miércoles, 24 de abril de 2013



Córdoba.
Era uno de esos días que lucen en medio del invierno como una bella flor en medio de un campo de esmeraldas.
Nos juntamos unos cuantos “solterones” como nos suelen llamar y decidimos ir a

Córdoba.
También algunas quisieron venir.
Córdoba es una bella ciudad donde la nostalgia, la depresión y el aburrimiento están ausentes. En esa hermosa mañana decidimos visitar algunos de los grandes monumentos que ya conocíamos, pero que siempre se veneran como si se vieran por primera vez, .Tanta es su belleza.

En Córdoba han nacido los más insignes poetas  que asombraron al mundo con sus poesías. Lucano, Juan de Mena, Góngora…Allá por los siglos diez y once ha sido la cuna esplendorosa de toda la humanidad por su ciencia, tal vez nacida de la unión de varias razas,  y culturas, que aun hoy perduran esculpidas en sus monumentos
Séneca, el gran pensador, Averroes, Maimónides…

Recorrimos los jardines de la Mezquita y sus dependencias, donde en otra edad posaron grandes genios para ser admirados de generación en generación.
Los Jardines son muy hermosos, sus fuentes esculpidas en piedra brindan siempre agua fresca junto a parterres en flor o entre mirtos que van trazando la senda... Dentro, un bosque de columnas y capiteles de bien conseguidos colores.

Luego, antes que se acercara la hora de volver al hotel, nos fuimos por la calle de las flores. Los balcones adornados de tiestos y flores que parecen brotar de un cuento de hadas. El Mausoleo Romano d austera nobleza. La Iglesia de santa Marina de las Aguas Santas. No sé por que se llama así. Un anciano que estaba sentado allí cerca nos narró una bonita historia, bruñida de mucha imaginación, algo así como La Mal Muerta.
Luego visitamos la Posada del Potro, allí donde D. Quijote se paró a descansar. Cerca hay un chiringuito y tomamos unas tapitas mientras descansábamos un ratito.
Después de comer de medio día nos fuimos  a visitar la Colegiata de San Hipólito, con su vetusta torre románica.


Y ya cansados de andar nos fuimos a sentar a una plazotela, precisamente donde está el Cristo de los Faroles, creo que se llama así por los faroles que lo iluminan por las noches.
Ya estábamos cansados de ver tanta belleza, porque en Córdoba todo es bonito. Aun así seguimos hasta el monumento a Julio Romero de Tormes. Pienso que es quien cantó tanto a la mujer morena.

Declinaba la tarde pero aun hacia sol. Una amplia calle donde paseaban muchos, Creo que se llama  El Paseo de Córdoba.
Ahora recodamos la bella cruz de mayo que cerca de un patio cordobés se levantaba varios metros el año pasado.

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