LA CURACION DE UN ENFERMO
Aquel día estaba Jesús paseando al lado del
templo, con él estaba Marcial, un niño que Jesús había recogido, porque al caer
la torre de Silué mató a su madre y a su padre.
El niño pregunta a Jesús:
-¿Qué hace toda esa gente amontonada al lado
de la Piscina?
-Están esperando que baje el ángel de Dios, y
remueva las aguas. El primero que entra queda curado. Por eso oyes el lamento
de tantos sufrimientos
-¿Y yo puedo ver el ángel del Señor?
-Puedes. Si te fijas bien lo verás.
-Entonces vamos hasta allí
Bajaron, mientras que Jesús le iba explicando
por qué el ángel bajaba y removía las aguas. El niño se quedó parado mirando al
agua, mientras Jesús siguió caminando de un lado a otro.
De pronto el niño comienza a gritar
-¡He visto al ángel! Que hermoso es en su angélica
belleza.
Un hombre con la pierna engangrenada se lanza
al agua, y al salir está completamente curado. Los otros se vuelven hacia él y
lo increpan, porque esa pierna podría curarse con medicamentos, y otros
necesitaban más la sanción.
Un viejecito llora y llora sin consuelo. Jesús
lo ve y le dice:
-¿Por qué lloras así?
-Hace mas de treinta años estoy aquí,
aquí…todos los días me trae un pariente lejano. Nadie me ayuda, por eso cuando
pasa el ángel debo resignarme y volver a casa siempre tullido. ¡Treinta y ocho
años tullido, Señor!.
-¿Quieres curarte?
-¡Claro! Es mi único deseo, para no ser
molesto a nadie.
Entonces toma tu camilla y vete a tu casa.
El viejecito duda, no se atreve a creer que
está curado. Pero siente una fuerza que le impele a levantarse. Mira al rostro
bondadoso de Jesús, y al verlo cree. Se levanta, da unos pasos, y luego
comienza a correr detrás de Jesús. Se arrodilla, y le dice.
-Gracias, Señor. Dime cual es tu nombre para
estarte eternamente agradecido.
-Mi nombre es Misericordia y Piedad.
Ahora se armó un gran alboroto al lado del que
había sido curado por Jesús .Aprovechando el tumulto toma de la mano a Marcial,
y se va tranquilamente hasta el templo a orar.
Los guardias del templo al ver el tumulto
salen a ver que pasa. Al salir ven entrar a un hombre con una camilla al
hombro, y le dicen
-¿A dónde vas con esa camilla? ¿Es que no
sabes que es sábado, y que no se puede coger ningún peso?
-El que me curó me dijo: Toma tu camilla y
vete a tu casa.
-Debía ser una persona mala, porque en sábado
no se puede cargar peso ¿Cómo se llama? ¿Lo sabes?
-Sí. Se lo pregunté y me dijo que se llama
Piedad y Misericordia.
-¡Imbecil! ¿No te das cuenta que eso no es un
nombre? Debió ser ese nazareno que hace milagros los sábados. ¿Cómo era?
-Es un hombre alto, hermoso, que lleva a su
hijo de la mano.
-Entonces no es el Nazareno, porque ese no
tiene hijos ni está casado.
Pasó el tiempo. Un día encontró Jesús al
hombre en el templo y le dijo:
-Da gracias al Altísimo, porque te ha curado.
Procura no volver a pecar si no quieres que te suceda algo peor.
El hombre se va corriendo a junto a la guardia
del templo y les dice:
-Ya sé quien me ha curado. Es ese que está
allí.
Los guardias salen a prisa y le dicen:
-¿No sabes que en sábado no se puede hacer
ningún trabajo?. ¿Cómo te has atrevido a curar en sábado?
-Ahora escuchadme todos: ¿Es lícito hacer el
bien en sábado? Pues este hombre llevaba 38 años paralítico. Lo curé, y Dios ha
recibido gloria y alabanza. ¿Dónde está mi culpa?
-Tu culpa es que no respetas el precepto del
sábado. No sabemos que hacer contigo.
-¿Quién de vosotros si tiene un animal
enfermo, o un ser de su familia no sale al campo a buscar hierbas conque
curarle? Y sin embargo no lo tenéis por pecado. Este hijo de Dios hace treinta
y ocho años que está enfermo. Lo he curado, y eso es hacer el bien. ¿Se debe o
no hacer bien en el día del Sábado?
Los que lo acusaban no supieron que contestar
y se fueron.
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