Córdoba.
Era uno de esos días que lucen en medio del
invierno como una bella flor en medio de un campo de esmeraldas.
Nos juntamos unos cuantos “solterones” como
nos suelen llamar y decidimos ir a
Córdoba.
También algunas quisieron venir.
Córdoba es una bella ciudad donde la
nostalgia, la depresión y el aburrimiento están ausentes. En esa hermosa mañana
decidimos visitar algunos de los grandes monumentos que ya conocíamos, pero que
siempre se veneran como si se vieran por primera vez, .Tanta es su belleza.
En Córdoba han nacido los más insignes poetas que asombraron al mundo con sus poesías.
Lucano, Juan de Mena, Góngora…Allá por los siglos diez y once ha sido la cuna
esplendorosa de toda la humanidad por su ciencia, tal vez nacida de la unión de
varias razas, y culturas, que aun hoy
perduran esculpidas en sus monumentos
Séneca, el gran pensador, Averroes,
Maimónides…
Recorrimos los jardines de la Mezquita y sus
dependencias, donde en otra edad posaron grandes genios para ser admirados de
generación en generación.
Los Jardines son muy hermosos, sus fuentes
esculpidas en piedra brindan siempre agua fresca junto a parterres en flor o
entre mirtos que van trazando la senda... Dentro, un bosque de columnas y
capiteles de bien conseguidos colores.
Luego, antes que se acercara la hora de volver
al hotel, nos fuimos por la calle de las flores. Los balcones adornados de
tiestos y flores que parecen brotar de un cuento de hadas. El Mausoleo Romano d
austera nobleza. La Iglesia de santa Marina de las Aguas Santas. No sé por que
se llama así. Un anciano que estaba sentado allí cerca nos narró una bonita
historia, bruñida de mucha imaginación, algo así como La Mal Muerta.
Luego visitamos la Posada del Potro, allí
donde D. Quijote se paró a descansar. Cerca hay un chiringuito y tomamos unas
tapitas mientras descansábamos un ratito.
Después de comer de medio día nos fuimos a visitar la Colegiata de San Hipólito, con
su vetusta torre románica.
Y ya cansados de andar nos fuimos a sentar a
una plazotela, precisamente donde está el Cristo de los Faroles, creo que se
llama así por los faroles que lo iluminan por las noches.
Ya estábamos cansados de ver tanta belleza,
porque en Córdoba todo es bonito. Aun así seguimos hasta el monumento a Julio
Romero de Tormes. Pienso que es quien cantó tanto a la mujer morena.
Declinaba la tarde pero aun hacia sol. Una
amplia calle donde paseaban muchos, Creo que se llama El Paseo de Córdoba.
Ahora recodamos la bella cruz de mayo que
cerca de un patio cordobés se levantaba varios metros el año pasado.
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