bella cruz de mayo que cerca de un patio cordobés se levantaba varios metros el año pasado.

lunes, 22 de abril de 2013



LA PARABOLA D LA OVEJA PERDIDA
Jesús Está de pie hablando a la orilla de un pequeño río que suena en la tarde al pasar.
La gente está esparcida por el campo en grandes grupos. La luna comienza a salir, es un dulce atardecer de verano. Un rebaño de ovejas regresa a su redil en medio del cual va su pastor. Parece que Jesús haya tomado como base de su palabra a este rebaño, y mientras se van alejando con su repiniqueo, entre el cric cric del canto de los grillos comienza a decir:

“Vuestro Padre Dios es el Pastor solicito, el que busca buenos pastos para sus ovejas, el que desea separarlas de las hierbas venenosas, o de víboras que surjan de entre los pastos. Las cura si están enfermas, las cuida si están heridas, Esto hace el buen Padre que está en el cielo con sus hijos que andan  errantes por la tierra.
Su amor es la vara que los reúne, su voz es el guía, los pastizales su Ley, su redil el cielo.

Vez ahí que una oveja lo abandona. ¡Cuánto la amaba! Era joven, limpia candida, su lana como un jirón de nubecilla en el cielo azul. El pastor la mimaba con ternura.

Había pasado por el camino que rodeaba el redil un tentador. No viste la casaca austera, sino un vestido de miles de colores. En su cintura luce un puñal de oro. Lleva cascabeles de plata y oro que suenan muy bien al andar. Deja a su paso un perfume que embriaga. En vez de bastón lleva este pastor un incensario de piedras preciosas, de donde sale una mezcla de hediondez y perfume que aturde y emboba con su falso olor.

Va cantando preciosas canciones mientras deja caer de sus manos algo parecido a la sal, pero no es sal, es veneno
Hay noventa y nueve ovejas porque la más buena, la más hermosa da un salto y desaparece detrás del  falso pastor tentador.

El buen pastor la llama, pero ella no obedece, no entiende; se va tras el falso y para tener fuerzas come de aquella sal que la embriaga más y más, hasta que tiene necesidad de aguas verdes que hay en la selva, porque la invade un delirio extraño.

Se va tras el tentador, sube baja colinas y montañas, siente en su cuello  el contacto viscoso de reptiles, siente una sed desconocida, y al querer comer muerde hierbas verdes   entre carroñas que destrozan su ser.

Entre tanto ¿qué hace el Buen Pastor? Deja en el redil las noventa y nueve, y se pone en camino siguiendo las huellas de la que se fue.
La sigue, va tras sus  pasos. Por fin  desde el alto de un monte la ve allá en la lejanía. La llama, pero la oveja se burla de él,
 Se acerca, la vuelve a mirar, pero ella no quiere escuchar la voz de quien la ama y se va tras el que la engaña.

El Pastor no se cansa, sigue tras ella, que va dejando vellones de lana, vellones de alma, sangre de heridas….sigue hasta encontrarla nuevamente. De nuevo la alcanza.

¡Te he encontrado, amada mía! ¡Te he alcanzado! Cuanto he caminado por ti para llevarte de nuevo al redil. No bajes la frente envilecida. Tu pecado está sepultado en mi corazón. Tu pecado está perdonado. Nadie, fuera de mí que te amo, lo conocerá. Te defenderé de las críticas de tus compañeras. Te cubriré y defenderé contra las piedras de tus acusadores. ¡Ven!. ¿Estas herida? Muéstrame tus heridas. Las conozco, pero quiero que me las muestres con la confianza de cuando eras pura y candorosa, porque yo soy tu Pastor y Dios... Ahí están tus heridas, severas y profundas. El tentador, tras el cual te has ido, te envenenó. Ahora estás afligida en el fondo de tu corazón. Tu lana está deshecha, tiene rasgones, tiene sangre. ¡Pobre pequeña alma engañada!
Dime ¿si yo te perdono me amarás? ¿Si te tiendo mis brazos volverás a ellos? ¿Tienes sed de amor bueno? Entonces vuelve a mis brazos. Renace a mi amor. Regresa a los saludables pastizales santos.

¿Lloras? Tu llanto y el mío te purificarán.
Yo te daré de mi Sangre para reparar la que has perdido. Quiero que te alimentes y vivas.
Ven para llevarte en mis brazos. Quiero que olvides esta hora de desesperanza. Yo, tu Dios, te cuidaré. También las otras ovejitas  olvidarán tu culpa.


Así trata Dios al alma que se aleja y después vuelve al buen camino, porque os aseguro que en el cielo hay más fiesta por la ovejita que regresa que por las otras que siempre estuvieron gozando de  la gracia y el amor de Dios.
No temáis en volver a Dios, porque Dios os ama, os busca, os quiere dar la felicidad eterna.



Hasta siempre Anabel. Pequeña historia de una niña


Aquella tarde se presentó en mi despacho una joven. Estaba embarazada. Bajo una terrible depresión, me fue contando como ella no deseaba tener aquel niño, y levantando la voz me pedía un abortivo.

Todas las razones que le daba eran inútiles. No quería tener a su hijo.
Entonces, en uno de esos arrebatos que a veces pasan por mi mente le dije.
-¿Por  qué? ¿Cuál es el motivo porque no lo quieres? ¿sabe tu esposo que quieres abortar? ¡De inmediato me explicas las causas!

-Bajando un poco la voz me dijo.
-Odio a mi marido. Pedí la separación, e hice constar que no estoy embarazada. De esa manera no podrá reclamarlo.  No quiero que nazca mi hijo. Dame un abortivo.No quiero nada que lo imite

-Muy bien. Dentro de un mes tendrás a tu hijo. Me lo quedo yo.
Ya no me acordaba del incidente cuando una noche suena el teléfono. Me levanto malhumorado y pregunto
-¿Quién es? ¿Qué desea?
-Hace un mes tuve a mi hija. Puedes pasar a recogerla. Lo has prometido.
-Mañana te iré a visitar a las diez

Llamé a mi hermana y le expliqué. Ella me dijo: No te preocupes. La traemos, la criamos, y cuando quiera que venga a recogerla. Es de ella. Pero a la niña nada le faltará

Desde ese momento esa niña formó parte de nuestra familia. Una pequeña alegre, cariñosa, muy inteligente. A veces su madre venia a visitarla, pero siempre se iba diciendo “Con ustedes está muy bien”. Ni siguiera un beso ni una caricia.

Tenía año y medio cuando ya hablaba bastante bien, corría de un lado a otro. Toda la casa era de ella. Todo lo quería tocar, todo lo que tocaba era objeto de juguete, por ejemplo mi armónica.
Todo se lo permitía, menos tocarle a mi vieja armónica. Esa armónica me la había regalado una persona que yo quería mucho, y además me agrada tocar la armónica cuando estoy aburrido.

Cuando la pequeña Anabel oía sus sones, aparecía en mi despacho, salida de no se sabe donde, para que le dejase soplar solo una vez. Y siempre lo conseguía.
Ya tenía tres años. Sus amiguitos eran muchos. De todas partes venían a estar en el jardín junto a ella. En los columpios, en los toboganes, haciendo piruetas, jugando al escondite… Luego, cansada invitaba a sus amiguitos a subir a mi despacho porque les decía que yo era su papá. Llegaban, comenzaban a tocarlo todo, mientras a mi me entraba un siniestro sudor por la espalda y terminaba echándolos a todos al jardín.

Pero antes debía dejarle soplar una vez la armónica. Con eso era suficiente.
Un añito más. El día de su cumpleaños le pregunté que quería que le regalase. Y me dice:
-Verdad que los papis dan a sus niñas todo lo que ellas les pidan?
-Claro que si
-Entonces regálame tu armónica.
-No, eso no. Primero porque sabes quien es tu papi, lo conoces. Y nunca te regala nada.
-Yo quiero que lo seas tú
-Suponiendo eso tampoco te regalo mi armónica. Pero te compro otra igual.
-Que no. Que quiero la tuya. Y sino me pongo así (lo decía cruzando los brazos y poniendo cara de enfadada)
-Bueno, pues te pones así. Y yo también. Vamos a ver quien aguanta mas tiempo así.
-¿Por qué tiene que ser otra filarmónica y no la tuya?
-¿Y porque tiene que ser la mía y no otra?

Luego se acerca, me da un beso y me dice.
-Está bien, pero dame un beso, muy fuerte, muy fuerte. Y ya no me des la filarmónica, pero déjame soplar un ratito

-Estaba a punto de cumplir los cinco años. Siempre que podía se acercaba a mi despacho y soplando la filarmónica se iba diciendo
-Hala, ya está!

Cuando yo estaba agotado por mi trabajo, o triste por algo, se acercaba, se sentaba en mis rodillas y acariciándome las barbas me decía
-No estés triste. Estoy yo aquí.
-Venga. Sopla un poco la filarmónica y vete a jugar al jardín.

 Ya habían pasado unos años Era un precioso día de primavera. Los amiguitos se iban de excursión a la vecina montaña. Sube precipitadamente y me dice
-¿Me dejas ir con ellos? Te prometo ser muy buena, muy buena, tanto como la Beti (la gatita).
-¿Quién os lleva?
-Vamos con la mamá y el papá de Leonor.
-No, pequeña. No te dejo ir. No me fío de ellos. Él es un …bueno…bebe algo, y claro…No vas a ir
-¿Y si me enfado?
-Me da igual. No vas a ir. Si quieres vamos con los niños de la tía (mi hermana) y con la tía que van a  Comarrugas
-Entonces voy a decírselo a mis amiguitos

Y subimos la colina, mientras los niños jugaban alegres. A la hora de comer nos sentamos en la hierba y comimos nuestra comidita. De pronto Anabel comienza a llorar y gritar
-Que tienes, pequeña? ¿Qué te sucede?
-Esa serpiente me mordió

Pude ver al reptil arrastrándose muy cerca. Me di cuenta que era una víbora de los peores áspides. La tomo en brazos y la llevo al hospital.
El veneno había hecho efecto. No era posible hacer nada. Lívida se moría Entonces abriendo un poco los ojos me miró y me dijo:
-Papi, en tu bolsillo está nuestra armónica. ¿Me dejas tocarla?
Saqué la armónica y se la di. Comenzó a tocar, pero su aliento era imperceptible….
Soltó la armónica, y balbuceando sus últimas palabras me dijo
-Papi…
Al tiempo que alargaba sus bracitos hacia mi.
Me abrazó con las pocas fuerzas que le quedaban, y después de unos minutos dejó caer su hermoso cuerpo sobre la almohada….Había muerto…..

Yo me la quedé mirando…Tome la Armónica y en un movimiento involuntario se la llevé a sus labios….
Mi hermana me separó del lecho, mientras le arreglaba las hermosas trenzas de su cabellera.
Después….después en mi habitación coloqué la armónica, y siempre la miro antes de acostarme. Pienso que tal vez Anabel, desde el cielo arranque sones más bellos a otra armónica mas linda, y depaso piense en mí.



EL TESORO ESCONDIDO.
Nos habla el evangelio de un hombre que encontró un tesoro, vendió todas sus propiedades y lo compró.
De otro que echa las redes y la saca llenas de pescado. Luego escoge el bueno y deja el malo para las aves.
Otro que  encuentra una perla fina. Comprende su valor. Vende sus bisuterías y la compra.

El Tesoro es Dios. Cuando Dios se manifiesta hay que obrar con diligencia. Dejarlo todo e ir en su busca. Dios se hace buscar, pero quien lo busca  lo encuentra. Lo que sucede es que Dios se esconde. Se esconde en el inocente que falsamente es acusado. Se esconde en el enfermo que está en su lecho de dolor sin esperanzas de curación. Se esconde en el pobre que quisiera pagar sus deudas, que quisiera un trozo de alimento para su boca, que quisiera una casita donde vivir, que quisiera un trabajo para poder atender a las cosas de la vida.

Y pasan grandes genios, pasan mentes preclaras en busca de Dios, pasan santos que buscan la tranquilidad de sus conciencias. Pasan jóvenes y damas elegantes.
Todos ven en su pasar al pobre y huyen de él, y ni siquiera una mano, ni una caricia ni una esperanza.
Los grandes genios van descubrir a Dios en la excelsidad de las galaxias. Los médicos esperan ver un milagro de curaciones con sus pócimas, pero no ven a Dios en el enfermo, nadie ve a Dios en el menesteroso, nadie ve a Dios en el acusado inocente, o en el acusado arrepentido. Y siguen buscando a Dios sin hallarlo.

Luego desde la cátedra de su elocuencia gritan: ¡Dios ¿donde estás? Pero Dios no responde, porque el que sufre, cansado de sufrir calla, porque el pobre cansado de su miseria se humilla y calla, porque el inocente cansado de proclamar su inocencia inútilmente se calla. Luego los grandes eruditos gritan con voz fuerte y estertórea ¡¡¡DIOS NO EXISTE!!

Tal vez no exista en la perla de gran valor, pero existe en la búsqueda constante de su deidad. Tal vez no exista en los peces gordos, pero existe en el trabajo continuo de separar de nuestro corazón lo inútil, el lastre que no nos deja caminar hacia Él. Tal vez no exista  en un tesoro, pero existe en la oración, divino tesoro.
Existe en el que padece  desconocido y olvidado, en el anciano que no puede contener la saliva ni la orina, en el joven que se forma…Dios está en muchas partes. HAY QUE SABER BUSCARRLO
 Y quien lo busca lo encuentra

c.j