DIALOGO PREMATRIMONIAL
Vosotros vais a formar vuestra pareja. La
pareja, como sabéis, es la suma de tres elementos básicos: La mujer, el hombre
y la pareja convivencia. Y esto está en constante evolución.
Sois, pues muy diferentes. Y os vais a
unir en un solo ser. Es decir, que el
uno tiene que buscar la felicidad del otro. Y esto no es fácil.
Es necesario tener en cuenta siempre al otro.
Si no es así no os vais a identificar.
El uno con el otro debe tener una
transparencia absoluta..
En la
pareja hay muchas cosas pequeñas, negativas, que poco a poco van minando la
felicidad. Por eso debéis saber escucharos y perdonaros mutuamente. Los casados
se vuelven más exigentes y posesivos. Esto a veces contribuye a los celos. Y
los celos es algo muy malo. Es lo más negativo del matrimonio, y la causa de
muchas desavenencias.
.
Es necesario aprender a dialogar. Es necesario
que os escuchéis, es necesario que exterioricéis vuestro amor, y que el amaros
sea cada vez un modo en vuestra vida.
¿Conflictos?. Nunca os faltarán. Pero hay que
saber callar a tiempo, y si uno se enfada, con razón o sin ella, el otro debe
permanecer en la paz, para luego poder trasmitirla, y volver hacer las paces..
Los conflictos se ponen sobre la mesa, se comparten entre los dos, como otras muchas
cosas que hay que compartir.
Amor no es esa emotividad que siente el uno
por el otro. Eso sería bueno, pero no depende de nosotros. Amar es estar el uno
al servicio del otro en todas sus necesidades. A veces con una palabra de
consuelo, con un abrazo, un beso, una caricia, un disimular una riña…
.
Nada hay de malo en la mujer, ni en su sexualidad. Nada hay de malo en el
hombre ni en su sexualidad. Antiguamente se veía a la mujer como una excitación
al pecado carnal. Y eso es un error.
Tanto el hombre como la mujer están llamados a
vivir su sexualidad en el amor a Dios, a su pareja y a sus hijos.
Veamos ahora como se debe vivir la sexualidad
en la pareja
Tanto la mujer como el marido deben vivir su
afectividad sexual y sensitiva dentro del matrimonio con un amor fecundo y
recíproco. Uno es el complemento del otro. Y esto está querido por Dios entre
el marido y la mujer. Es, por decirlo de otra manera, el, premio, el incentivo,
la cooperación para que el espíritu y el cuerpo se regocijen dentro de ese amor
conyugal, abierto siempre a una nueva vida.
No deja de ser la sexualidad en el matrimonio
el, lenguaje del amor. Ese amor que, además de familiar, es social y humano. Es
Social, en cuanto toda la población mundial gira alrededor del amor, de la célula
de amor entre el marido y la esposa.
La sexualidad marca el amor de la pareja en su
globalidad. Esto no significa que no se pueda amar sin sentir pasión por el
sexo. ¡Claro que sí!. Lo que quiero decir es que uno debe pensar en la
satisfacción del otro, y a veces la satisfacción del otro es algo muy superior
al sexo. Debéis saber comprenderos siempre. Y que esto no sea causa de malos
entendidos.
Sucede que a veces no se siente esa necesidad
por parte de uno de los dos. Y es entonces cuando el otro debe saber
comprender, y no pensar que el motivo es la falta del amor.
El amor sexual de lo cual os he hablado es
algo muy bueno, y también esa atracción entre vosotros. Pero es más sublime,
más firme y verdadero otro amor que sale del alma, y que se ama solamente con
el espíritu.
No obstante, al no pensar siempre de la misma
manera, se impone el diálogo, la comprensión y un amor más fuerte, mas abierto.
Es el quererse el uno hacia el otro por ser quien es, respetando su feminidad y
su masculinidad.
Los casados que se dan, que se reciben en
todos los ámbitos de la vida, y también en lo sexual viven el amor evangélico.
Es decir, el amor querido por Dios.
El amor de la pareja, su entrega y donación,
está llamada a abrirse a una nueva vida.
Es decir, a los hijos. Ellos son el fruto natural del matrimonio al igual que la
fruta es la finalidad de un árbol.
Es necesario promover el amor y el respeto a
una nueva vida. La misión procreadora del matrimonio conlleva una grandeza
inmensa, un gozar de la fecundidad, y una dignidad humana que nada le puede
igualar. Es cooperar con el mismo Dios para poblar el cielo de criaturas que
vivan en una eterna e inmensa felicidad.
Vuestros
hijos, serán pronto los jóvenes del
mañana, los que tengan que asistirnos en todas nuestras necesidades, y
poseedores de un amor inmenso como ahora os profesáis vosotros.
Os casáis
para ser padres. Ser padres conlleva la noble y pesada
carga de una responsabilidad. Debéis educar a los hijos que os sean confiados
por Dios. Debéis darles una básica educación, esa educación que ellos puedan
asimilar ya desde muy pequeños. Es decir, que crezcan arrullados en vuestro
amor. Para eso es necesario que en vuestro hogar y haya paz, tranquilidad, amor
y lo necesario para las limitaciones humanas. Es decir, trabajo digno y
responsabilidad subjetiva en él.
El primer hijo hace resplandecer el hogar, lo
hace mas digno, os eleva a padres. Pero viene después el segundo, el tercero y
tal vez más. Entonces comenzáis a plantearos el dilema de lo que hacer ante un
hijo no deseado.
La paternidad ha de ser responsable.. No se
deben traer hijos sin una responsabilidad.
.
Para retrasar la llegada de otro hijo hay
medios naturales. Esos medios son eficaces si los sabéis usar. Se basa en la
abstinencia durante una semana aproximadamente, que esto es bueno para la
pareja y para la salud.
A veces esto trae conflictos, por una parte la
necesidad de evitar otro hijo, `por otra parte la necesidad de la intimidad
matrimonial./
Es por eso que os digo que echéis mano a los
medios naturales para evitar los hijos que en ciertos momentos no se desean, o
porque no se puede económicamente, o porque existe alguna enfermedad
Pero a veces sucede que el médico predice que
el niño que va a nacer va a ser un desminuido físico o síquico. Y parece que lo
primero que se plantea es un aborto.
Yo, por mi parte, no os aconsejo esto. Mejor
es que dialoguéis entre la pareja, y se busque la manera de aceptar esa nueva
vida.. Toda vida humana tiene un carácter sagrado, que no pertenece al hombre
interrumpirla, sino aceptarla.
Luego a los hijos tenéis que acogerlos tal
como son, con sus inclinaciones buenas o malas. A vosotros competa la total
autoridad de educar a vuestros hijos. Sois vosotros los responsables de esa
educación. Sois la célula social. Nadie puede imponeros una educación a la que
vosotros no deseáis aceptar. Ningún GOBIERNO del mundo puede ponerse en lugar
de los padres.
Pero para eso es necesario que primero seáis
educados vosotros. Que tengáis una formación social sicológica, moral, ética y
religiosa, porque vosotros, al igual que vuestros hijos, no sois solo carne,
sino que sois espíritu, sois almas, cuyo fin inmediato, al dejar la vida, es la
felicidad plena en la bienaventuranza eterna.
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