lunes, 22 de abril de 2013



Hasta siempre Anabel. Pequeña historia de una niña


Aquella tarde se presentó en mi despacho una joven. Estaba embarazada. Bajo una terrible depresión, me fue contando como ella no deseaba tener aquel niño, y levantando la voz me pedía un abortivo.

Todas las razones que le daba eran inútiles. No quería tener a su hijo.
Entonces, en uno de esos arrebatos que a veces pasan por mi mente le dije.
-¿Por  qué? ¿Cuál es el motivo porque no lo quieres? ¿sabe tu esposo que quieres abortar? ¡De inmediato me explicas las causas!

-Bajando un poco la voz me dijo.
-Odio a mi marido. Pedí la separación, e hice constar que no estoy embarazada. De esa manera no podrá reclamarlo.  No quiero que nazca mi hijo. Dame un abortivo.No quiero nada que lo imite

-Muy bien. Dentro de un mes tendrás a tu hijo. Me lo quedo yo.
Ya no me acordaba del incidente cuando una noche suena el teléfono. Me levanto malhumorado y pregunto
-¿Quién es? ¿Qué desea?
-Hace un mes tuve a mi hija. Puedes pasar a recogerla. Lo has prometido.
-Mañana te iré a visitar a las diez

Llamé a mi hermana y le expliqué. Ella me dijo: No te preocupes. La traemos, la criamos, y cuando quiera que venga a recogerla. Es de ella. Pero a la niña nada le faltará

Desde ese momento esa niña formó parte de nuestra familia. Una pequeña alegre, cariñosa, muy inteligente. A veces su madre venia a visitarla, pero siempre se iba diciendo “Con ustedes está muy bien”. Ni siguiera un beso ni una caricia.

Tenía año y medio cuando ya hablaba bastante bien, corría de un lado a otro. Toda la casa era de ella. Todo lo quería tocar, todo lo que tocaba era objeto de juguete, por ejemplo mi armónica.
Todo se lo permitía, menos tocarle a mi vieja armónica. Esa armónica me la había regalado una persona que yo quería mucho, y además me agrada tocar la armónica cuando estoy aburrido.

Cuando la pequeña Anabel oía sus sones, aparecía en mi despacho, salida de no se sabe donde, para que le dejase soplar solo una vez. Y siempre lo conseguía.
Ya tenía tres años. Sus amiguitos eran muchos. De todas partes venían a estar en el jardín junto a ella. En los columpios, en los toboganes, haciendo piruetas, jugando al escondite… Luego, cansada invitaba a sus amiguitos a subir a mi despacho porque les decía que yo era su papá. Llegaban, comenzaban a tocarlo todo, mientras a mi me entraba un siniestro sudor por la espalda y terminaba echándolos a todos al jardín.

Pero antes debía dejarle soplar una vez la armónica. Con eso era suficiente.
Un añito más. El día de su cumpleaños le pregunté que quería que le regalase. Y me dice:
-Verdad que los papis dan a sus niñas todo lo que ellas les pidan?
-Claro que si
-Entonces regálame tu armónica.
-No, eso no. Primero porque sabes quien es tu papi, lo conoces. Y nunca te regala nada.
-Yo quiero que lo seas tú
-Suponiendo eso tampoco te regalo mi armónica. Pero te compro otra igual.
-Que no. Que quiero la tuya. Y sino me pongo así (lo decía cruzando los brazos y poniendo cara de enfadada)
-Bueno, pues te pones así. Y yo también. Vamos a ver quien aguanta mas tiempo así.
-¿Por qué tiene que ser otra filarmónica y no la tuya?
-¿Y porque tiene que ser la mía y no otra?

Luego se acerca, me da un beso y me dice.
-Está bien, pero dame un beso, muy fuerte, muy fuerte. Y ya no me des la filarmónica, pero déjame soplar un ratito

-Estaba a punto de cumplir los cinco años. Siempre que podía se acercaba a mi despacho y soplando la filarmónica se iba diciendo
-Hala, ya está!

Cuando yo estaba agotado por mi trabajo, o triste por algo, se acercaba, se sentaba en mis rodillas y acariciándome las barbas me decía
-No estés triste. Estoy yo aquí.
-Venga. Sopla un poco la filarmónica y vete a jugar al jardín.

 Ya habían pasado unos años Era un precioso día de primavera. Los amiguitos se iban de excursión a la vecina montaña. Sube precipitadamente y me dice
-¿Me dejas ir con ellos? Te prometo ser muy buena, muy buena, tanto como la Beti (la gatita).
-¿Quién os lleva?
-Vamos con la mamá y el papá de Leonor.
-No, pequeña. No te dejo ir. No me fío de ellos. Él es un …bueno…bebe algo, y claro…No vas a ir
-¿Y si me enfado?
-Me da igual. No vas a ir. Si quieres vamos con los niños de la tía (mi hermana) y con la tía que van a  Comarrugas
-Entonces voy a decírselo a mis amiguitos

Y subimos la colina, mientras los niños jugaban alegres. A la hora de comer nos sentamos en la hierba y comimos nuestra comidita. De pronto Anabel comienza a llorar y gritar
-Que tienes, pequeña? ¿Qué te sucede?
-Esa serpiente me mordió

Pude ver al reptil arrastrándose muy cerca. Me di cuenta que era una víbora de los peores áspides. La tomo en brazos y la llevo al hospital.
El veneno había hecho efecto. No era posible hacer nada. Lívida se moría Entonces abriendo un poco los ojos me miró y me dijo:
-Papi, en tu bolsillo está nuestra armónica. ¿Me dejas tocarla?
Saqué la armónica y se la di. Comenzó a tocar, pero su aliento era imperceptible….
Soltó la armónica, y balbuceando sus últimas palabras me dijo
-Papi…
Al tiempo que alargaba sus bracitos hacia mi.
Me abrazó con las pocas fuerzas que le quedaban, y después de unos minutos dejó caer su hermoso cuerpo sobre la almohada….Había muerto…..

Yo me la quedé mirando…Tome la Armónica y en un movimiento involuntario se la llevé a sus labios….
Mi hermana me separó del lecho, mientras le arreglaba las hermosas trenzas de su cabellera.
Después….después en mi habitación coloqué la armónica, y siempre la miro antes de acostarme. Pienso que tal vez Anabel, desde el cielo arranque sones más bellos a otra armónica mas linda, y depaso piense en mí.

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