lunes, 29 de diciembre de 2014

CARTA ABIERTA AL PAPA FRANCISCO Mi muy estimado Papa Francisco. Soy un miembro de la Iglesia de Barcelona, por lo tanto catalán con los catalanes. Y por conocer demasiado el sentir de los sacerdotes catalanes en su mayoría, por comprender que desde hace muchos años están tomando los mejores puestos en la Iglesia aquellos que tienen apellidos catalanes, o son oriundos de varias generaciones de Barcelona, por eso puedo opinar en esta cuestión. Desde siempre hemos entendido que la Iglesia es Católica. Católica para todo y en todo. Y esto por encima del parecer de cualquier idolología. Sé que muchos Obispos han ido en su visita a estar con usted. Sé que piensan que el Papa Francisco es vulnerable en esto de dejar las cosas como están, sin cortar esa praxis que de seguro no agrada a Dios ni a más de la mitad de los catalanes que son venidos de otros pueblos de España ay de otros lugares. El elegir Obispos Catalanes. Por eso desde mi humilde posición de seglar le suplico que usted haga todo lo posible por cortar esa tendencia de que un obispo catalán debe ser catalán. Le voy a decir algo: Cuando por una casualidad eligieron como Obispo a Guerra Campos, este sacerdote no era catalán. Y en su discurso de bienvenida dijo: -Sé que me aplaudís porque es costumbre aplaudir. Pero en el fondo vosotros, clero catalán, no quiere no queréis que sea yo vuestro obispo. Estoy aquí porque me lo manda la obediencia, pero no por vuestra voluntad…. Este obispo poco después se fue a Toledo. Y que conste que ha sido un santo que pasó por Barcelona. Otro que ha sido recibido como Obispo con mucha polémica, ha sido Mosén Ángel que es ahora Obispo de Tarrasa, pero no es catalán. Eso no les agradó a los otros obispos de Catalunya. Pero por encima de todo Mosén Ángel Sainz es uno de los mejores Obispos de toda Catalunya, y su seminario se llena de vocaciones, mientras en los otros seminarios están como un rio sin agua. Santo Padre: Esa tendencia de que en Cataluña sean obispos los hijos de Cataluña debe terminarse. Hay que procurar que la Iglesia Católica sea Católica desde sus obispos hasta el último de los seglares. También Roma tenía el grave defecto de elegir como Papa a un sacerdote romano. Y cuando eligieron a Juan Pablo primero, el Papa de la Sonrisa, un hombre sano y lleno de vida, al poco tiempo Dios se lo llevó a las Alegrías celestiales. Entonces, y solo entonces el Conclave vio en esto tal vez un deseo de Dios de que la Iglesia en su Pontífice debiera abrirse a otros lugares que no fueran Roma. Y desde entonces tuvimos tres Papas que no son romanos y son ejemplarísimos. El último es usted, Pero Cataluña cree que usted pone como primordial el contentar a todos. Tal vez, piensan que por eso el sucesor de Martínez Sistach va a ser otro catalán. Usted va hacer lo que su conciencia le inspire. Pero Barcelona está llena de separatismo. Aunque mi familia es catalana, le ruego no haga caso a ese deseo, y que entiendan de una vez que la Iglesia no es Catalana, sino Católica, donde se deba elegir Papa de cualquier lugar del mundo y Obispos a cualquier sacerdote que predique con la santidad. Es necesario que vea y sepa algunos casos: En la Catedral, en la Capilla de Lepanto, a la entrada, había un confesonario. Allí un sacerdote confesando. Como había mucha gente se levantaba a cada vez que confesaba a uno y decía: Los catalanes a un lado, y los de habla castellana al otro lado. Y eso, mi estimado Papa, está muy mal, porque es cooperar al catalanismo separatista. Piense que en un lugar muy cerca de Barcelona, hay un pueblo llamado Montcada i Reixac, Es un pueblo donde hubo siempre cinco o más sacerdotes por la cantidad de personas. En la actualidad solo hay un sacerdote que ni siquiera viene a dormir a la Parroquia, sino que duerme allá en Barcelona, y por las noches no hay sacerdote para urgencias. Pero a veces viene alaguno de Sudamérica. Y no sé por qué (sí, lo sé, porque sé sus quejas) y dura un mes o dos, luego se va, pero no a otra parroquia sino a Sudamérica. Esto es causa del catalanismo. Es escándalo por parte de una región que pretende separarse de España yendo como un barco a la deriva. Podría decir que en Cataluña hay la Ley del Hereu. Donde deben casarse entre catalanes para que siga “La Pubilla y el Hereu” Bueno. Quisiera que esta carta abierta pudiese usted leerla antes de dar gusto a la representación de Obispos de Cataluña que pronto tendrán que dejar su puesto a otro. Gracias, Piterpui@hotmail.com.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Aviso a todos. Cuando me etiquetéis pegad bien la etiqueta. Ya estoy harto de ir a parar al almacen de Objetos Perdidos.VISITANDO UN NOVICIADO PASIONISTA: SOLO EN LA IMAGINACION: Aquella tarde se acercó mi hermano, y contemplando el amplio valle me dice: -¿Ves tantos árboles cargados de verdor? ¿Ves que hermosos son? Pues si subimos al alto de este que tenemos aquí aun se verá más y más allá. Todo es belleza por todas partes. Todo es vida, y en esta vida late el Amor de Dios. Cada planta, cada persona, cada avecilla del cielo es un reflejo del Amor de Dios. -¿Y a ti quien te enseña todas esas cosas? Es muy hermoso lo que dices. -Toda palabra que diga la verdad es hermosa, porque todo procede de la prístina belleza de Dios. No hay nada en el orden de Dios en su creación que carezca de un por qué, de un `pensamiento de Dios. Por eso también es hermoso hablar siempre de las maravillas de Dios. -¿Podrías invitarme al Noviciado de los Pasionistas de Angosto donde ahora tú estás? Me agradaría sentir tan bellas cosas que tú sabes y yo no. -Espero. Voy a intentarlo. Mientras yo hablo con el Maestro de Novicios, tú baja al valle y espérame junto a la fuente aquella que mana de las rocas. Bajé y esperé. Alegre y a prisa viene Juan, mi hermano, y me dice: -Mañana muy de mañana estaremos subiendo al tren hacia el Noviciado. Ya no hay ningún inconveniente. Pero solo puedes estar un mes con nosotros y como invitado. -Oh, qué alegría. Un mes en el noviciado. -Y ahora , en esta tarde plácida de primavera, antes de que el ocaso caiga sobre las flores vamos a recoger las más hermosas flores de la pradera para nuestra madre, que durante un mes tendrá que quedarse solita. -¿No podemos llevarla con nosotros? -No. Es un noviciado masculino. Además ella tiene que atender a los criados. Solo tú vendrás conmigo. Aquella noche me fui temprano a mi habitación. Dejé las ventanas abiertas, porque me agarrada ver las estrellas. Son muchas las estrellas, cuando por la noche se cubre la tierra con sus manto negro, y despiertan a allá en los campos siderales, como vigías, que están vigilándonos por todas partes. Su luz hace más bella la noche, y el pensamiento va desde las ovejas y los amigos hasta Dios. Desde los campos cubiertos de hierbas y flores hasta el Creador. Cuando la aurora, cual perla bruñida de nácar, comenzaba a lanzar sus bellos destellos sobre los campos y las montañas, ya estábamos nosotros sobre nuestras bicis camino de la capital, que luego dejaríamos en casa de nuestros primos, mientras no regresábamos. El tren, parado en la estación echaba grandes bufidos de humo y vapor esperando las órdenes del maquinista para ponerse en marcha. Cruzar España en un tren antiguo, cuando uno puede asomarse a la ventanilla es hermoso. Todo el día en tren. Ya al media día siguiente llegamos a Vitoria, y desde allí subimos a un autobús que nos llevó hasta las puertas del Noviciado de Angosto. Atravesamos en gran portón que da a la huerta. Allí un hortelano cavaba bajo un hermoso sol, del cual se guarecía sentándose un rato junto a la fuente, bajo unos altos árboles. -Ven. Te voy a presentar al Maestro de Novicios. Seguro que tendrás que estar solo. Al menos… -¿Al menos qué? -Pues que quieras probar como es la vida en el Noviciado. Veremos si el Maestro está de acuerdo. Nos saludó muy atentamente, y fijándose en mí me dice: -¿Qué edad tienes? -Quince años. -¿Y qué quieres de mi? ¿Autorización para convivir con los novicios? -Pues sí. -Te asignaré uno. Su nombre es Daniel. Aunque aquí le llamamos Germán. _Si es posible quisiera estar con ustedes un mes. -Eso no depende de mí. Depende de ti. Es lo mismo que si tú le dices a Jesús de Nazaret: ¿Me salvaré? Jesús te constaría: Eso ya solo depende de ti. Si haces el bien te salivarás, si no lo haces no podrás salvarte. Muy agradecido Padre. Procuraré salvarme, digo, portarme bien, a ver si puedo estar un mes. Me asignaron una pequeñita habitación. Una cama cuyo colchón relleno de borra de algodón. Una mesita, sobre la cual había una calavera y un crucifijo. La calavera se la llevaron a otra parte. También había un colgador detrás de la puerta para no dejar la ropa tirada por el suelo. Una asilla vieja, y nada más. Podía hacer todo lo que hacían los novicios o estar de paseo por las dependencias. Opté por hacer lo que hacían los novicios y se lo dije al Padre Maestro. El cual sonriéndose me dijo: -Muy bien hijo, muy bien. Aquí reina el Santo silencio. La cena es a las nueve. No se habla en el refectorio. Tampoco se levanta la vista, pues el recogimiento nos obliga a mirar solo adelante y hacia abajo. Después de cena subimos al coro a dar gracias y rezar el rosario, eso en la Iglesia... A las dos de la madrugada una matraca te despertará, y formaremos todos en el pasillo grande. Luego bajamos al pasillo inferior, y nos daremos unos azotes. ¿Quieres bajar o quedar durmiendo? -Quiero bajar, y que me den una disciplina como aquella que hay ahí. -Ahora te la daré... Luego recitaremos unos salmos y después de una hora volvemos a dormir hasta las siete de la mañana. Entonces las campanas te despertarán, y bajamos a escuchar una misa de preparación para recibir la eucaristía, después la misa de comunión, donde puedes comulgar. Y después la misa de acción de gracias. Ya pasado todo esto bajamos a desayunar. Después vamos al Campo a jugar ala balón o a otros juegos. Y comienzan las clases. -Me parece bien. Ya no es necesario que me explique más. -Entonces estarás con nosotros como postulante, pero no como Novicio. .Muy bien. Gracias. Ahora contaré las experiencias de la vida en una casa de PP. Pasionistas. Casi igual a los Pp. Jesuitas. Me gusta ·

viernes, 19 de diciembre de 2014

Estos días hemos recibido una buena noticia. El cielo ha abierto de par en par sus puertas para que todos los ángeles pudieran bajar a la tierra para decirnos: -Hoy os venimos a atraer una gran noticia. Os ha nacido el Redentor, el Salvador. ¿Quién es eses Salvador? -Es aquel que Dios prometió en el Paraísos Terrenal a Adán y a Eva. Es aquel que lo esperaban en el cielo, en la tierra y en el lugar donde estaban los justos, porque sin haber venido él al mundo nadie podría entrar en el cielo. Y nadie ha entrado. Todos estaban esperándolo. Ya ha llegado. Este Niño es de todos. No pertenece solo a los católicos No pertenece solo a los cristianos No pertenece a una determinada región, o lugar del mundo. Pertenece a negros y blancos, a ricos y pobres A buenos y malos A todos los que han nacido hasta hoy. A todos los que nacerán. Es propiedad de todos Viene al mundo, porque el mundo, con todas las personas habidas y por haber son propiedad de Él. Por él ha sido hecho todo lo creado. Mundo, estrellas, planetas, oceanos y mares, La luz y la noche, el viento y las aves del aire y los animales de la tierra. Todo absolutamente todo ha sido creado para este Niño que acaba de nacer. Él es el dueño absoluto, porque el Creador ha querido hacer ese regalo para su único Hijo. Y el Hijo quiso llamarse el Hijo del hombre. Hoy viene al mundo. Pero ha sido desde siempre. Mucho antes de la creación ya era. Si nos hundimos en la profundidad de los tiempos pasados llegaremos a un infinito insondable, y al encontraremos allí. Porque vivía junto al Padre Dios. Porque era Dios y aun hecho hombre sigue siendo Dios. Vino a lo que era de él, a su propiedad, pero el mundo, las gentes no lo han reconocido. Dios habló y habla de muchas maneras. Y el Verbo es la Palabra de Dios. Jesús es la voz visible del Dios invisible Misterio insondable. Vino para tomar posesión de lo que le pertenecía. Pero aquellos que le pertenecían no quisieron reconocerlo. Y los que siguieron al Verbo tampoco fueron reconocidos. Unos apaleados., otros malherídos, Otros asesinados. Y después la gente se concentró uniendo su mente y sus ideas para asesinarlo. Han asesinado a aquel que vino a salvar. Han asesinado a Aquel que solo vino a hacer el bien entre los Hombres. Y los hombres amaron más las tinieblas que a la Luz. Y la Luz brilló entre las Tinieblas, pero las tinieblas quisieron apagar su luz con la concupiscencia y el pecado. Hoy los ángeles se asomaron a las montañas de Belén, y en coro cantaron: Gloria al que era, es y será. Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres de buena voluntad. Y los ángeles cantaron el hosanna al Rey celestial, mientras el Hombre, desagradecido y soberbio repitió como respuesta a la voz de los ángeles. Nolumus unc regnare super nos. Venís del cielo a darnos la buena noticia de que Dios ha bajado a la tierra. Pero nosotros no queremos que reine sobre nosotros. Imitamos a Herodes. ¡No queremos su Reino Celestial! Queremos las tinieblas, el pecado el odio, y amamos nuestras ideas, aunque torcidas, y mataremos a cualquiera que no piense como nosotros en nombre de otro dios. No queremos a un Dios verdadero. Queremos a nuestros diosecillos de paja. Mientras los ángeles decían a los más pobres de aquellos lugares. “Id y adorarlo” ¿Adorar a un Niño recién nacido? ¿Pero qué idolatría es esta? -NO. NO ES IDOLATRIA, porque ese Niño es el mismo Dios, que hoy toma carne humana. Desde este momento comienza una guerra entre el bien y el mal. El Bien dice: Amaos los unos a los otros.” El mal dice: No os améis. Debéis luchar hasta matar toda luz que venga del cielo. Preferimos las sombras. Hoy el mundo va caminando desde el nacimiento hasta la muerte entre dos caminos. El camino del amor, sacrificio, y perdón, y el otro camino del odio, del rencor y de la envidia. Podemos escoger. Quien haga el bien a los demás se salvará. Quien haga el mal no podrá salvarse. En Niño, es de todos. Por todos ha venido a abrir las puertas del cielo. Quien quiera que pase, quien no que se quede sin entrar. La puerta es el libre albedrio. Por el Libre Albedrio ha dejado Dios en nuestras manos el podernos salvar o condenar. ¿Qué le contestaremos a Dios?-
¡AY, LAS MUJERES! Breve historia de las mujeres en el mundo. Y Dios creó a la mujer. Y se la dio a Adán como compañera. Hasta aquí todo iba bien. Pero veamos que pasó Un día en que Adán estaba allá arriba, cerca de donde se acababa el Paraíso terrenal plantando unas verduras para las ensaladas, de pronto oyó unos gritos que procedían del fondo de los huertos, allá donde se acababa el paraíso por la otra parte: -ADAAANN. ADAAAAN…..Contesta Adán. -¿Qué quieres mujer? ¿Te picó un mosquito? Ya he visto que había muchos ahí al lado del Río Éufrates. -¡Que no, que no es un mosquito. Ven, y ven y ven. -Ah, entonces debió de ser un Tigre. He visto un tigre cerca del Rio Tigris. Así que ya voy. Coge un palo en la mano por si las moscas. -¡Pero Adán, como te puedes inventar esas cosas? Lo que pasa es que estoy hablando con una serpiente y… -¿Cómo vas a estar hablando con una serpiente si aún no se ha inventado la palabra? Bueno, ya voy. Déjame acabar de plantar estas lechugas. -Ni lechugas ni cuernos. Ven pronto que la serpiente tiene prisa. -Voy a prisa…..Uff que carrera. Pero cuéntame ¿Qué es lo que quieres? -Pues nada. Que acabo de enterarme por este sencillo y bendito animal, al que le llamamos “serpiente” que Dios nos quiere engañar. Que debemos de abrir los ojos, y podemos ser como Él. Todo es cuestión de espabilarnos. -¿Pero qué dices Eva? ¿Te has vuelto loca? -¿Loca yo? Mira, Adán, hazme caso, porque si comemos de aquel manzano que Dios nos ha prohibido, seremos igualito igualito que Dios. Y es por eso por lo que nos prohibió comer. ¡Burra de mí que no me di cuenta antes! ¡Menos mal, menos mal que esta sencilla serpiente me lo contó todo, porque ella lo sabe todo. -¡Eva, tú no razonas. Eso que dices es una locura. Estamos aquí porque Dios nos ha dado la vida, y esa serpiente no nos ha dado nada. -Nos dio un consejo. ¡Pobrecita, mira cómo se retuerce porque tú no lo haces caso. Mira. Este es el manzano. Yo voy a comer una manzana. Y verás como no pasa nada malo. Pero nos sucederá mucho bueno. Y Eva ante la mirada atónita de Adán, y la risilla burlesca de la serpiente, se comió una manzana. Adán se quedó mirando para ella por ver si se transformaba en un moustro. Pero Eva seguía siendo igual de guapa, igual de chistosa e igual de holgazana, porque no daba palo al agua en todo el día, solo hacía que pasear paraíso arriba paraíso abajo. Al ver Adán que a su mujer no le sucedía nada malo, entonces comenzó a pensar que tal vez la serpiente tendría razón, y Dios les había engañado. Ya firme en sus creencias de que Dios era un mentiroso, un embustero, un Señor que los quería tener de esclavos…fue entonces que miró a Eva con cierta envidia. Y Eva coge otra manzana, le da un bocado y le dice: -Anda tontaina….Come, come, y mañana apareceremos hechos Dioses. Pero yo seré la Diosa porque gracias a mi nos hemos dado cuenta de que Dios no merece nuestro amor. Desde hoy amaremos a la serpiente. Ella nos aconsejará -¡Claro que sí! Dijo la Serpiente. Desde ahora seréis mis esclavos y os llevaré a mi infierno… ¿Pero qué cosas digo? Es que soy mucho de la broma. Quería decir a mi cielo. En este mismo momento la conciencia brotó como brota el agua de una tubería reventada. Brotó de tal forma que se sintieron desnudos ¿Desnudos de ropas? Nooo. Desnudos de obras buenas, de méritos, de amor a Dios, de todo lo bueno. Se vieron que habían perdido el cielo y a Dios. Y corrieron como locos a esconderse entre las higueras. Pero la voz de Dios los siguió, y les dijo? -Adán, Eva, ¿Qué habéis hecho? ¡Contesta tú, Adán, que para eso eres el hombre de la familia. -Señor, esta mujer que me has dado me ha engañado. Señor ME HA ENGAÑADO. -¿Qué has hecho Eva? ¿Por qué has engañado a tu marido, y has desconfiado de Mí, y en tu corazón me has tratado de mentiroso y dictador? -Señor, esa Serpiente me ha engañado. Entonces Dios volviéndose a la serpiente le dijo: Por prestar tu cuerpo a Satanás serás el animal más despreciado por los siglos de los siglos. Andarás arrastro, y una mujer aplastará tu cabeza. Sí, Satanás, UNA MUJER aplastará todo tu plan. Y tú Eva, se te ha acabado el tener a tus hijos sin dolor., Desde ahora se acaba la promesa y parirás a tus hijos con dolor. ¡Ah!, y además estarás sujeta a tu marido, Así que el cabeza de familia será siempre el hombre. Es tu castigo. Estarás sometida a sus órdenes. Y tú Adán, por haber hecho caso a la mujer, y no a mí, desde hoy la tierra se volverá árida, y nada producirá si no plantas y recolectas. Trabajarás, y mucho, si quieres comer. Tendrás a tu cargo a tu familia. Y sudarás, sudarás mucho para domesticar los animales y hacer producir la tierra. Desde este momento Adán y Eva dejaron de estar beneficiados con un Paraíso de gloria, de felicidad y bienestar. Y la mujer estaría sometida al hombre. Pero si no siguen estas normas todo será un caos, un desorden, y un continuo sufrir guerras, hambre, pestes y miseria. La mujer dejó de obedecer a Dios, y las consecuencias las veremos en otro escrito, pero son tan horrorosas, como que gracias a la mujer el mundo está llegando a su fin.
HAY COSAS RARAS, Me lo contó un taxista amigo. Tengo una casita en Cádiz donde paso los finales de semana y otros días. También por eso conozco a todos los taxistas de Cádiz porque utilizo a menudo sus servicios. Hay en Cádiz un antiguo cementerio que ya no lo utilizan pero allí han sido enterrados cientos de generaciones. Era el Cementerio Municipal de Cádiz, aunque ahora es otro que está en el término municipal de Chiclana. En este cementerio pasan cosas rarísimas. Una noche de lluvia y tormenta en invierno, al pasar al lado de éste cementerio un, hombre, que parecía salir de la puerta del cementerio, para un taxi y le dice si puede llevarlo a Chipiona. Chipiona es el lugar donde nació y vivió Roció la cantante. Se subió el hombre al Taxi y cerró la puerta un tanto bruscamente, por lo que el taxista le dijo que las puertas se cerraban más cuidadosamente. Comenzaron a hablar. Y llevaban una conversación muy animada. El taxista volvió la cabeza y no vio a nadie. Pero sí oía la conversación. Pensando que sería una alucinación, quiso volver. El ocupante le dijo. -¿Por qué da vuelta? Le dije a Chipiona. Lléveme a Chipiona. -Perdone, es que no lo veía. -Pues aquí estoy. / Y al decirlo volvió a verlo, y siguieron/ Al pasar por el descampado donde hay otro cementerio le dice el ocupante. -Espere un momento que se va a subir un amigo. Entonces la puerta de atrás se abre sola, se cierra sola, sin que viese a nadie. Los dos comenzaron a hablar en el asiento de atrás, y el taxista, bastante asustado siguió hasta Chipiona. Solo podía ver a uno, que a veces desaparecía. Llegando a Chipiona se bajaron, invisibles, dejando el dinero en el asiento. El taxista volvió a Cádiz, y no contó nada. Pero desde entonces tenía ataques de pánico. Y dejó el Taxi por unos meses. En este tiempo, otro taxista que pasa por el mismo lugar ve que paran su taxi y se sube un hombre y le dice: -¿Me puede llevar a Chipiona? -Claro que sí, súbase usted. Y al cerrar la puerta desaparece. El Taxista que no lo ve, baja, y de pronto ve que está sentado leyendo un cuaderno de notas. Sigue su recorrido, y al llegar al mismo cementerio que el otro le dice que se va a subir un amigo. También invisible, así los llevó hasta chipiona. De pronto el que va en el asiento hablado con un ser invisible le dice: -Hace unos meses me llevó un taxista llamado Rosas de apellido. Y no lo he vuelto a ver. -Ah, sí. Tiene una depresión o algo así. -Ya lo había pensado. Bien, déjenos aquí. Y el taxista sintió como se abría la puerta y se volvía a cerrar, pero no vio a nadie. Aunque el dinero estaba en el asiento De vuelta pasó por casa del Taxista llamado Rosas y le contó lo sucedido. Y Rosas le dijo: -Exacto lo que me sucedió a mí. Has hecho muy bien en contármelo, pues yo no he dicho nada. Esto me confirma que no tenía yo ninguna alucinación. Desde entonces estos dos taxistas no trabajan por la noche, ni pasan por delante del cementerio de Cádiz, del que se cuentan macabras historias.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un capitulo de mi novela “Recuerdos de España” HOY ESTOY PENSANDO… Hoy es domingo. Se celebra el día de la Sanísima Trinidad, por lo tanto el Día del Amor, ya que la santísima Trinidad es AMOR. No tengo ganas de salir. El teléfono suena a veces en esta tarde de sol español. Un sol que poco a poco se va acercando a su crepúsculo. Pero no lo cojo. Leo en su pantalla: Montenegro….Otra llamada: Aguirre- Luego otra Masané- Y otra Mas i Xarsal… Son mis amigos que deben invitarme a salir. Pero yo hoy no tengo ganas de salir. Quiero pensar, quiero recordar. Las golondrinas vuelan dejando un canto monótono, dando vueltas sobre el jardín, pasando en vuelo raso sobre la fuente que mana clara y sonora en un bello rincón, bajo la tutela de verdes y altos árboles que ahora se mueven en la brisa crepuscular. Entonces me siento cerca del pequeño lago azul donde los peces de colores asoman en espera de que les de unos granitos. Las últimas abejas del día liban de los cálices de las flores para llevar a sus colmenas, que están al otro lado del jardín el dulce néctar que afanosas llevan en sus diminutas patitas. Algunos niños pasan por el sendero por donde tiene su entrada el jardín, y cantando se van hacia el cercano bosque por donde deben pasar para llegar a sus casas. El eco de sus voces se pierde a lo lejos mientras el ronco son de las ondas va y viene hasta mis oídos. Ya en el cielo asoman los primeros luceros, como luciérnagas que se dibujan en el pequeño lago. Yo pienso. Estoy abstraído en mis pensamientos. Unos dulces recuerdos asoman como venidos del profundo de la lejanía. Es el recuerdo de mi primer amor. Aun me parece el estar viéndola desde el mirador del colegio, cuando pasaba con otras adolescentes riéndose con esa alegría que brota de un alma pura. Aun no era mi novia. No me atrevía a charlar con aquel ángel centro de la alegría y de los juegos de su todavía niñez. Y yo ya tenía dieciocho años. Una tarde se acercó, mientras yo contemplaba el ir y venir de tanta gente, algunos de los cuales entraban a hacer una visita al templo de María Inmaculada. También ahora ella, vestida de azul, dejando caer sus largos cabellos rubios sobre su espalda, se acerca y me pregunta: ¿Cómo te llamas? -Carlos Javier. -¿No debías estar hoy en la fiesta? -Debía, pero… Estoy aquí. -¿Sabes si hay algún sacerdote confesando? Es que mi hermanita hace su primera comunión el próximo domingo y deseamos acompañarla. -No sé si hay ningún sacerdote porque se acabaron los oficios. Pero si queréis os envío a algún sacerdote. ¿A cuál preferís? -Al Padre Miguel. -Entonces esperad un poco. Casualmente el Padre Miguel estaba orando en el templo. Y muy amable las atendió. Al salir, le digo a la que admiraba: -¿Y tú tampoco vas a ir esta tarde a la fiesta? En ese momento las campanas desgranaron las nueve de aquella tarde, y sin esperar respuesta me despedí, porque había que bajar al comedor junto con los niños que en aquel colegio tenia a mi cargo. Mientras el crepúsculo silencioso extendió su manto sobre el enorme patio donde jugábamos en los recreos, y la noche iba encendiendo entre sombras las perlas que escondía en la bóveda celestial, pensaba en los bellos ojos de aquella muchachita, de la cual ni siquiera conocía su nombre. Pasaron unos días. Sentado sobre la barandilla del mirador del templo veo que pasa con sus amigas. Bajé las escaleras y la invito al paseo. Era un paseo donde todas las parejitas iban a pasar el rato en los atardeceres. Me dijo que podría acompañarla, y junto con mis dos inseparables amigos nos fuimos hasta el Paseo del Príncipe. Después de algunas vueltas nos sentamos todos a tomar unos helados, porque el caluroso día hacía sentir demasiado bochorno. Mis ojos se posaron en sus pupilas azules, mientras me preguntaba: -¿Tienes novia? -No. Tengo otros proyectos. Pero me gustaría salir contigo. Pocos días después era mi compañera en los paseos del Príncipe. A veces me presentaba amigos, y amigas, así pasábamos los días y los meses. Me había enamorado. Pero todo en esta vida se acaba. No es duradera la felicidad, pues cuando piensas que comienzas a disfrutarla desaparece. Un buen día me dice: Tengo una noticia. Tal vez no te agrade, como a mí no me agrada. -Pues ya puedes decirla. Te escucho. -Para la próxima semana embarcamos para Estados Unidos. Ya sabes, mi padre ha decidido continuar allí sus investigaciones y nos vamos todos. No le contesté. Ella debía obedecer a sus padres. Yo debía esperar su regreso a España. Después….Después los primeros días se hacían aburridos. Pero debía pensar en mis estudios, y esperar sus cartas. Lo único que en ese tiempo nos ponía en comunicación. A los dieciocho años se siente uno lleno de ilusiones. Todo es vida de colores, todo es alegría y bienestar. Pero ahora… Poco a poco todo se va olvidando. No es duradero el amor, tampoco lo es la tristeza... Y me fui a Bilbao. En Bilbao conocí a otras personas, aunque es cierto que un amor cortado es como una rama cortada, que siempre deja una herida en el alma. Y aunque quiera brotar nunca es la misma. En estas cosas estaba pensando mientras mi perro Patón dormía tranquilo a mis pies, levantando de tarde en tarde la cabeza como diciéndome: ¿Pero tú qué piensas, amigo? Los perros también comemos. Y hoy, pensando en esos dulces recuerdos pasados, me quedé dormido en el sillón, hasta que la sombra juguetona de las ramas de los arboles me despertaron junto con el trinar de cientos de niños, cuyo colegio está a pocos pasos de mi casita. Mi casita. (¡Qué bonita es!). Desde el mar sube una colina llena de bosque, en cuyas ramas cantan sin cesar cientos de pajaritos de todas las especies. Tortuosos senderos serpentean por el bosque, a veces llenos de hojarasca, a veces perdiéndose entre flores azules, blancas, o azucenas silvestres, como una hermosa alfombra que se extiende más y más allá. Senderos tal vez hechos por animales que ahí viven en fraternal república. La sombra de los árboles los cobija en los calurosos veranos. Es delicioso caminar entre los árboles en la primavera cuando el sol rueda en el espacio azul, viendo las ardillas subir trepando hasta las ramas más altas para luego quedarse contemplando al que pasa al pie de esos altos árboles que parecen perder su copa entre las nubes. Después de caminar desde el mar, oyendo el susurro de las olas, y respirando el yodado aire que la brisa empuja, se llega a un decampado. Varias casitas diseminadas aquí y allá. En algunas juegan alegres niños que sueñan con ser cazadores o militares heridos en la batalla, y van de puerta en puerta pidiendo algo que comer y curar sus heridas. La comida son hojitas de árboles, y las puertas unos pequeños palos clavados en el suelo. Ahí, en una de esas casas, en la que tiene sus ventanas mirando al mar, cual vigía, está mi casa. Delante una era espaciosa rodeada de pequeños árboles frutales, de madreselvas y damasdenoche, que a los atardeceres llenan con su aroma embriagante los jardines y los senderos. Los mirlos, y otras aves cantoras suelen anidar cerca, porque saben que siempre encontrarán semillas o gusanitos que los niños dejan cerca para que vuelvan. Un poco más arriba un bosque de castaños, en una empinada cuesta, al pie de la cual nace un arroyo de aguas frías que luego pasan por los jardines de las casitas. Desde este lugar se escucha el eco nítido de las palabras que decimos. Un eco que siempre responde. Cuando niño solía subir hasta allí para bronquear a un virtual enemigo invisible al que llamábamos “el hombre del saco”. Pero él siempre remedaba nuestras palabras, y nos hacía enfadar. (bendita ignorancia) Muchas veces, cuando cansado del trabajo diario, me llego a la casita, me agrada mirar hacia el mar. Ver como las olas una y otra vez llega con furia a la playa para convertir su fiereza en mansa espuma. Por las noches de claros luceros se pueden ver a centenares las estrellas colgadas de un enorme velo azul, que suelen guiñar sus ojos para que nos fijemos en ellas. Otras brillan con menos luz. Y todas rielan dejando su impronta en el inmenso mar. Aquí no hay soledad, porque la bahía está siempre llena de gente que va y viene de un lado a otro. Por las no ches los animales del bosque dejan oír su voz para defender su territorio, y luego salir a cazar algún conejo salvaje o algún pájaro que duerme tranquilo sobre una rama, cubierto tan solo de una hoja que lo esconde. ¡Que diferente este trocito de paz de la febril capital de Barcelona! Aquí todo es paz. Allá todo es ruido. Aqui todo es admirable, allá todo es polución. ¿Y luego dirán que las obras de los hombres son más admirables que la naturaleza, obra de Dios!
EN COMPAÑÍA DE LA VIRGEN MARIA. Hoy estoy mirando y contemplando las plantas que hace tan poco tiempo he plantado en el jardín, y ahora trepan arrimadas por las paredes. Suben por junto de las ventanas y con sus hojas oscurecen mi despacho donde tengo a mi derecha una estantería llena de libros, al frente otra más pequeña donde coloco todos los objetos que me agradan. Las plantas y los rosales van subiendo subiendo hasta los dormitorios, donde en las noches de luna dejan pasar entre sus sombras un rayito que las retrata en sombras sobre la cama y el suelo. También algunos rosales trepadores adornan las ventanas de la sala, dejando penetrar sus aromas hasta una gran imagen de la Virgen del Inmaculado Corazón que está sobre su pedestal. Es una imagen de talla, alta y hermosa. La imagen de María, con su bella sonrisa me hace compañía. Pero hoy tengo ganas de pasar un ratito en su compañía. Porque a la Virgen le agrada mucho que veneremos su imagen. Así nos recordamos que allá en el cielo está la que hoy está representada. - Seria hermoso contemplar a María cuando a la edad de uno y dos añitos se paseaba por la gran huerta de Nazaret. Nazaret, un pueblo sin importancia. Pero ha sido la cuna de la Sagrada Familia, porque en Nazaret ha nacido María y José Después también vendría un día Jesús a vivir a Nazaret. Esa virgen Niña que le encantaban las flore de los campos, le entusiasmaban los pajaritos, le agradaba escuchar el ruido del manantial que había en su jardín. María, la que un día llegó al Templo con su Madre, y en el portal se despidió de sus Padres a la edad de tres añitos para siempre. Sus padres lloraban sin consuelo, porque el Templo estaba muy lejos y era probable que no la volvieran a ver. María, la Virgen inmaculada del Templo. La que pudo decir al Sacerdote: -“No recuerdo cuando me consagré a Dios de cuerpo y alma. Pero si vuelvo la vida atrás me parece estar junto a mi amado Creador cuando ponía los cimientos a la creación. Y me parecía escuchar en lo más íntimo de mi corazón: “Te amo, niña mía. Te amo como a tu Dios. Y yo le contestaba llena de amor hacia Él. “También yo te amo. Y en prenda de mi amor me ofrezco toda a ti… Estas palabras las pronunciaba más allá del tiempo, en un mundo lleno de las maravillas del amor. Y a cada instante yo le repetía. Te amo. Y es esa conversación pasaba junto a mi amado horas, días, meses años, porque mi felicidad era estar junto a Él. Escuchar esa voz tan dulce, que sin palabras entraba en mi mente en mi corazón. Esto podía decir esa jovencita cuando el Sumo Sacerdote le dijo que debía abandonar el templo porque era llegada la hora de regresar a su casa. Bella era María de niña. Era con un delicioso capullo que se abría a la vida en medio de una alegría celestial. Y más bella aun si la contemplamos en su adolescencia, en su juventud. En el templo. Venid. Vamos a contemplar a María. Vamos entrar de puntillas en su habitación. Aún está en el Templo. Junto a una ventana, desde la que se ven las cúpulas del templo se ve una jovencita arrodillada un poco inclinada. Está orando. Pero nosotros no podemos escucharla, porque su oración es tan silenciosa que solo es una oración mental. Es una joven altita, no demasiado alta. Su pelo es largo. Tal vez le llegue hasta cerca de la cintura. Un pelo rubio, casi castaño. Hoy lo ha peinado en trencas. Trencas que envuelve sobre su nuca, y que le da un aire angelical. Su tez es blanca, un tanto tenida de carmín. Su vestido es largo, y color turquesa, un azul pálido. Sonríe. No sabemos a quién sonríe, pero seguro que su ángel lleva sus oraciones a Dios y Dios le devuelve las palabras que a ella tanto le agradan “Te amo como a lo mejor de toda la creación. Por ti sola hubiese creado cielo, tierra, estrellas y galaxias. Tal vez ahora ella repita: También yo te amo. Ya sabes, soy toda tuya para cumplir tu voluntad. Sus ojos también son azules. Un azul purísimo. Al levantarse se ve a una María dispuesta para preparar sus estudios. En el Templo las vírgenes estudiaban tejían, hilaban y aprendían todo lo necesario parta un hogar. Compañeras de ella la vienen a buscar, porque es la hora del recreo. Una se llama Elisa, es de Betsur, y le llaman Elisa de Betsur. Otra es una llamada Ester, natural de Nazaret…Todas quieren jugar con María, porque tiene una sonrisa que devuelve la alegría, porque es muy humilde, porque tiene un no sé qué de halo angelical. Junto a ella el espíritu se renueva y se siente el olor de la virtud. En ondas mansas se siente la presencia de Dios, como si ya fuese ahora el sagrario donde Dios tiene su morada. Después del recreo todas en fila se van al comedor. Cada una tiene su lugar, mientras Ana de Fanuel las vigila y les enseña a comportarse bien. Pero hoy María tiene en sus ojitos algunas lágrimas. Ya tiene que irse del templo. Tiene que alejarse de aquella casa, de aquel templo, detrás de los velos que cubrían la gloria de Dios. Así María en su vida pasaría muchas alegrías, y también muchas penas. Ya en su casita de Nazaret, una mañana en que estaba haciendo sus oraciones, siente el ansia de ofrecer al Creador algo de su huerto. Y en su huerto encontró flores de los árboles. Era un sacrificio cortar las flores de los árboles. Por eso ella las corta, las pone en un jarroncito y se va al telar. Un ruido de aire que mueve las cortinas. Mira al huerto, pero los árboles no se mueven... ¡Que raro! Pero sigue en su telar cantando himnos a Dios. Y otra vez el viento mueve las cortinas Pero no hay viento. Es una mañana tranquila de primavera. Una hermosísima luz ilumina la estancia. Una luz que avanza hacia ella. María está maravillada mirando esa hermosa luz. De pronto esa luz se deshace, se desgrana como una ola que se hace gotas de agua. Y de en medio de ella se ve un ángel. Es un bellísimo ángel. Un ángel que sonríe. Un ángel que habla. Que la mira, que le dice: -No temas María. Te saludo, y te digo que vengo de parte de Dios, porque yo soy Gabriel, el Ángel que de continuo estoy ante su trono. Y María piensa. ¿Quién soy yo para ver esta maravilla? Entonces el ángel le repite: No temas…. (Buff Ya me pasé escribiendo. )

martes, 16 de diciembre de 2014

CAMPANITAS Campanitas que vais repicando porque Dios ha bajado a la tierra Y en los brazos de amor de su Madre Mirando a sus ojos durmió. din dan, din don y a mí llegan los dulces recuerdo del portal bendito donde Jesús nació y aquellas nevadas que tanto añoré de mi bella aldea donde me crié Campanitas que ya enmudecieron. Y solo en el recuerdo vuelven a llegar que lejos os fuiste quedando y ya olvidadas nunca volverán. Y aquella viejita que tanto adore Mi madre querida que también se fue Que dulces cuantos nos contaba Y de Jesús nos hablaba detrás del fogón Mi madre del alma que no olvidare Navidad que con dulce cantar te celebran las almas que saben amar Vendrán otros niños Con sueños de ilusión Pero aquellas navidades Aquellas tan bellas esas no vendrán oh que triste es andar en la vida por senda perdida, que lejos se va. sin oír una voz cariñosa que diga amorosa la cena ya está din dan, din don. Campanitas que vais repicando ) Dejadme que oiga otra vez vuestro son Con su ecos de amor. navidad vais alegres cantando Parad un momento, dejadme soñar Y los bronces sagrados que lloren Por aquellas Navidades que no tornarán. Cuyos ecos vuelven de lejos Mis sueños de niño hacer realidad Din dan, din don y a mi llegan los dulces recuerdo del hogar bendito que yo habité Y con esos tan bellos recueros Doblan las campanas Su canto de amor Y aquella viejita que tanto me amó Mi madre del alma que no olvidare

lunes, 15 de diciembre de 2014

Hoy es un día de poco trabajo Después de varios días sin sol, por fin hoy ha salido. Después de terminar mi trabajo me fui a colocar unas figuras muy hermosas, semejando delfines y otros bellos peces de cerámica en el cuarto de baño. Es que cuando estoy aburrido soy capaz hasta de comerme una paella de arroz. Claro, estas figuras están clavadas a las baldosas y además pegadas a los azulejos. Tuve la gran suerte de pinchar una tubería. (Esas cosas las hago de maravilla) y me quedé pasmado viendo lo bien que salía el agua de la pared. Luego pensé que mejor descansar. Cuando vienen ganas de trabajar lo mejor es esperar sentado que se pasen. Y pensando pensando me dije: ¿A dónde voy? ¿Me voy a dar un paseo por el Paraíso? Vamos. Venid, vamos a dar un paseo por el Paraíso. Tiene que ser alucinante. Llegamos, y lo primero que vemos es miles de millones de seres celestiales esperando para darnos la bienvenida. Aquí todo es belleza, Luz, Alegría, Amor. Todos se dirigen a nosotros como si siempre nos conocieran, pero que hace mucho tiempo no nos ven. Todo es vida y felicidad. Las colinas tienen su vida propia, toda avegetacion es hermosa. Es el sueño de Dios hecho realidad. Los árboles tienen su encanto y belleza jamás visto en la tierra. La compañía vegetal es un encanto. Todas las flores son flores vivas, de cambiante color, El murmullo de los bosques junto con el de los pequeños ríos que van por todas partes es encantador. En todo lo celestial está vivo el Espíritu de Dios. Es el Espíritu Divino el que hace tanta hermosura. Plantas Flores, Luz, Colores, Animales que en la tierra eran agresivos y salvajes…aquí todo es mansedumbre, cariño, amistad…. Es el mundo del Amor. Y el Amor reina en todas las creaturas. Reina en todo lo creado, y desde aquí se divisa el mundo como una maravilla que se formó en un desbordarse el Amor de Dios. Palpitan llenos de vida planetas, montañas, árboles, flores. También la luz en cambiante nácar, es causa de felicidad, porque no es como la luz de la tierra, sino como todo lo celestial, donde solo se puede gozar y ser feliz. Los ángeles… ¡Cuantos ángeles! Miríadas de ángeles en adoración y amando con sublime amor a todos los humanos. Ángeles que fueron compañeros invisibles de tantos humanos que ahora se unen en íntimo lazo de amor. Después el aroma del paraíso. Un aroma tan divino que brota de Dios, que inunda a todos los seres celestiales, que se multiplica en cada uno de sus habitantes. El cantar de las avecillas, el eterno adorar de los arcángeles y otros coros de serafines y celestiales espíritus Los santos Los santos viven extasiados en sublime amor a Dios, y también a todo lo creado. Allí todos aquellos que un día pasaron por la tierra y cumplieron con el deber, siendo buenos padres, buenos esposos, dando abnegado amor a su familia, a sus vecinos a sus prójimos. Amor desinteresado. Esos ahora son los pobladores celestiales trasplantados al Paraiso de Dios. Los sacerdotes que un día tuvieron que dejar padres, hermanos familia para adentrarse en intransitables selvas para llevar algún alma a Dios. Ellos, los que fueron fieles a su vocación, son ahora los mimados niños del Amor Divino Militares, luchadores de la verdad, y seres humanos muy humildes desconocidos de todos…De estos están los cielos llenos. Ellos cumplían con su deber, y en su humildad solo sabían perdonar y callar. Muchos otros que supieron reprimir su lengua para no maldecir, para orar, para no hablar mal de otros. También de esos hay muchos en el cielo, pero más en el purgatorio, porque toda palabra vana hay que purificarla. Y como el cielo no es un lugar, sino un estado, todo esto lo disfruta el alma con plenitud de gloria. Algunos santos han visto los resplandores de la Gloria de Dios. San Pablo, San Pedro, y muchos santos y santas que Dios les permitió ver una partecita de su gloria, y que se creyeron que era ya la eternidad celestial Pero no, porque la felicidad no se puede gozar en su plenitud mientras este cuerpo no pase por la purificación de la muerte. Un día D. Bosco fue arrebatado al cielo. Se encontró con Domingo Sabio, el cual le dijo: No. No es el cielo lo que tú ahora ves. Es tan solo lo natural del mundo que habitas elevado a un grado más de felicidad. El Cielo es millones de veces superior a todo lo que ahora admiras. Ni tampoco Yo tal como me ves. En mi nuevo ser me verás cuando vengas. Todo será mucho más hermoso. La infinita Majestad, belleza, y bondad de Cristo es algo maravilloso, pero eso no podemos verlo, porque contemplar a Cristo tal cual es, eso es el premio eterno. Y siempre será así. Nunca disminuirá el ansia de mirarlo, de contemplar su hermosura. Esa belleza que está a millones de años luz distante de lo que era Jesús en el mundo-. Ya es hora de volver., No nos podemos quedar en el Paraíso, porque no hemos llegado. El Paraíso es el premio final. Y regresamos cantando “Si no fuera pecado segaría mi vida, para estar en el cielo junto a mi buen Jesús. Pero la Virgen dice: No tengáis prisa, ya sé yo cuando debo ir a buscaros a vuestro mundo.

domingo, 14 de diciembre de 2014

CUENTOS DE NAVIDAD Aquella tarde de verano, mi madre había ido a visitar al abuelo que estaba un poco delicado porque se había torcido un tobillo. En casa quedamos los cinco hermanos Cansados de jugar en el bosque con otros niños y niñas de nuestra edad nos fuimos a casa. Mi madre no había regresado, por eso continuamos jugando en la era. La era nos agradaba mucho, porque allí teníamos nuestras casitas construidas con ramas, donde escondíamos nuestros juguetes hechos por nosotros. Triciclos hechos de madera con tres ruedas, un manillar y una tabla. Mi hermana tenía su casita con una ventana desde la que se veía pasar de tarde en tarde un tren, en la vecina montaña, que se escondía en un horadado túnel que salía allá muy lejos. Hoy era día de viento. Jugábamos a “volar” pues el aire nos llevaba de un lado a otro, y entre risas y alegría, en la vigilancia de alguna viejita que venía con su rueca y se sentaba en una alta piedra, de paso cuidaba que nada nos pasara. Era nuestro ángel tutelar. Entonces de pronto mi hermana nos dice: -La noche se acerca. El sol ya se oculta detrás de los montes porque también el sol se va a dormir. Nosotros vamos a casa, porque hoy tenemos que hacer cine. Detrás de unas tablas poníamos una bombilla, y la poníamos frente a un tubo de latón que habíamos encontrado un día. Dentro del tubo metíamos papeles que movíamos con un palo, y en la blanca pared se veían mezcladas luces y sombras que en nuestra infantil imaginación nos parecían barcos en el mar, o grandes monstruos peleándose. Así pasábamos las horas viendo siempre lo que deseábamos ver. Saltando no sé de donde uno de los gatitos pequeños se metió en el tubo, y andando de un lado a otro, reflejado por la luz de la bombilla nos hizo una hermosa película. Entre risas y gritos de alegría los cinco hermanos pasábamos el tiempo llenos de ilusión Mi madre llamó a la puerta, y también subió un rato a ver nuestro cine. Después bajó a la cocina a hacernos la cena mientras nosotros corríamos en la amplia sala jugando a pillarnos. Ya era hora de cenar. Antes de cenar, mi madre bendecía la mesa, y mientras comíamos nos contaba un cuento. Hoy nos contó el cuento de una pastorcita que todos los días rezaba con gran devoción el rosario a la Virgen, delante de una estampita. Un día vino un ángel a decirle que se preparase porque la Virgen vendría a buscarla. La niña se puso muy hermosa, y la Virgen se la llevó al cielo, y ahora era muy amiga de la Virgen y le llamaba Mamá. Cuando acabó el cuento de la noche, nos sentamos todos, como cada noche, alrededor de ella, y rezamos el rosario. Cuando rezábamos el rosario a veces se acercaba alguna vecina o vecino y arrodillándose en el filo del hogar rezaban con mucha atención. Nosotros mirábamos para ellos, y a veces nos reíamos porque alguno de nosotros hacia alguna mueca que nos causaba risa y no podíamos parar de reír. Después nos íbamos a las habitaciones. Por lo regular nos juntábamos en la cama de mi hermano mayor que ya tenía seis años, y jugábamos juegos de adivinanzas. Después volvíamos a nuestras habitaciones donde en las noches de pálida luna, cuando los luceros guardaban la paz de la aldea, entornábamos los ojos para formar un camino de luz desde la luna hasta nuestros ojos. Era el camino por donde iban los niños buenos. Y nosotros como pensábamos que éramos muy buenos, le llamábamos “nuestro camino del cielo”. Pero un día yo no estaba. Aquella tarde me había ido al campo con un amigo de mi edad, más o menos. Subimos a un nogal, y comimos muchas nueces. Nos encontramos mal. La cara nos ardía de calor. Volvimos a casa, y mi madre me llevó a cama. Tan pronto me acostó perdí el conocimiento. No sé cuántos días he estado con fiebre muy alta. Solo recuerdo que de pronto desperté cuando mi madre me sumergió en agua templada. Para mí fue el despertar de un sueño. Nada recordaba. El agua templada hizo bajar la fiebre y me sentí bien. Después baje a jugar con mis hermanos, que me preguntaban donde había estado todos los días que no hablaba. Pero tampoco yo lo sabía y encogiéndome de hombros iba recogiendo los juguetes que los amigos y ellos me habían dejado al lado de mi cama por si se me antojaba despertar. Eran juguetes rudimentarios hechos por ellos. Una hélice voladora, una carraca, un palo con una rueda y alagunas cosas más. Pero yo ya no tenía ganas de jugar. Estaba cansado y solo quería seguir durmiendo. Mi madre me llevó a la cama, y vino el médico que me recetó no sé qué, para que me pusiera bien. Recuerdo el nombre de un tónico que se llamaba Keplé. Y en una noche en que todos dormían, no sé por qué me fui solo al fayo. Llegué hasta un rincón oscuro, y a tientas busqué algo, que tal vez lo vi esconder a alguien o lo soñé. Tal vez algún hermano mío cuando yo era muy pequeño. Pero yo iba a tientas buscando no sé qué en ese rincón aislado y oscuro Encontré una cajita muy hermosa, algo así como un huevo de una gallina, que se abría como un joyero. Bajé entre las tinieblas y volví a cama. Dormía con esa cajita en la mano. Cuando mi madre al día siguiente vino a verme tomó la cajita y me preguntó de dónde la había sacado, y se lo dije. Mi madre, después de verla varias veces, abrazándome me dijo: Esta cajita guarda para mi muchos recuerdos. Es un joyero que me regalaron cuando me casé. Había desaparecido. No sé cómo pude haberla llevado a ese lugar. Pero lo bueno es que ya ha aparecido. A la noche siguiente ya pude ir a la habitación de mis hermanos a jugar, y poco a poco se me fue pasando aquella fiebre que he cogido por glotón, porque los niños no debemos comer más de lo necesario. Me gusta · · Compartir
Comentar
DE REGRESO Hoy llego a mi casita de Cádiz. Subo la pequeña colina desde el camino que va por el bosque junto al mar. Después de unos cien metros se divisa mi casita, blanca y hermosa como todas las casas de Cádiz. Oigo a los niños jugar bajo un sol tibio que no calienta mucho. Me fijo y veo a mi inseparable amiguita. Viene corriendo hacia mí echándose en mis brazos, agitada de correr con sus amiguitos, me cuenta que Patón, (el perro) ha estado jugando con ellos. Que paró tres goles, pero le metieron dos. Luego se va corriendo otra vez con sus amigos mientras yo me siento sobre una vieja pared y contemplo las golondrinas que revolotean con finos chillidos mojando sus alas en el tranquilo mar como una coma de azul que luego van más y más allá para luego regresar sobre los árboles del bosque. Son las mensajeras que en sus negros vuelos anuncian a las flores que ya ha pasado el rigor del frio invierno. Me acerco hasta el jardín. Las madreselvas y los jazmines mezclan su aroma, mientras el césped tiñe de verde el suelo festonado de tímidas florecillas que brotan acá y allá. ¡Qué hermosa es la naturaleza!- pienso. Cuando de pronto el alegre silbar de los mirlos en la enramada me saludan. Me sonrío, y abro la puerta del jardín para entrar luego en casa. Una avalancha de niños salidos de no sé dónde, seguro que avisados por la niña rubita, viene a saludarme. Yo ya se lo que quieren. Por eso entro en casa y reparto unas pastillas de chocolate, mientras les digo que no estropeen las flores, que no suban a los árboles, que no se mojen con el agua de la acequia que pasa por el jardín. Y mientras se van a jugar preparo un bocata de pan con jamón. Y me siento bajo la sombra del naranjo. Mi perro se acerca. No dice nada. Pero su mirada fija en mi bocadillo dice a gritos que le dé un trozo. Entro en la cocina, salgo con un trozo de jamón y un vasito de cerveza sin, y le doy el jamón. Estaba entretenido mirando las muchas naranjas que hacen arrastrar las ramas cuando Patón, (el perro) mete su larga lengua en mi vaso y de dos lengüetazos casi me vacía el vaso. Le riño. Él sabe que le riño porque no quiero que en el día de mañana sea un perro borracho de esos que van midiendo el suelo, haciendo piruetas y otros mil excesos. Se pone con la cabeza baja y luego la posa sobre las rodillas para que le perdone. El eco de los cantares de los niños se pierde más allá del camino de la pradera. Ya es de noche. Después de charlar un rato con los amigos de internet me voy a dormir. Cádiz es la bella sultana, la que luce en sus aguas las perlas azules del mar del sur. Desde mi ventana contemplo las estrellas. Es hermoso contemplar un cielo estrellado escuchando el ronco son de las olas que se estrellan una y otra vez contra las rocas o mueren en la arena. No sé el tiempo que he dormido. Allá a lo lejos un gallo rompe el silencio de la noche oscura y tranquila anunciando un nuevo día. Aun puedo dormir dos horas más. Pronto el sol va tiñendo las montañas, y las sombras ya dibujan en el suelo verde movientes figuras de luz. Es hora de salir al trabajo. Otros van adelantarse. Tomo mi vieja bici y bajo por el sendero del bosque, el sendero que lleva hasta el puente Azul. Desde allí ya diviso la fábrica, y enseguida estoy en mi despacho Una nube eclipsó el cielo. Poco después unas gotas caen haciendo ruido contra los cristales para luego caer un fuerte chaparrón de primavera. Estoy un poco absorto pensando en el trabajo del día. De pronto Alicia, una de mis secretarias, la que siempre ríe, comienza a cantar a media voz: Cruz de mayo sevillana que en mi patio levanté, le pondré muchas más flores si consigo su querer….. Ahora el día se convierte en una mañana de vagante armiño, mientras distraídamente miro a los árboles en flor rodeados de una nube de florecillas blancas que la brisa en su soplo matinal va arrancando y lanzándolas al suelo. Después hay que recibir a los obreros y escuchar sus quejas, sus inquietudes, sus justas peticiones. Y poco después el gran reloj central indica que es la hora de pasar al comedor.

sábado, 13 de diciembre de 2014

EL GATO Uno de esos días que podíamos pasear por todo el convento se nos ocurrió ir a la enorme huerta para contemplar las bellas flores que el hortelano cuidaba con esmero. Éramos cuatro, pero dos quisieron dar una vuelta por el pueblo, y nos quedamos solos Isidoro y yo. Nos sentamos junto a los bellos parterres donde las flores mostraban sus hermoso colores, rojos, blancos, amarillos y azules, entre un aroma que alegraba la mañana. Junto al jardín pasaba un pequeño río que bajaba por un barranco formando una hermosa catarata, Mientras contemplábamos los irisados rayos de luz, fundiéndose en uno y variados colores atravesados por un rayo de sol que penetraba entre las ramas de los altos árboles, mirábamos las abejitas saltar de flor en flor para libar en sus cálices ese néctar embriagador del cual se llenaban sus diminutas patitas, También las mariposas con ese vuelo incierto indefinido parecían quererse posar aquí y allá, pero inútil perseguirlas porque se nos escapaban por las laderas llenas de hierbas que caían por el barranco. Por fin una. Era una grande, de bellos colores rojos, negros y azulados. Con mucho cuidado íbamos persiguiéndola cuando ya casi la teníamos atrapada cuando un gato que estaba observando desde una rama se lanzó sobre ella y se l zampó. Quedamos nosotros con ganas de darle una patada al gato. Pero se subió de pronto al árbol y no lo podemos coger. Isidoro le tiró una piedrecita. Una piedra pequeña y no con fuerza. Pero no sé en qué parte de su cuerpo le dio que bajó precipitado y cayó muerto a nuestros pies. Isidoro y yo comenzamos a llorar. Pero por más que llorábamos el gato no resucitaba.Era el gato preferido del cocinero. Aquel que cada mañana se enroscaba junto a nuestros pies para que le diésemos un trocito de queso. Entonces sentados en la raíz de un manzano alto nos pusimos a pensar que podríamos hacer para librarnos del castigo. No encontrábamos solución. Pensamos en tirarlo al camino. Pero aquel día los niños estaban también por el camino. Y podrían traerlo hasta la portería. Entonces buscamos otra solución: Enterrarlo. Pero tampoco, porque el hortelano lo encontraría y seria mucho peor. Y otra vez nos pusimos a llorar sin consuelo. Ya teníamos once años, por lo tanto éramos dignos de castigo. De pronto levantamos la vista a ver si de las nubes nos inspiraban alguna solución. La chimenea de la cocina hechaba humo. Y el gato era el preferido del Cocinero, que era un Fraile andaluz. Cerca estaba la habitación del Padre Marcos. Un padre de unos cincuenta años o más, que siempre dejaba el bonete donde nosotros nos queríamos sentar, y sin querer, nos sentábamos sobre el bonete. Ese padre no quería a los niños. Siempre que podía nos echaba una bronca. Por eso nos sentábamos sin querer sobre su bonete. Otras veces le rompíamos el bastón para que no pudiera coger fruta de los árboles. También se lo rompíamos sin querer, porque el bastón o palo era poco resistente. Entonces pensamos en tirar el gato por la ventana abierta del Padre Marcos y así sería él el culpable. Pero ¿Y si estaba en su habitación? No, no. No podía ser. Había que inventar otra solución. Entonces despellejamos al gato y enterramos su piel. Le cortamos la cabeza y el rabo de modo que parecía un conejo. Lo lavamos bien, y lo metimos en una caja bien envuelto con unas letras muy bonitas que decían. -Regalo para el padre Marcos de una persona que lo quiere muchísimo. Y con el rostro alegre nos acercamos al cocinero y le dijimos. .Ha venido una mujer a la aportaría, y traía este paquete para el Padre Marcos. Dice que es un conejo de los Pirineos y que se lo pongas asado para él solito. -¿Y cómo era esa mujer? -No era alta ni baja, sino todo lo contrario. No era guapa ni fea, sino todo lo contrario. -¿Y cómo vestía? -Pues muy bien. Además olía a colonia y traía un sombrero muy lindo. -Debía ser su madre. ¿Ya se ha ido? -Sí. Se ha ido corriendo. A lo mejor tenía ganas de ir al lavabo. Bien, bien. Pues le pondré este conejito lindo al Padre Marcos bien asadito. Nosotros nos fuimos con la conciencia descansada. Y además alegres, porque habíamos lograr encontrar una solución al problema. Pero de pronto nos entraron unos terribles remordimientos. No sabíamos si era pecado o si no lo era. Lo mejor era confesarnos con el Padre Marcos y como era secreto de confesión ya no podía decir nada. ¿Pero y si no nos daba la absolución? En ese caso ignorábamos si quedaría él libre para acusarnos, y sería el remedio peor que la enfermedad. Entonces de nuevo nos entró el llanto. Íbamos a preguntarle al Padre superior que se puede hacer en estos casos, pero no nos atrevimos. Tocó la campana para comer. Todos se sentaron en su lugar, y el cocinero sirvió la sopa. Luego sirvió carne asada, para todos, menos para el Padre Marcos, al cual le sirvió un gran plato con el Conejo-gato a trozos. El Padre Marcos decía: -¿Y por qué a mí esta distinción? -Porque una mujer –dijo el cocinero- lo ha traído. Debió ser su madre. -No. Mi madre no, que está en Madrid. -Pues debió de ser alguna persona que lo quiere mucho. -No creo, porque yo no tengo amigos. Pero me lo comeré, huele que atrae. El compañero de mesa, ya un fraile viejo decía: -A ver si es para mí. Mejor me lo dé a mí -No. No le doy nada. Me lo comeré en honor a esa persona que tanto me quiere. Además usted está a régimen de patatas hervidas. Y comenzó a comerse el “conejo” con gran apetito. De cada bocado bendecía a la persona que se lo había regalado. Pero otra vez a Isidoro y a mí nos entraron unos tremendos remordimientos. No sabíamos si comer gato era igual que comer una rata, y podría hacerle daño. Entonces nos levantamos y fuimos a la cocina a contarle la verdad al cocinero. Pero el cocinero se enfadó muchísimo con nosotros. Dijo que se lo iba a contar al padre marcos. Y por más que le rogamos, se fue al comedor y a voz en grito dijo mirando al padre Marcos que estaba rebañando los últimos huesos -Padre Marcos. Ese conejo que acaba de comer, era un gato. Sí, un gato, que estos dos desaprensivos han asesinado y me hicieron creer que era un conejo. Los frailes se reían de tal modo que no podían pararse de reír. Pero el Padre Marcos tiró con rabias la servilleta, y haciendo como que vomitaba decía: -Vosotros me las vais a pagar. Y ahora mismo. Los frailes reían descaradamente. El Padre Marcos se fue al teléfono y marcó el número del Padre Provincial de Madrid. Nosotros lo observábamos llenos de miedo. Entonces le dijo: -Padre Provincial: Dos rapazuelos desaprensivos me dieron gato por liebre. Deseo que les dé un gran castigo. Y el Padre Provincial le dijo -Hijo mío, por mi parte solo le puedo decir que buen provecho le haga. Nosotros fuimos castigados a decir la culpa delante de todos los reverendísimos padres, los cuales se reían tapando la boca con la servilleta. Pero sucedió que desde ese día el Padre Marcos se unió a nosotros. Y desde entonces nos ayudaba a hacer otras trastadas a los demás padres Así que ganamos un amigo

viernes, 12 de diciembre de 2014

Los dos ladrones y Hezel. Era el mes de julio. Una de esas tardes de fiesta me fui con los amigos hasta la Ribera. La Ribera es un paseo en medio de un bosque que está muy cerca del mar. Al poco rato vi pasar dos chicas hermosas y esbeltas. Tan embelesadas iban en sus charlas que apenas nos miraron. Luego allí donde el sendero se tuerce hacia el mar las he perdido de vista. Cuando ya el sol declinaba y rompía sus rayos en bellos iris, fundiéndose con la inmensidad del mar, bajamos hasta la playa. Sentadas en uno de esos bancos de piedra estaban contemplando la hermosa puesta del sol. Los padres de Luis nos invitaron a subir a su coche, un hermoso mercedes, para volver a la capital. Todos se subieron. Yo preferí quedarme. Luego que el sol hundió en su cuna líquida sus últimos rayos me acerqué, y luego d saludarlas les pregunté su nombre. Las tres eran hermosas. Las tres eran alegres con esa alegría contagiosa que sale de una juventud sana. -Yo me llamo Inés. -Yo Karla -Yo Hezel. ¿Y tú cómo te llamas? Porque nosotras ya nos hemos presentado. -Carlos para los amigos. -¿Y para los demás? Ahora, al no saber qué contestar se reían. Pero aquella que más me agradaba, dice: -No les hagas caso. No se burlan. Siempre nos reímos. -Pues sí, para los demás dejo que me llamen por el apellido. -Como en el instituto. ¿Tú eres de aquí? -No. -¿Estas de vacaciones? -No. ¿Trabajas o estudias? -Las dos cosas. Pero ya deja de preguntar, que ahora es mi turno. -Adelante. -Tu eres Hezel ¿verdad? - Si esta es Karla y esta otra es Inés no me queda más remedio de ser Hezel. -¿Estudias? -Estudio, trabajo, ayudo a mis padres, cuido de mi hermano porque aún es pequeño, y me gusta pasear, estar con mis amigos, venir a la playa, y el arroz con leche también la ensalada. ¿Algo más quieres saber? -No. Bien, ha sido un placer. Me tengo que despedir porque ya se acerca el autobús. Es el último y si lo pierdo tendría que ir a pie. -¿También vas en este autobús?- dijo Karla. -¿Venís vosotras? -Sí. Yo vivo en la Calle D. Bosco. ¿Y tú? Por mi cabeza pasó un recuerdo. Me fijo en cada una de ellas. No había duda. No era la primera vez que las había visto juntas. A principios de curso, estando de paseo por la Calle del Príncipe, unas chicas iban delante. Yo iba muy cerca, con mis buenos amigos Aguirre y Aníbal. De pronto unos chavales se ponen detrás de ellas. Una llevaba el bolso a la bandolera, las otras no. Uno de esos chavales se adelanta, con un cúter raja el bolso y al suelo cae una hermosa pulsera de oro. Con la velocidad del rayo la coge y se va corriendo. Pero Aguirre y yo lo perseguimos hasta casi las afueras del pueblo de Vigo. Cansado se dejó caer al suelo y nos dijo que no lo acusáramos a la guardia civil. Nos entregó la pulsera y una carterita que llevaba algunas monedas. Regresamos al paseo, y se las entregamos. No sabíamos de donde eran, ni como se llamaban. Con pocas palabras Aguirre les dijo que tuviesen más cuidado, Yo me quedé charlando con Aníbal. Luego de agradecer el gesto se marcharon a sus casas. Fue entonces que me acordé que ya había visto estas chavalas en esa ocasión. Y sin contestar directamente les dije: -Pues sí. Trabajo y estudio. Y a veces también persigo ladronzuelos para devolver las pulseras a sus dueñas. Además mi trabajo también está en la Calle de Don Bosco. En el Colegio de los Salesianos Hezel se me quedó mirando. Entonces me fijé en sus grandes y hermosos ojos azules, un azul profundo que lo realzaba más su cabello de un rubio castaño con un bonito peinado. Bajando un poco la vista me dijo. -¿Has sido tú? -Con la ayuda de Aguirre. Yo solo no podría. Nunca se sabe cómo reacciona un ladrón. - Oye…Nosotras vamos al paseo de la alameda cada tarde. Nos sentiríamos muy honradas si alguna vez nos acompañáis ¿Verdad chicas? -Siiii. -Pues por nosotros no hay problema. Lo mismo nos da ir a un lado o a otro. No tenemos novias. Tampoco nosotras. Pero digo como amigos. Pasaron tal vez dos meses. En todo este tiempo no las volví a ver. Tenía demasiado trabajo con atender a los niños de primero y además preparar mis lecciones. Poco tiempo me quedaba libre. Y cuando tenía tiempo me iba a dar un paseo con los amigos, a los que no les dije nada porque nada había que decir. En estos dos meses me concedieron el ingreso en la Universidad de Bilbao. Bilbao es un lugar precioso. Cierto que llueve mucho. Pero eso ayuda a conservar un pueblo lleno de verdor. Aún recuerdo la despedida del colegio de los niños de primer curso. Cuando les dije que esa clase era la última que yo presidiría, porque debía irme….todos prorrumpieron en llanto. Reinó un silencio lleno de lágrimas, donde se oían suspiros por todas partes. Al fin les dije: -¿No acaso soy yo el que debo de irme? También me duele tener que irme tan lejos. Pero mi deber hoy es ese. Tal vez otra vez nos encontremos porque la vida está hecha de sorpresas. Así que damos por terminada la clase y os podéis ir a vuestras casas. Nadie se movió de su sitio. Todas las miradas bañadas en lágrimas estaban puestas sobre mí. Entonces se me ocurrió despedirme personalmente con un beso a cada uno de aquellos niños que por varios años habían estado en mis clases o jugando en el patio, o comiendo en el salón. Un nudo apretaba mi garganta, pero debía sonreír aunque me tragase las lágrimas. El Padre Superior vino en mi ayuda, y poco a poco se fueron marchando. Dos días después el tren rodaba tranquilo por la meseta castellana, cruzando valles o colinas sembradas de trigo, ya casi maduro. Cuando llegue a Bilbao busqué una pensión cerca de la Universidad. Y allí al lado en el campo de Volantín encontré una buena mujer que tenía una pensión. Y allí me quedé. Era una mujer mayor. No había tenido hijos, adoptó a uno. Yo la estimaba mucho, y ella me trataba como a un hijo. Lo peor era que casi no entendía el castellano, por eso debía esforzarme en aprender el idioma vasco. Uno de esos días llamé a mi amigo Aguirre por teléfono. Gracias a él pude hacerme con el teléfono de Hezel. Mi sorpresa fue mayúscula al ver que tenía el mismo prefijo de Bilbao. En Bilbao hay una bellísima colina, en la cima un enorme colegio y un campo de aviación, o tal vez de entreno de militares. La patrona en vez de cobrarme la pensión quería que paseara a sus nietos por la colina de Archanda, que así se llamaba. Subíamos poco a poco, y cuando ya cansados nos sentábamos a atomar el bocadillo que la patrona nos preparaba. Cuando los niños (un niño de cinco años y una niña de cuatro) no querían la merienda me la comía yo. No les obligaba a comerla. Era yo entonces un joven que comía bastante. En nuestra compañía también iba el perro. Un enorme perro mastín que parecía una fiera, y muy bien amaestrado. Cuidaba de los niños si yo me descuidaba. Uno de esos días en que estábamos jugando a las canicas, siento que en el bosque de Archanda alguien pedía auxilio. Cogiendo a la niña en brazos y al niño de la mano me adentré en el bosque a ver quién pedía auxilio. Veo a un hombre de unos 30 años, fuerte, y con una visera que le cubría los ojos, y a una joven que, atemorizada se vino hacia mí. El perro se lanzó al hombre y lo tiró en tierra. Le di órdenes al perro que le sacase el calzado, y el perro en un momento descalzó al ladrón, al tiempo que mordía el brazo en el que portaba un arma de fuego. Le saqué el arma y pregunto a la joven si le había hecho daño. -Me sacó la cartera con dinero. La tiene en el bolsillo. Me pegó una bofetada y un amigo de él se llevó mi bolso. Menos mal que has llegado con este perro. -No puedo dejar a los niños. Baja al pueblo y te vas hasta la Universidad, este sendero te lleva hasta la misma Universidad. A la derecha está el cuartel de la Guardia Civil. Diles que vengan pronto, porque el perro es capaz de matar a este hombre, y hay que evitarlo. Si se mueve…. -No me muevo, imbécil. Dile al perro que se retire. -Eso jamás. Si te mueves o tratas de escapar el perro te alcanzará. Ya la chica se fue, y pronto volvió acompañada con la Guardia Civil -Ah, Ya lo conocemos. ¡Volverás a la Cárcel, Miguel. Tú te lo has buscado. -Le devolveré todo lo que le he robado, pero a la cárcel no. -Eso lo decidirá el Jefe. Y los tres se fueron, mientras yo seguí jugando con los niños y me fui a casa. Al día siguiente paseando por el Campo de Volantin me encontré la chica, le pregunto -¿Te ha devuelto el dinero? -Sí, todo. Gracias. -¡Anda! Pero si a tu amiga la conozco yo. ¿Qué tal Hezel? -Pues muy bien. Vengo para inscribirme en la Universidad. -Aquí en la Universidad de Deusto es muy difícil. Si no tienes una buena recomendación… -No conozco a nadie. -Esta Universidad está regida por los Jesuitas. Yo conozco a todos los Padres. Pero si no hay plaza… -Haz lo que puedas. -Ya me ha dado tú teléfono Aguirre. Hoy hablaré con el P. Superior. Y si te pueden admitir te lo comunicaré. -¿Y tus compañeras, las de Vigo? -En Vigo están. Ojalá estuviesen aquí tus amigos. Me sentiría más acompañada. -Es que te conocí en Vigo a causa de un ladrón, y ahora a causa de otro ladrón. -Jajajajajaja. Pues sí, es verdad. Menos mal que llevaba el perro, porque tengo entendido que el ladronzuelo es de armas tomar, aunque la pistola resultó ser de juguete. -¿Entonces mañana me dirás algo? -Espero que sí. Venga, pues, hasta mañana -
EL MELERO ….Y volviendo la mente atrás llego hasta cuando tenía un año. También me recuerdo de otras muchas cosas, pero hoy tengo un recuerdo especial para el viejo melero. Era este un hombre que de tarde en tarde pasaba por la empedrada calle, allí por donde no pasaba ningún coche, porque esa calle iba a morir a un sendero del bosque que se perdía entre los árboles y a donde nos agradaba mucho ir a jugar. Yo era de los más pequeños. Tenía un año, tal vez año y medio. Aun me parece estarme viendo con un pantaloncito azul y un jersey rojo jugando con otros niños muy mayores. Algunos debían tener cinco años, porque eran los que cuidaban de mi personita. El viejo melero traía un enorme jarro de barro colgado al hombro, dentro del cual tenía un cazo de madera. En el otro hombro tenía una romana, que era con la que pesaba la miel Cuando los niños lo oíamos gritar por el sendero del bosque “EL MELERO” todos corríamos hacia él. Entonces se sentaba dejando su carga encima de unas piedras y cogiendo una ramita de cualquier árbol, la metía en aquel gran jarro, y a cada uno nos daba un palito untado con su sabrosa miel. Luego nos enviaba para que avisáramos a los padres para que le compraran miel. Yo no podía ir tan aprisa como los otros, por eso le daba la mano al viejo melero, y él me llevaba hasta mi casa donde mi madre lo esperaba para comprarle un kilo. Decían que era miel de la Alcarria, de las abejas que se alimentaban saltando de flor en flor con el néctar de los tojales de la montaña. El viejo melero era muy apreciado por todos los vecinos, pero los niños lo queríamos mucho, porque nunca se olvidaba de nosotros. Su chaqueta recosida por los codos olía a miel. Su vieja boina que tal vez alguna vez ha sido negra, pero que ahora tenía un color verdoso, también olía a miel. Sus manos callosas, con las que nos acariciaba y a veces ponía sobre nuestras cabezas también olían a miel. Así que nosotros lo seguíamos por ver si adivinábamos donde tenía su casa. Un día lo seguimos bajando la colina hasta la playa. Y allí en la playa ¡oh desilusión! Tomó una pequeña barquita de remos y saludándonos con la mano mientras remaba se fue perdiendo entre las olas del mar azul. Pero un día el melero dejó de venir. De nada servía asomarse a la pared, una pared muy alta que a mí me llegaba por la barbilla, pero que dentro de cuatro años se hizo más pequeña que yo, porque el Melero no venia.. Nada. El melero se había ido tal vez por otros senderos. Un mendigante de aquellos que venían por las puertas esperando un trozo de pan, nos dijo que el melero no venía porque estaba en su cama muy enfermo. Entonces todos los niños de la escuela le pedimos al maestro que nos llevara a ver al viejo melero, porque estaba muy enfermo. Era una de esas bellas mañanas de mayo, cuando los días ya son muy largos. El maestro alquiló un coche que se llamaba Rubia. Y en la rubia nos llevó a ver al melero. Pronto llegamos a su casa, que estaba en un recodo de la bahía, al otro lado del Peñón de Gibraltar. Era una casucha pequeña. Yo iba de la mano de mi hermano mayor, ansioso de ver a mi amigo el melero y de paso ver también las jarras de miel. Subimos unas escaleras estrechas. Allí, en una habitación con una ventana sin cristales, desde la cual se veía el mar, y por donde entraba el rugir de las olas, había un camastro. Y en el camastro el viejo melero. Debía estar muy enfermo, porque hablaba poco, y a todos nos sonreía. En pijama y levantándose como pudo, ayudado del maestro y de dos chicos mayores, se acercó a una gran jarra llena de miel. De la cocina trajeron algunos platillos, y su hermana, también muy mayor, nos puso una cucharadita de miel a cada uno. Una miel muy sabrosa que nosotros comimos sin esperar palillos ni cucharas, así como debían comerla Adán y Eva, a lengüetazos. Después, antes que la noche cubriese los campos, nos fuimos otra vez a casa. Un día el maestro no mandaba comenzar el trabajo. Parecía que estaba muy preocupado. Y con voz baja, en un solemne silencio nos dijo: Hijos míos, mis queridos alumnos hagamos una oración porque el melero se ha ido al cielo. Yo tenía la duda de si se llevaría al cielo las jarritas de miel y le pregunté al maestro, el cual me contestó que en el cielo no se come miel. Me quedé pensando que si no se come miel… Y le digo al maestro: -Pues si no se come miel ¿para que se ha ido al cielo? -Porque en el cielo hay otros manjares mejores. Y todos nos callamos, mientras que por el rostro de alguna niña rodaba una lágrima que se moría en sus labios, o que se escondía entre las melenas de su cabello.

jueves, 11 de diciembre de 2014

DE LA ORACION En primer lugar vamos a ver que es oración. Orar es hablar. Hay oraciones gramaticales. Hay oraciones espirituales. La oración gramatical es el modo de darnos a entender escribiendo o de viva voz los unos con los otros. La oración espiritual es el modo de hablar con Dios. Para hablar con una persona consideramos que ella nos está escuchando. De lo contrario sería igual hablar que no hablar. Para hablar con Dios (orar) tenemos que saber que el mismo Dios está escuchándonos. Está presente a nuestra oración para concedernos lo que le vamos o estamos pidiendo. Por lo tanto para orar hay que hacer, primero de todo, lo que se llama COMPOSICION DE LUGAR. Esto significa que tenemos que saber que el lugar donde estamos orando allí mismo está Dios. Está Jesús y está también la Virgen. Nuestra oración la escuchan sus Majestades Divinas. Dios Padre. Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. A su lado, sin ser una persona de la Trinidad Santa está la Virgen María. Es necesario que esté, porque ella tiene un papel muy importante en nuestra oración. El Papel de María es poner su intercesión, sus méritos a favor del que ora y de aquel o aquello por quien se ora. Es decir. María es una potente intercesora. La más potente intercesora delante de la Santísima Trinidad es María. Estamos sabedores que todas estas personas celestiales están atentas a lo que oramos. Todos ellos escuchan nuestra oración porque pueden escuchar por separado a todo el mundo orante. Y aún más. Sabiendo que estamos en la presencia de Dios debemos pedir con la misma confianza que si vas por un camino y de pronto te encuentras con un viajero. Ese viajero es Jesús, es Dios. Y al darte cuenta que vas hablando con el mismo Jesús, con el mismo Dios te vas a sentir un poco desfasado. Y dirás como Pedro: Apártate de mí, Señor, porque soy pecador. No dirás un “pobre” pecador. Sino Un pecador de tomo y lomo. Pero con el Hijo está eternamente las Madre. Figúrate la sonrisa de la Madre que te toma de su mano y te acerca a Jesús. María la Intercesora. Jesús el Dios Hombre. Y la Trinidad Celestial…todos escuchándote a ti. Entonces si haces oración por un enfermo no puede exigir. No vas a decirles. ¡Cura a este enfermo, que le duele mucho el pecho!, Nooo. No dirás así La humildad te va a hacer que pidas con HUMILDAD. Una oración sin humildad no vale. No alcanza lo que pide.- ¿Os recordáis de la escena del templo, el Fariseo y el gentil? Por eso vas a pedir con humildad. Y con humildad se pide al Señor. : Señor, solo si es tu voluntad, porque yo no soy nadie para darte consejos a Ti, oh Dios. Mejor que tú nadie sabe lo que mejor necesita esta persona. Por lo tanto Señor, solo concédelo si es tu voluntad. Es decir NUNCA JAMÁS PODEMOS DEJAR DE PEDIR SIN DECIR SI ES TU VOLUNTAD. Aunque todos los seres humanos digan lo contrario Siempre hay que pedir que se haga la voluntad de Dios. Muchas veces la voluntad de Dios es que no se cure. Y se morirá porque nosotros estamos muy abajo y no vemos más allá. Pero Dios ve más allá. Por lo tanto siempre pedir según la voluntad de Dios. ¿Qué parece que diciendo eso falta fuerza a la oración? No lo sé, pero sé que ni yo ni nadie puede decir a Dios lo que debe hacer. Dios no necesita nuestros consejos. Pedir la curtación si es voluntad de Dios, aunque parezca que se derrama la medicina por el suelo. Y quien piense lo contrario piensa con cierta soberbia encubierta. Jesús dijo: Pedid y recibiréis., Pero pedir con fe, incluyendo siempre la Voluntad de Dios. ¿Qué lograríamos alcanzando de Dios una gracia que Él no la tuviese en su voluntad? Pues nada bueno. La oración nunca debe ser imperativa. Y quien lo piense de otra manera que no olvide que somos hijos, niños, ignorantes, ciegos, de mente muy torpe ante la Sabiduría y Voluntad de Dios. Cierto es que el hombre no hace la voluntad de Dios en muchos casos. Y eso no es bueno. Eso es malo. Y pedir a Dios algo que ignoramos las consecuencias eternas entonces mejor y más seguro es pedir siempre si es la voluntad de Dios. ¿Qué pensáis que son las enfermedades? Pues nada menos que una preparación para que el alma se prepare para el Gozo Eterno en la Felicidad Eterna. Otra vez< seguiré.
RIOTORTO Riotorto es una aldea llena de encantos. En las laderas de una colina trepa por una majestuosa colina, dejando abajo en el valle un rio truchero, que acuna a los habitantes con su eterno pasar. Huertas llenas de verdor, predios bien cuidados, caminos en cuyas laderas nacen las flores entre la hierba, flores colgantes de campanillas, milicrocas, flores-pajaritos que en pocos lugares se pueden ver. Y otras muchas de color amarillo, rosa, fucsia, azules, blancas y rojas. Todos los caminos de Riotorto están llenos de aromas y de encantos. A las laderas crecen feraces los castañoss, a veces con sus recadeos, a veces con su fruta que cae, como si una mano prodigiosa te ofreciera su encanto. Galicia no es igual y Riotorto es diferente de toda España. La tierra de Riotorto tiene otro tacto, otra suavidad y color, Los pájaros entonan sus cantos durante el día. A veces parece una selva que caminase al son del rio, un rio que va torciéndose y serpenteando de un lado a otro, siguiendo una ruta trazada por los siglos hasta llevar sus nítidas aguas al mar. Riotorto es el lugar del sosiego, de la luz y de la paz. Allí nadie tiene prisas ni estrés, allí se para, se charla con el conocido o no conocido, y en pocas horas tienes un amigo incondicional. Sus casas tienen siempre las puertas abiertas para el que llega. Un lugar encantador, por sus gentes, por su trato, por su cambiante verdor y sus huertas es el lugar llamado las Rodrigas, donde no hay policías que multen, donde no hay juventud tarada con las drogas, donde hay un ayuntamiento para resolver tus problemas. La polución está ausente, porque son pocos los vehículos que van de un lado a otro. Hay librería, farmacia, panaderías. Allí en Riotorto puedes disfrutar de buenas y sanas comidas gallegas. Puedes saborear las ricas truchas de su rio, el Rio Torto, o retorcido. También el templo es bonito, donde se pueden escuchar los sonidos de “ave de Fátima”. Un paseo al son del rio te encantará. No solo la variedad de pajaritos y su encanto, sino también podrás disfrutar de edificios antiguos sociales como un viejo molino de antaño, una fábrica de muebles, un mazo donde hasta hace poco fluía de una planta rudimentaria luz eléctrica. Porque los habitantes son emprendedores, y gentes muy inteligentes. Si piensas ir a Galicia, o a las Mariñas escribe en tu agenda “Riotorto” y te agradará haberlo visitado, y más si llegas a comer el tocino, o chorizos de los que se fabrican en cada casa donde matan sus cerdos. Si dejas a un lado el núcleo de Riotorto puedes hacer un senderismo hasta Meira, hasta Puentenuevo, Hasta Villaseca, Hasta Espasande. Y cada vez encontraras otros encantos. Por ejemplo el ECO el eco que ya en muy pocas aldeas se escucha. El eco de tu voz, por ejemplo en Mielan. Desde el alto de una colina llamada Ponte real, puedes hacer cualquier pregunta y te la contestarán. Por ejemplo preguntas “¿Qué tiempo hará mañana?” y el eco te devolverá la pregunta. Pero si insistes entonces te dirá. Mañán non chove, pero trae o paraguas. Si preguntas "¿Qué tengo en las manos? el eco te contestará ¿Que tengo en las manos? y luego en voz bajita te dira: "Dedos, muchos dedos, y me voy a dormir" Pero eso solo lo podrás escuchar si llevas el aparato. A veces por las tardes los jóvenes juegan a los bolos. No te preocupes si no sabes. Ya te enseñaran, de paso que tendrás a tu lado un vasito de buen vino y un buen bocadillo. En los días de aire los crepúsculos son para ver y escuchar. El aire se queja entre las ramas, y hay quien dice que son las almas de los que abandonaron el pueblo y desde lejos claman por volver. Galicia es tierra meiga. Pero Riotorto es tierra de embrujos, donde las mujeres son hermosas, airosas y alegres. Donde los hombres son trabajadores, alegres, y sociables, Donde los niños juegan haciendo las horas más hermosas. No he oído nunca decir que en esta aldea alguien padeciera de depresiones. Es que la naturaleza y el hombre aquí se funden en fraternal abrazo para hacer gratas las cuatro estaciones del año. El invierno con sus calvas blancas en las montañas. El Otoño llenando caminos y senderos de hojarasca que cruje al pisarla, La primavera con sus flores, sus encantos, su brotar el verdor por todas partes y el veranos para salir de merienda por los campos, porque gusta más comer a la sombra de los arboles acompañados de amigos. Amigos para siempre, como son los moradores de Riotorto. Me gusta ·
La cerradura. Cansado de dejar el ordenador del despacho de mi casa sin clave y al alcance de todos, después de años en que cualquiera pudiera tener acceso a él, y cansado de emplear mi tiempo libre en arreglar cosas viejas, en vez de charlar con mis amigos, hasta el punto de que ya últimamente no entraba en el Chat, decidí por unanimidad, es decir yo y mi, en poner una cerradura al despacho El despacho es una pequeña habitación donde solo cabe un sofá, dos librerías, una estantería apara mi acordeón, para mis libros, los que yo escribo, y para mis hobby. Pero pocas veces podía entrar, porque como estaban los amigos no cabía yo. Decidí, pues comprar una cerradura ponerla a la puerta y si alguien llamaba les contestaría desde adentro: “No estoy, lo siento. Cuando venga los avisaré. Dejen sus sugerencias por debajo de la puerta”. Y me fui a la ferretería Montero. --¿Qué desea el cliente? -Una cerradura para una habitación, que no sea grande ni pequeña ni mediana, sino todo lo contrario. -Solo nos queda una. -Pues me la llevo. Llego a casita, después de admirar desde la colina el mar en calma, sentado bajo una palmera para que no me molestasen los rayos de este cálido sol invernal. Todo ilusionado comienzo mi trabajo: Hago el vano de la cerradura con una gubia y un cincel. Pruebo y cabe exacta. ¡Muy bien, eres un lince, tío! (Lo dije muy bajito porque estaba satisfecho de mi obra. Y coloco la cerradura. Pero no encajaba a mi gusto. Volví a sacarla a empezar. Y la cerradura que nones. Cuando me pareció que ya estaba bien, hago el agujero de la maneta y el del bombín. Pero no había manera. El de un lado tiraba al norte el del otro lado un poco más al sur. Teniendo en cuenta que al medio día la sombra da hacia adelante y ese es el norte. Pero, claro, no alumbraba el sol, sino una portátil. No. No cuadraba, Había que deshacer lo hecho, y pensar los sudores que yo derramé. Tantos como un desterrado hijo de Eva y de Adán. Por fin entró el bombín y la maneta. Quise poner los tornillos, pero la madera de mielsa es muy dura, y se iban a otro lado. Por fin pude terminar, después de varias horas. Faltaba el Pañ del dintel. Después de agujerear el dintel coloqué la pieza. Pero súper imposible. Allí ya se me acabaron los restos del sudor. Me senté vencido y humillado. Definitivamente estaba perdiendo cualidades. Y me puse a cantar una bella canción con el acordeón que dice: Cuando oigas estas coplas que tú ya no soplas como mujer. (Y me callé, porque quien no soplaba era yo, y yo no soy mujer. Volví a intentarlo. Y… ¡Oh, sorpresa, oh pánico, quebranto, miedo, y terror! La puerta la cerré, pero me quedé encerrado dentro de mi despacho sin nadie que me escuchara, sin que una mano, ni una ayuda o un miserable ladronzuelo se le ocurriera venir a robar… ¡Le daría cien euros de propina si me sacaba de mi despacho, que ahora se me asemejaba a un antro asqueroso y horrible. Menos mal que tenía un martillo en la mano. Después de darle incontables martillazos cedió el bombín, y pude salir. ¡Esa miserable cerradura, forzada e inservible, era una traidora! Ya no lo intenté. Llamé a un amigo para que viniese en mi ayuda. Me dijo que venía en un momento, porque dentro de dos horas se iba a Valencia. Y vino. Al llegar y escuchar mi triste historia, se echó a reír como un loco. Luego me dice: -Esto es muy fácil, hombre. Mira. Se entra en el despacho, se mide bien el pasador… -¡Noooo! ¡Nooo! En el despacho nooo, que te pesará. - ¿Pesarme? Mira. Se prueba, y veo que va muy bien. Cierra muy bien. Ahora abro y me voy a prisa. Pero no se puede abrir. ¡Ja! Vaya gracia. Me quedé encerrado en tu despacho. ¿Por qué no me has dicho nada? -Intenté, pero no me has dejado -Pues sácame de aquí, que tengo prisa y también claustrofobia. -La claustrofobia no arregla nada. Y la prisa …tendrás que esperar que vengan los bomberos. Yo no puedo hacer nada. -¿Rompo la puerta ¡ -Rómpela, pero te advierto que es de “mielsa” y blindada, como las otras. -¡La madre que la p…! ¡Yo me desmayo. ¡¡Sácame de aquí!! -Tómatelo con calma. Ahí está el acordeón. Puedes tocar un paso doble… -Oye, no te coñees. Tengo prisaa. Llama a quien quieras. Pero sácame de aquí. -Mira, ya se está haciendo de noche. Yo puedo empujar la puerta, y tú tira. -¡Vale. Voy a darle con la maza al bombín! Y el bombín saltó y mi amigo se fue bufando como un gato. Yo me tomé el desayuno, la merienda y la cena toda junta, porque no había tenido tiempo. Y me fui a dormir. Cuando me levanté bajo al jardín a coger unas cuantas naranjas del naranjo para exprimirlas como nos exprime Hacienda, y me las desayuné. Llega José Luis, un amigo. Le cuento la historia, y dice que eso lo arregla él enseguida. Pero no quise porque no soy partidario de privar de libertad vigilada a nadie. Saqué la cerradura. Con un aparato electrónico medí los ángulos y veo que están inclinados. Así que con su ayuda coloque mejor la cerradura y ya está. Pero a costa de hacer y deshacer varias veces. ¡Ey, no perdáis el cuento de vista, porque tiene su moraleja!

martes, 9 de diciembre de 2014

LAGO DE GALILEA. EL LAGO JUNTO AL CUAL HA ESTADO SAN FRANCISCO DE ASIS. El lago de Galilea es precioso. En sus riberas se respira un no sé qué tan maravilloso como si estuviéramos entre ángeles. Sus aguas nos hablan de Jesús. Aquí conoció a sus discípulos, aquí estuvo muchas veces en la barca de Pedro, aquí ha caminado sobre las aguas, aquí ha calmado los vientos y la mar, aquí paseó innumerables veces por sus riberas, aquí se apareció a Pedro cuando le ordenó cuidar de sus ovejas… Todo este lago nos habla de Jesús. Llegamos una mañana de primavera cuando el sol llenaba de arrebol las cumbres de las montañas. Sus plateadas aguas en calma, cual nítido espejo podrían reflejarse las dos colinas que arrancan desde él en constante subida. A un lado y a otro se pueden ver a Tiberiades, Cafarnaún, Betsaida, Beter…Este lugar es bellísimo. Aquí nace la hierba por doquier, Hay muchos viñedos y frutales, el trigo da grandes espigas Este Lago recibe las aguas del Jordán, un río de aguas dulces que trae sus aguas de las vecinas montañas, también otros pequeños ríos desembocan constantemente en él. Pero…todos esos miles y millones de toneladas que aquí llegan, que hacen esta maravilla del Lago, ¿a donde van después? Después del Lago no van a ninguna parte. Se quedan en el Lago como si les agradase estar allí eternamente. Ese Lago de Nazaret no tiene salida fluvial- Recibe agua y agua, pero ahí se queda sin que su capacidad, sin que se llene jamás. El Lago de la sed insaciable. Su antiguo nombre es Kinéret, que significa Violín. Ya se nombraba en la antigüedad más remota con otro nombre porque distinto era el idioma de otros tiempos. Aquí no acaba el misterio, pues según van avanzando estas dulces aguas van tornándose saladas hasta el punto que son tan saladas que en vez de un Lago lleno de vida se transforma en un Mar Muerto. Un Mar donde ningún tipo de vida es posible por su salinidad extrema. Cuando por la noche, en una de esas últimas noches que debíamos estar en este bello rincón del mundo nos fuimos a recorrer sus riberas, era de ver como las estrellas se reflejaban puras en sus aguas. Unas estrellas grandes, más grandes de las que se ven en España, mucho mas, y mas hermosas. Allí se reflejan como en otro cielo. Es el Lago de la Tranquilidad. Pero no siempre es tranquilo, pues hay veces que el más espléndido día se trueca de golpe en negras tempestad. Las barquitas que están faenando deben ir a prisa a la ribera, de lo contrario se exponen a ser engullidas por sus turbulentas aguas. Ese es el Mar de Genesaret o de Galilea. Es el Lago que San Francisco ha contemplado más de una vez en su vida, y junto a él quedó extasiado de Jesús, de ese Jesús que llenaba siempre su vida, que constantemente adoraba en el Sagrario, porque es en el Sagrario donde se bebe la sabiduria, donde hay que llenarse de ciencia y saber para luego, como San Francisco de Asis derramarlo por todo el mundo y por todos los tiempos..
En el Ser Humano hay dos puntos intangibles. Nadie puede decidir más que el propio sujeto. Lo demás seria transgresión y violencia. Esos dos puntos tan intimos y propios de cada ser humano es el corazón y el sexo. Nadie puede obligar a otro a darnos su amor. El mismo Dios no obliga, ni quiere que lo amen a la fuerza. El amor se da espontaneo, y desea ser compartido. Si no se muere. El sexo es la intimidad de cada persona. La misma persona debe ser consciente de que no es tan solo un animal, sino un ser humano, donde debe saber guardarse, tanto el hombre como la mujer, para un Matrimonio donde entre en acción el sexo, no antes, no después. Solo en el matrimonio y con el fin establecido por Dios, de que amabos, hombre y mujer, sean portadores de la vida para que nuevos seres habiten el cielo. Cuando en el mundo funcionen correctamente estas dos cosas habrá paz, se acabartán las guerras y todos seremos felices.
HISTORIA REPETIDA POR PETICION DE MIS DOS AMIGUITOS, Pedro y Caro. Hasta siempre Anabel. Pequeña historia de una niña Aquella tarde se presentó en mi despacho una joven. Estaba embarazada. Bajo una terrible depresión, me fue contando como ella no deseaba tener aquel niño, y levantando la voz me pedía un abortivo. Todas las razones que le daba eran inútiles. No quería tener a su hijo. Entonces, en uno de esos arrebatos que a veces pasan por mi mente le dije. -¿Por qué? ¿Cuál es el motivo porque no lo quieres? ¿sabe tu esposo que quieres abortar? ¡De inmediato me explicas las causas! -Bajando un poco la voz me dijo. -Odio a mi marido. Pedí la separación, e hice constar que no estoy embarazada. De esa manera no podrá reclamarlo. No quiero que nazca mi hijo. Dame un abortivo.No quiero nada que lo imite -Muy bien. Dentro de pocos meses tendrás a tu hijo. Me lo quedo yo. Ya no me acordaba del incidente cuando una noche suena el teléfono. Me levanto malhumorado y pregunto -¿Quién es? ¿Qué desea? -Hace un mes tuve a mi hija. Puedes pasar a recogerla. Lo has prometido. -Mañana te iré a visitar a las diez Llamé a mi hermana y le expliqué. Ella me dijo: No te preocupes. La traemos, la criamos, y cuando quiera que venga a recogerla. Es de ella. Pero a la niña nada le faltará Desde ese momento esa niña formó parte de nuestra familia. Una pequeña alegre, cariñosa, muy inteligente. A veces su madre venia a visitarla, pero siempre se iba diciendo “Con ustedes está muy bien”. Ni siguiera un beso ni una caricia. Tenía año y medio cuando ya hablaba bastante bien, corría de un lado a otro. Toda la casa era de ella. Todo lo quería tocar, todo lo que tocaba era objeto de juguete, por ejemplo mi armónica. Todo se lo permitía, menos tocarle a mi vieja armónica. Esa armónica me la había regalado una persona que yo quería mucho, y además me agrada tocar la armónica cuando estoy aburrido. Cuando la pequeña Anabel oía sus sones, aparecía en mi despacho, salida de no se sabe donde, para que le dejase soplar solo una vez. Y siempre lo conseguía. Ya tenía tres años. Sus amiguitos eran muchos. De todas partes venían a estar en el jardín junto a ella. En los columpios, en los toboganes, haciendo piruetas, jugando al escondite… Luego, cansada invitaba a sus amiguitos a subir a mi despacho porque les decía que yo era su papá. Llegaban, comenzaban a tocarlo todo, mientras a mi me entraba un siniestro sudor por la espalda y terminaba echándolos a todos al jardín. Pero antes debía dejarle soplar una vez la armónica. Con eso era suficiente. Un añito más. El día de su cumpleaños le pregunté que quería que le regalase. Y me dice: -Verdad que los papis dan a sus niñas todo lo que ellas les pidan? -Claro que si -Entonces regálame tu armónica. -No, eso no. Primero porque sabes quien es tu papi, lo conoces. Y nunca te regala nada. -Yo quiero que lo seas tú -Suponiendo eso tampoco te regalo mi armónica. Pero te compro otra igual. -Que no. Que quiero la tuya. Y sino me pongo así (lo decía cruzando los brazos y poniendo cara de enfadada) -Bueno, pues te pones así. Y yo también. Vamos a ver quien aguanta mas tiempo así. -¿Por qué tiene que ser otra filarmónica y no la tuya? -¿Y porque tiene que ser la mía y no otra? Luego se acerca, me da un beso y me dice. -Está bien, pero dame un beso, muy fuerte, muy fuerte. Y ya no me des la filarmónica, pero déjame soplar un ratito -Estaba a punto de cumplir los cinco años. Siempre que podía se acercaba a mi despacho y soplando la filarmónica se iba diciendo -Hala, ya está! Cuando yo estaba agotado por mi trabajo, o triste por algo, se acercaba, se sentaba en mis rodillas y acariciándome las barbas me decía -No estés triste. Estoy yo aquí. -Venga. Sopla un poco la filarmónica y vete a jugar al jardín. Ya habían pasado unos años Era un precioso día de primavera. Los amiguitos se iban de excursión a la vecina montaña. Sube precipitadamente y me dice -¿Me dejas ir con ellos? Te prometo ser muy buena, muy buena, tanto como la Beti (la gatita). -¿Quién os lleva? -Vamos con la mamá y el papá de Leonor. -No, pequeña. No te dejo ir. No me fío de ellos. Él es un …bueno…bebe algo, y claro…No vas a ir -¿Y si me enfado? -Me da igual. No vas a ir. Si quieres vamos con los niños de la tía (mi hermana) y con la tía que van a Comarrugas -Entonces voy a decírselo a mis amiguitos Y subimos la colina, mientras los niños jugaban alegres. A la hora de comer nos sentamos en la hierba y comimos nuestra comidita. De pronto Anabel comienza a llorar y gritar -Que tienes, pequeña? ¿Qué te sucede? -Esa serpiente me mordió Pude ver al reptil arrastrándose muy cerca. Me di cuenta que era una víbora de los peores áspides. La tomo en brazos y la llevo al hospital. El veneno había hecho efecto. No era posible hacer nada. Lívida se moría Entonces abriendo un poco los ojos me miró y me dijo: -Papi, en tu bolsillo está nuestra armónica. ¿Me dejas tocarla? Saqué la armónica y se la di. Comenzó a tocar, pero su aliento era imperceptible…. Soltó la armónica, y balbuceando sus últimas palabras me dijo -Papi… Al tiempo que alargaba sus bracitos hacia mi. Me abrazó con las pocas fuerzas que le quedaban, y después de unos minutos dejó caer su hermoso cuerpo sobre la almohada….Había muerto….. Yo me la quedé mirando…Tome la Armónica y en un movimiento involuntario se la llevé a sus labios…. Mi hermana me separó del lecho, mientras le arreglaba las hermosas trenzas de su cabellera. Una gran procesión de niños vino a su entierro, y algunos dejaban en mi rostro un beso húmedo de lágrimas. A los dos días, visité la escuela, que rigia mi hermana y vi que en el sitio mejor ya no estaba la más apreciada de todos aquellos, Cuando vi su cartera sobre su pupitre y un libro sin dueño…cuando vi en su cajón su libreta olvidada, y su pluma en su mesa…y observando que en los rostros de niños y niñas caian en silencio sus lagrimas al suelo…apreté con rabias mis manos. Y mirando por los cristales de las viejas ventanas por donde asomaba Anabel sus ojos azules para ver los trigales en flor, sin querer lancé un grito de dolor preguntando la brisa: ¿Dónde está Anabel. No me dejes tan solo, y ven… Ven, no te vayas… Vuelve conmigo Anabel. Los niños prorrupiron en llanto. Entonces poniéndome de pie les dije: -Podeis iros. Quiero estar solo. Y recogiendo su mesa, besé con cariño sus libros y cerrando la escuela me fui a casa. Después….después en mi habitación coloqué la armónica, y siempre la miro antes de acostarme. Pienso que tal vez Anabel, desde el cielo arranque sones más bellos a otra armónica mas linda, y depaso piense en mí.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El Barbero. Septiembre 2012 -Hola Barbero. ¿Qué haces leyendo periódicos? ?Veo que ya has leído veinte. ¿Qué ha sucedido para que tanto te intereses’? -Nada. Es que estoy buscando un empleo. Solo encuentro uno que se repite en casi todos los periódicos. Los demás son de limpia botines, y como casi nadie usa botines…Por eso sigo buscando. -¿Y cual es ese que se repite en todos los periódicos? Tal vez me interese a mí. -¿A ti? Pues no sé cuál empleo te asentaría bien, porque eres un holgazán de tomo y lomo. -Menos, menos. Léeme ese empleo a ver que dice. -Dice así: “Se busca persona valiente para cuidar mosquitos durante las noches. Si alguno se mueve debe atarlo y buscar ayuda, El número de la Policía es 22-122, 22 22. Solo se presenten personas muy valientes. Los demás abstenerse, por favor. Remuneración dos mil euros mes más seis pagas extras de la misma cantidad. -¿Y tú no te atreves a cuidar mosquitos? -No sé. Tengo miedo a que me piquen y pueden trasmitirme la maría. -Querrás decir la “malaria” -Me da igual. -¿Y pone que están vivos? Porque no creo que se puedan cuidar mosquitos vivos, pues se escaparán por las nubes, o vete a ver. Mejor pregunta. -Tienes razón. ¿Cómo no se me ocurriría? Voy a llamar Aquí está el número. -Trrrrrriiiggggg Trrriiigggg -¿Qué mosca le pica a estas horas? ¿Qué es lo que quiere? --Llamo por lo de los mosquitos. --Vaya. Es usted el número ciento treinta que llama, y todos renuncian. Por eso si usted renuncia tendrá como castigo un ADCAPYA.. (AÑO DE CARCEL A PAN Y AGUA) -Vale, vale. Yo acepto. -Pues venga a firmar. Nuestras oficinas no se cierran. Debe dejar en depósito tres meses por adelantado del sueldo antedicho. -¡Y como sabré yo que no se quedan mi dinero, y sean ustedes una empresa fantasma!? -Oiga, si quiere le meto una paliza, y verá usted como no soy fantasma. -Vale, vale. Voy a firmar. ¿Cuál es la calle? -Calle de la muerte morida, número trece. Me parece que es ésta la calle. Voy a ver si leo bien: “•Calle de la Mente Mónica… “No, ésta no es. Voy a ver si es más adelante. Por fin llegue. Voy a llamar a este portal de hierro No se ve a nadie dentro. Pero aquí es. -¿Ay alguien? -Estamos todos /contesta una voz tétrica y lúgubre/ Pasa pasa. -Sin empujar, por favor. ¿Pero donde está usted que no lo veo en esta noche negra? -Es que soy negro. -Ah, vale. ¿Es de nigeria?. -Sí. -¿Y que tengo que hacer yo aqui? -Yo soy un “morido”. Solo hago que obedecer ordenas. Debe entrar por este nicho -Oiga, ¿Pero es esto un cementerio?. -Claro. ¿Es que no lo ve?. -No. Yo no veo en las noches. Y usted es un invisible. ¿Lo puedo tocar?. -Ni se atreva. Usted no me puede ver ni tocar porque soy una emanación gaseosa. -¡Ay mi madre! ¡Esto no me lo esperaba yo! ¿Entonces con quien estoy hablando? -Con un mosquito. ¿Le han dicho que debe cuidar mosquitos y si alguno se mueve o trata de escaparse debe matarlo? -No. Yo no mato a nadie, aunque me piquen. -Provemos a picarle. -Aaaayyyy. Eso no es una picada de mosquito. Eso es una puñalada en toda regla. -Se equivoca. Solo ha sido con la nariz. -Pues tiene usted una nariz muy afilada porque me ha atravesado la espalda de parte a parte. Y luego dice que no le puedo tocar. ¿Es usted un mosquito a un pararayos?. -Un mosquito. Pero de los vivos. Usted debe cuidar de los muertos. -No me agrada estar por las noches en este solitario cementerio solo en compañía de unas voces orrorosas que salen de los sepulcros que chisporrotean con llamas azules, fosforescentes… Me voy -Jajaja. Usted no pueden irse. Yo mismo lo llevaría al polo norte y lo convertiría en un mosquito como a mi me han convertido. -Dígame donde está ese dichoso nicho, y vaya usted delante. -¡Oiga, se ha creido que soy tonto?. El nicho está habitado. ¿Recuerda usted a la Faraona?? -¡Claro que la recuerdo. Era Lola de España! Pues no es la Faraona, Es el Faraon quien está en esa tumba. Usted debe pasar sobre su cadáver. -¿Y a donde voy a salir? -A Egipto. ¿O se ha imaginado qie iba a salir al palacio de la Moncloa?. -Bueno, pero no retrocederé en el tiempo.? -Pues claro que retrocederá. Los mosquitos están en las tumbas de los faraones. -Pues no entro -Ya no puede volverse atrás. Yo mismo tiraré de usted. -¡Suéltame, idiota, que me arrancas un brazo!. Ya iré poco a poco caminando hacia el pasado.