lunes, 22 de abril de 2013



EL TESORO ESCONDIDO.
Nos habla el evangelio de un hombre que encontró un tesoro, vendió todas sus propiedades y lo compró.
De otro que echa las redes y la saca llenas de pescado. Luego escoge el bueno y deja el malo para las aves.
Otro que  encuentra una perla fina. Comprende su valor. Vende sus bisuterías y la compra.

El Tesoro es Dios. Cuando Dios se manifiesta hay que obrar con diligencia. Dejarlo todo e ir en su busca. Dios se hace buscar, pero quien lo busca  lo encuentra. Lo que sucede es que Dios se esconde. Se esconde en el inocente que falsamente es acusado. Se esconde en el enfermo que está en su lecho de dolor sin esperanzas de curación. Se esconde en el pobre que quisiera pagar sus deudas, que quisiera un trozo de alimento para su boca, que quisiera una casita donde vivir, que quisiera un trabajo para poder atender a las cosas de la vida.

Y pasan grandes genios, pasan mentes preclaras en busca de Dios, pasan santos que buscan la tranquilidad de sus conciencias. Pasan jóvenes y damas elegantes.
Todos ven en su pasar al pobre y huyen de él, y ni siquiera una mano, ni una caricia ni una esperanza.
Los grandes genios van descubrir a Dios en la excelsidad de las galaxias. Los médicos esperan ver un milagro de curaciones con sus pócimas, pero no ven a Dios en el enfermo, nadie ve a Dios en el menesteroso, nadie ve a Dios en el acusado inocente, o en el acusado arrepentido. Y siguen buscando a Dios sin hallarlo.

Luego desde la cátedra de su elocuencia gritan: ¡Dios ¿donde estás? Pero Dios no responde, porque el que sufre, cansado de sufrir calla, porque el pobre cansado de su miseria se humilla y calla, porque el inocente cansado de proclamar su inocencia inútilmente se calla. Luego los grandes eruditos gritan con voz fuerte y estertórea ¡¡¡DIOS NO EXISTE!!

Tal vez no exista en la perla de gran valor, pero existe en la búsqueda constante de su deidad. Tal vez no exista en los peces gordos, pero existe en el trabajo continuo de separar de nuestro corazón lo inútil, el lastre que no nos deja caminar hacia Él. Tal vez no exista  en un tesoro, pero existe en la oración, divino tesoro.
Existe en el que padece  desconocido y olvidado, en el anciano que no puede contener la saliva ni la orina, en el joven que se forma…Dios está en muchas partes. HAY QUE SABER BUSCARRLO
 Y quien lo busca lo encuentra

c.j

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