martes, 2 de diciembre de 2014
DE PASEO POR LOS CAMPOS admirando la belleza de Dios
Llegó la primavera. Las golondrinas cantan alegres anunciando que el invierno queda atrás
Las madreselvas, las peonias y los jazmines mezclan su aroma con las flores de azar agradeciendo a Dios ese don de perfumar a los humanos que pasan a su vera.
Los pintados pajaritos cantan alegres aquí y allá agradeciendo a Dios los granos de los trigales, aun en flor, porque pronto será un alimento que Dios va sembrando con abundancia por las campiñas y los collados.
Y el sol penetra entra las verdes ramas, dejando dibujado en el suelo negras sombras juguetonas como los niños que juegan tranquilos en las eras y junto a los ríos
Un poco más lejos una cascada de agua cayente dibuja al arcoíris en múltiples colores para recordarnos la hermosura del cielo.
Las flores, cual bella alfombra de mil colores se extiende a nuestros pies ofreciendo su mágica grandeza en su sublime humildad, y contenta se sienten cuando el hombre pisa ese encanto de inaudita hermosura.
Las casitas de la serranía parecen, a la luz de la mañana bellas sultanas recostadas en las colinas que trepan feraces hasta la cima.
Los niños cantan alegres contemplando el cielo azul con algunos girones blancos que pasan a la deriva por los campos siderales. Aquí y allá, cerca y lejos corren, juegan saltan, retozan alegres porque la primavera se deja sentir con alegría.
Abajo, en los ríos, los nenúfares asoman entre los verdes líquenes, haciendo un bello ramo que adorna los valles.
Es mayo. Los patios se engalanan para celebrar la cruz de mayo del sur que se levanta en los patios y tras las cancelas de los jardines.
Ahora pasa una nube que cruza los cielos, y al pasar cubre el sol y deja caer una inesperada lluvia que pronto cesará. Los campos y los árboles parecen más limpios cuando el sol aparta las nubes. El camino, polvoriento y seco, deja paso a un pequeño arroyo sucio como la cara de un niño juguetón que se mancha jugando con la tierra.
El aire ahora es más limpio. Se parece a los azules ojos de una niña que canta una canción de cuna a su muñeca que tiene en sus brazos.
Llega la tarde vagante de armiño Los pétalos de las flores, mecidas por el viento esparcen esos pétalos perfumando el crepúsculo vespertino que se acerca. El viejo campanario deja caer monótonas y alegres las campanadas que anuncian el “ángelus” y a su son las mujeres rezan un avemaría mientras los hombres repiten “ánimas al cielo”
Ya la noche cubre la aldea y los niños vamos al lado de nuestra madre para saludarla con un beso mientras ella nos prepara la cena. Después vamos a dormir hasta el amanecer.
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