A MIS QUERIDOS AMIGOS, LOS DE SIEMPRE. En la
despedida del Colegio
Hoy llega por fin el momento de despedirnos.
Algunos de vosotros continuaréis aún aquí,
entre estas paredes que a veces se nos antojaban los muros de una prisión, y a
veces los tutelares abrazos que nos unían a todos días tras días. Estos
tutelares muros que nos abrazaban a todos como hermanos.
Las noches llenas de bellos luceros bajo los cuales soñábamos futuros
maravillosos, más allá de lo conocido, recostados en el muro del campus
sapiens. Las noches de clara luna que cuando niños veíamos un camino débil de luz, de nuestros ojos hasta su claror, y
que el Director debía imponernos silencio para dejar dormir a quienes no querían
abismarse en la inocente búsqueda de los selenitas. Los bellos amaneceres,
cuando los árboles del Patio Mayor dejaban jugar sus sombras sobre nuestras
cabezas de niños, mientras el arroyo bailarín repetía siempre con dulces
cadencias su eterno sonar.
Todo llega a su fin. Cursos tras cursos,
evaluaciones tras evaluaciones, nervios que se apoderaban de nosotros esperando
las ansiadas notas. Juegos donde nos enfadábamos por un gol que había sido una
mano de Matías o un fuera de juego de Dany.
Las amonestaciones de Juan Carlos, cuando con
mucha sensatez nos ayudaba a resolver aquellos problemas de dos mujeres que
iban a la plaza a comprar, y que una perdía el dinero, mendigando luego a cada transeúnte
unos céntimos, y había que saber cuantos transeúntes habían pasado, que nunca
podíamos averiguar para que el profesor quería saber esas cosas que nada le interesaban...
Ahora pasaron los años y nos separamos.
Tal vez en alguna ocasión nos volvamos a encontrar en algún cruce de la
vida.
Estas aulas continuarán llenándose de nuevas
personas, de nuevas esperanzas y también de nuevas decepciones. Pero seguirán.
Esta tarde de calor, víspera de San Juan, 23
de junio de 2010, esta tarde amigos, compañeros de travesuras, infatigables y
caritativos algunos en ayudarnos a ser futuros hombres del mañana, nos vamos a
separar.
Esta
noche va a ser la última para muchos de nosotros en que ya no podremos estar a
vuestro lado en el comedor para animaros a comer, que no podremos estar a
vuestro lado en vuestras horas de depresiva decepción para deciros que la vida
continúa, que si alguno se va otros llegan.Va a ser para muchos el despedirnos
de las palabras de ánimo de esas elocuentes adolescentes, muchachitos, dispuestos
siempre a sacar un pañuelo de sus bolsos para enjugar una lágrima dolorosa que
la ausencia de un cariño nos dejaba diciendo: Ya no te quiero.
Pero repito que la vida tiene muchos caminos,
y no todo acaba con la despedida de una Universidad o de un colegio . Aunque
debemos confesar que todos tenemos miedo.
* Miedo a no encontrar personas de una belleza
espiritual como la vuestra, de introducirnos en una sociedad donde no nos
comprendan, o tal vez miedo a confundir una risa irrisoria por una aprobación a
nuestras acciones*.
Mi agradecimiento personal y en nombre de los
que nos vamos a Fulgencio, el gran capitán del equipo de balón cesto, también
a Abencio, el que siempre tenía en sus
labios una bonita sonrisa que al instante cambiaba en una reprimenda cuando nos
peleábamos. Tal vez es lo que tengan que
hacer los directores... No olvido a Pedro, nuestro Perico, el que siempre
estaba pronto con una palabra de consuelo, al igual que Sergio y Jorge. Albert,
sabes que también a ti te llevo y creo que te llevamos en lo más profundo de
nuestro corazón.
No podremos olvidar esa palabra tan tuya,
cuando desafiándonos salíamos al campo a darnos unas bofetadas amparados por la
luz de la luna: " ¡que tonterías. ¿Y por un paseo en barco os vais a
pelear?! Ni que os fuera en ello la vida. Venga, a daros la mano y aquí no pasó
nada!
Y tú, Josechu, a quien siempre acudíamos para
pedirte consejo.
Ahora somos nosotros los que tenemos que hacer
de abogados, de consejeros, de profesores, de albañiles, de zapateros de
árbitros en los campos de la vida, cuyos estadios infinitos abarcan a toda la
humanidad...
Adiós a todos. También a mis profesores que
supieron soportarnos en nuestras incomprensiones, que tuvieron la fuerza de
aguantarnos en nuestras adolescentes quimeras, y sobre todo que han sabido
hacer de nosotros, seres inconscientes, hombres de provecho.
Tantas gotas salobres que han acibarado las
legítimas alegrías de vuestro ministerio.
Gracias... Gracias compañeras por vuestra
sincera amistad. Gracias amigos por vuestra camaradería, gracias profesores por
la luz que habéis derramado en nuestra inteligencia.
No lloréis. Hoy toca a nosotros entonar esta
despedida. Dentro de un año seréis otros los que abandonan este lugar para
remontar el vuelo a otros espacios más alto.
Tampoco vosotros, profesores, no limpiéis con
el dorso de vuestras manos la lágrima que rueda tras los lentes de vuestras
gafas.
Adiós.
Adiós a todos, y sepáis que JavierCrevillent,
que Pedro Santiso, que José Olivares, que Manuel Alonso, que Eduardo Zaplana,
que Quimet Massague, que Pepe...el que le llamamos con cariño Pepe el Zorro, y
que Manu Mejías y el Petit Mariojamás
jamás os vamos a olvidar.
Carlos Javier Creviollente i Bassegoda.
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