EL TESORO ESCONDIDO.
Nos habla el evangelio de un hombre que
encontró un tesoro, vendió todas sus propiedades y lo compró.
De otro que echa las redes y la saca llenas de
pescado. Luego escoge el bueno y deja el malo para las aves.
Otro que
encuentra una perla fina. Comprende su valor. Vende sus bisuterías y la
compra.
El Tesoro es Dios. Cuando Dios se manifiesta
hay que obrar con diligencia. Dejarlo todo e ir en su busca. Dios se hace
buscar, pero quien lo busca lo
encuentra. Lo que sucede es que Dios se esconde. Se esconde en el inocente que
falsamente es acusado. Se esconde en el enfermo que está en su lecho de dolor
sin esperanzas de curación. Se esconde en el pobre que quisiera pagar sus
deudas, que quisiera un trozo de alimento para su boca, que quisiera una casita
donde vivir, que quisiera un trabajo para poder atender a las cosas de la vida.
Y pasan grandes genios, pasan mentes preclaras
en busca de Dios, pasan santos que buscan la tranquilidad de sus conciencias.
Pasan jóvenes y damas elegantes.
Todos ven en su pasar al pobre y huyen de él,
y ni siquiera una mano, ni una caricia ni una esperanza.
Los grandes genios van descubrir a Dios en la
excelsidad de las galaxias. Los médicos esperan ver un milagro de curaciones
con sus pócimas, pero no ven a Dios en el enfermo, nadie ve a Dios en el
menesteroso, nadie ve a Dios en el acusado inocente, o en el acusado
arrepentido. Y siguen buscando a Dios sin hallarlo.
Luego desde la cátedra de su elocuencia
gritan: ¡Dios ¿donde estás? Pero Dios no responde, porque el que sufre, cansado
de sufrir calla, porque el pobre cansado de su miseria se humilla y calla,
porque el inocente cansado de proclamar su inocencia inútilmente se calla.
Luego los grandes eruditos gritan con voz fuerte y estertórea ¡¡¡DIOS NO EXISTE!!
Tal vez no exista en la perla de gran valor,
pero existe en la búsqueda constante de su deidad. Tal vez no exista en los
peces gordos, pero existe en el trabajo continuo de separar de nuestro corazón
lo inútil, el lastre que no nos deja caminar hacia Él. Tal vez no exista en un tesoro, pero existe en la oración,
divino tesoro.
Existe en el que padece desconocido y olvidado, en el anciano que no
puede contener la saliva ni la orina, en el joven que se forma…Dios está en
muchas partes. HAY QUE SABER BUSCARRLO
Y quien
lo busca lo encuentra
c.j
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