ASCENSION DE JESUS
Ya han pasado muchos
días desde que Jesús resucitó. Él había
dicho a sus amigos que subiría al cielo.
A penas la aurora en
el oriente va bruñendo de luz este nuevo día cuando Jesús está paseando con su
Madre cerca de la colina del Getsemaní.
El sol asoma en el
horizonte. Se oye la voz de los Apóstoles que van hacia la colina. Jesús besa a
su Madre. Es el beso del último día que estará en este mundo. Maria
llora, porque una despedida siempre es triste. Abraza a su Hijo y también lo
besa. Luego se arrodilla a sus pies y Él
le da la bendición.
La gente está
arremolinada por todas partes, Son cientos y miles.
Los caminos entre Betania y Jerusalén están
llenos de gente. Las colinas del Getsemaní es un hervidero de personas,
mujeres, hombres, niños…Todos saben que Jesús ha anunciado su ida al cielo.
Todos creen en Él, porque sus hechos y sus milagros son propios de Dios, todos
quieren verlo subir a su gloria.
Se va el Amigo bueno
que siempre los ha amado. Se va el que se compadecía del pecador, del enfermo,
del que acudía a Él ; se va el que siempre perdonaba y consolaba Ya no lo
volverán a ver. Muchos lo han visto resucitado. Hoy pueden verlo todos los que
quieran acercarse. Nadie quiere dejar de verlo. Todos van y vienen para poderlo
contemplar.
Maria acompaña a Jesús
hasta la casita del Molino. Luego se retira y se va con las otras parientes y
amigas. Ahora Jesús dice a sus Apóstoles.
-Venid, una vez más
quiero compartir el pan con vosotros.
Sobre la mesa hay pan,
aceitunas, una jarrita de vino y otra de agua. Jesús ofrece y distribuye.
Acaban de comer. Jesús abre las manos y con un gesto habitual en Él dice.
-Ved pues que ha
llegado el momento de dejaros para regresar a mi Padre y vuestro. Preparaos
para la venida del Espiritu Santo, que os será necesario para vuestra misión...
Cuando os persigan dejad esta ciudad, e iros a otra parte, porque mi iglesia no
debe perecer... Os aseguro que ni siquiera el infierno podrá vencerla. Pero no
tentéis al cielo esperándolo todo.
Ahora mi iglesia es solo un germen, pero
cuando llegue el tiempo crecerá y se extenderá por toda la tierra. Esto
sucederá después. El Espíritu de Dios os guiará y sabréis lo que tengáis que
hacer...
Tratad de ser puros
como conviene a todos los que se acercan al altar de Dios. Los planes del Señor
son sublimes, y para recibirlos es necesario prepararse con una voluntad
heroica.
Sumergíos en el abismo de la contemplación. El
Reino de Dios es el amor. Debéis tener siempre en vosotros el puro amor de
Dios. Sed Templos del Espiritu Santo para que habite en vosotros. Predicad el
Evangelio a toda criatura, enseñando todo lo que os he dicho.
Yo estaré con vosotros todos los días hasta el
fin de los tiempos. Estad. tranquilos sabiendo que Yo estaré pronto a ayudaros
a llevar vuestra cruz.
Cuando os vean torturados, necesitados
enfermos os dirán :¿“así os ama vuestro Dios”? Vosotros contestadles: “ El
dolor no procede de Dios. Lo permite para nuestro bien. La muerte y el dolor
entraron en el mundo por envidia del demonio.
Yo seré vuestra
recompensa inimaginable. Pedid ayuda y se os dará.
Un poco retiradas
están su Madre y Maria de Cleofás. No se atreven a acercarse por la majestad
que despide. Jesús las llama y ellas se acercan.
Jesús bendice, bendice
a las gentes, a los árboles..y su voz se va esparciendo cual olas sublimes por
el inmenso mar de cabezas que están por la colina y los caminos..
Jesús está de pies
sobre una piedra que sobresale de entre la verde hierba. El sol que brilla en
su cenit al caer ahora sobre Jesús hace resplandecer sus vestiduras, sus ojos
azules miran aquel mar de gente, su manto ondea con brisa que sopla.
Abre sus brazos en
señal de abrazo. Parece como si quisiera abrazar a esa enorme masa de gente,
como si quisiera abrazar a todas las gentes de todo el mundo y de todos los
tiempos. Con una voz que no puede jamás olvidarse da su última orden:
-“Id, id en mi nombre
a evangelizar los pueblos de todo el mundo. Dios estará con vosotros. Su amor
os consolará, su luz os guará, su paz estará en vosotros hasta la vida eterna.
Ahora se transforma en
hermosura. Bello, mucho más bello que en el Tabor. Todos caen de rodillas
adorándolo. Aquella inmensa multitud de gente está ahora en silencio delante de
su Dios en adoración al Hijo de Dios. Se va elevando de la tierra. Todos clavan
en Él su mirada. Jesús busca el rostro de su Madre, y la sonrisa que le brinda
es tal que no se puede imaginar. Fue su adiós postrero a su Madre. Sube, sube
bendiciendo, lleno de hermosura, auroleado de bellísima y desconocida luz. Ni
una nube en el azul infinito. El sol puede besar tanta belleza, porque ahora
Jesús es un mar de luz
Su cuerpo santísimo va
al cielo. Es el primer cuerpo que entra en la gloria. Aun se pueden ver sus
llagas resplandeciendo cual rubíes. Son como las cicatrices que muestra con
orgullo, cual soldado que las recibe en su batalla para convertirlas en su
gloria. Otra luz que baja del cielo en busca de la que sube de la tierra. Y
Jesucristo, el Hijo de Dios desaparece
de la mirada de los hombres en este océano de resplandor.
Una voz sale del
profundo silencio, que dice ¡¡Jesús!! Es su Madre cual despedida maternal.
Todos están mudos en
medio de un solemne silencio mirando al cielo. Nadie habla, nadie aparta su
vista del cielo.
Dos figuras envueltas
en luz bajan, se posan muy cerca de este lugar, y con voz potente que todos
pueden oír dice:
-
Varones de
galilea, y vosotros aquí reunidos ¿Que hacéis mirando al cielo? Este Jesús que
habéis visto subir a su gloria volverá un día con esta misma majestad a juzgar
a vivos y muertos... Ahora podéis iros a vuestros hogares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario