martes, 30 de abril de 2013
Voy hablar del CELO APOSTOLICO Y LA CORRECCION que algunas personas buenas tienen por su prójimo.
Es una virtud sublime el celo por las almas, el querer aconsejarlas, el querer que dejen sus defectos, o incluso tratándose de pecados capitales, como la SOBERBIA también la envidia.
Es bueno el apostolado. Pero ¡OJO! Porque en esta materia hasta los santos cometen equivocaciones.
El celo apostólico muchas veces se confunde con el FALSO CELO, que es imprudente, presumido e injusto, además áspero...
Veamos cuando pecamos de falso celo en reprender a otros.
El CELO IMPRUDENTE raramente saca las espinas, sino que las hinca más y MÁS, con el pretexto de corregir a otros. Y así hacen más dolorosa la llaga, llegando en algunas ocasiones a incomodarse y ofender.
Solamente se ha de corregir cuando estés seguro que vas a sacar más fruto que si te estuvieses callado. Si lo dudas, calla, que alguna ocasión tendrás.
Si el remedio que quieres poner no es prudente, solo habrás sembrado frutos espinosos, que cuesta más arrancarlos, por ejemplo enemistades.
El celo ha de comenzar por nosotros mismos. No puedes decir a otro que sea humilde cuando tu soberbia te lleva a hacer una áspera CORRECCIÓN. En esto de corregir siempre ha de brillar la prudencia, sin hacerle ver al otro que su comportamiento hiere.
El que quiera corregir con celo apostólico ha de estar libre de toda culpa. No puedes decir al hermano “Me desagrada lo que has hecho, o dicho o escrito” cuando hay en ti un gramo, una gota de deseo de acallarlo o un juzgarlo por una acción, una palabra o un escrito. Porque si así lo haces, sin fundamente bastante estás cayendo en el error que quieres corregir.
En eta materia hay que obrar con toda la prudencia y con amor superior al de un hermano.
Otros también quisieran que los demás se conformaran con hacer lo que hace él, por ejemplo dar limosna, atender enfermos, hablar con menos elocuencia… Querer que otros hagas las prácticas de piedad que tú haces, por ejemplo estar meditando ante el Santísimo, o haciendo oraciones…
Es una equivocación creerse uno superior en las virtudes y tratar que otros lo imiten.
Marta y María, la una se dedicaba a las labores de casa, la otra a contemplar y escuchar al Señor. Tan bueno es una cosa como otra, porque todo es necesario. Tan bueno es escribir bien como leer. Tan bueno es predicar elocuentemente como escuchar. Tan bueno es comer como ayunar. Es la intención con que se hacen las cosas. Y la intención nadie puede juzgarla. Quien juzga una intención de otra persona está cayendo en la tentación de hacer juicios temerarios, buenos o malos pero temerarios.
Tan malo es decir de un difunto que era un santo, y no necesita de nuestras oraciones, como decir que era un pecador y de seguro estará en el purgatorio. ¿Y por qué es así? Porque al que tildas de bueno le privas de tus oraciones, y al que tildas de malo lo estás juzgando temerariamente, porque no es el hecho, sino la intención con que se hizo.
Siga cada uno el impulso que recibe de lo alto. El ojo no debe envidiar al brazo, ni la mano a los pies, porque cada uno tiene su lugar en el cuerpo. Así nosotros cada uno tiene su lugar donde siente la inspiración.
El corregir a otros, directa o indirectamente siempre implica soberbia.
El escribir y hablar o dar limosna…limosna de amistad o de pan, eso es una gran virtud, porque no juzgamos lo que el otro hace, sino que damos ejemplo con nuestras buenas acciones.
Otra cosa: Tampoco nos debemos meter en hacer aquello que no es compatible con lo que nosotros somos. Por ejemplo si es incompatible con nuestros deberes.
En los Colegios Católicos de órdenes religiosas enseñan a no quejarse del cocinero que ha hecho una comida que te desagrada. Detrás de ese plato de comida hay tal vez decenas de cosas que obligaron al cocinero a hacerlo así.
Cuando una cosa no agrada lo mejor es dejarla. Otro la tomará.
Cuando tengas que corregir a tu hermano, primero busca el momento oportuno. Luego mira a ver que la acción sea mala. Después corrígelo con caridad.
Si no te hace caso vuélvelo a corregir con más caridad, Y si no te hace caso entonces deja el caso en manos de quien sepa y pueda hacerlo mejor que tú.
Ten en cuenta tus condiciones: Integridad de costumbres. Honestidad de fin. Cautela de trato.
Y eso lo mismo con amigos y enemigos, lo mismo con hombres o mujeres, porque dios no ha puesto en contra los hombres y las mujeres. A la hora de corregir todos somos hermanos. Entonces debes tener en cuenta que aquel que vas a corregís tal vez es mucho mejor que tú. Por eso necesitas también la delicadeza. No vaya a ser que por falta de delicadeza y prudencia ahondes más la herida.
Cada cual es lo que es delante de Dios. Y nosotros no tenemos en la mano la balanza para sopesar si sus obras son mejores o peores.
En caso de duda deja el juicio a quien nunca se equivoca. Aquel que mucho corrige a los demás es porque necesita ser corregido.
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