viernes, 19 de diciembre de 2014

Estos días hemos recibido una buena noticia. El cielo ha abierto de par en par sus puertas para que todos los ángeles pudieran bajar a la tierra para decirnos: -Hoy os venimos a atraer una gran noticia. Os ha nacido el Redentor, el Salvador. ¿Quién es eses Salvador? -Es aquel que Dios prometió en el Paraísos Terrenal a Adán y a Eva. Es aquel que lo esperaban en el cielo, en la tierra y en el lugar donde estaban los justos, porque sin haber venido él al mundo nadie podría entrar en el cielo. Y nadie ha entrado. Todos estaban esperándolo. Ya ha llegado. Este Niño es de todos. No pertenece solo a los católicos No pertenece solo a los cristianos No pertenece a una determinada región, o lugar del mundo. Pertenece a negros y blancos, a ricos y pobres A buenos y malos A todos los que han nacido hasta hoy. A todos los que nacerán. Es propiedad de todos Viene al mundo, porque el mundo, con todas las personas habidas y por haber son propiedad de Él. Por él ha sido hecho todo lo creado. Mundo, estrellas, planetas, oceanos y mares, La luz y la noche, el viento y las aves del aire y los animales de la tierra. Todo absolutamente todo ha sido creado para este Niño que acaba de nacer. Él es el dueño absoluto, porque el Creador ha querido hacer ese regalo para su único Hijo. Y el Hijo quiso llamarse el Hijo del hombre. Hoy viene al mundo. Pero ha sido desde siempre. Mucho antes de la creación ya era. Si nos hundimos en la profundidad de los tiempos pasados llegaremos a un infinito insondable, y al encontraremos allí. Porque vivía junto al Padre Dios. Porque era Dios y aun hecho hombre sigue siendo Dios. Vino a lo que era de él, a su propiedad, pero el mundo, las gentes no lo han reconocido. Dios habló y habla de muchas maneras. Y el Verbo es la Palabra de Dios. Jesús es la voz visible del Dios invisible Misterio insondable. Vino para tomar posesión de lo que le pertenecía. Pero aquellos que le pertenecían no quisieron reconocerlo. Y los que siguieron al Verbo tampoco fueron reconocidos. Unos apaleados., otros malherídos, Otros asesinados. Y después la gente se concentró uniendo su mente y sus ideas para asesinarlo. Han asesinado a aquel que vino a salvar. Han asesinado a Aquel que solo vino a hacer el bien entre los Hombres. Y los hombres amaron más las tinieblas que a la Luz. Y la Luz brilló entre las Tinieblas, pero las tinieblas quisieron apagar su luz con la concupiscencia y el pecado. Hoy los ángeles se asomaron a las montañas de Belén, y en coro cantaron: Gloria al que era, es y será. Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres de buena voluntad. Y los ángeles cantaron el hosanna al Rey celestial, mientras el Hombre, desagradecido y soberbio repitió como respuesta a la voz de los ángeles. Nolumus unc regnare super nos. Venís del cielo a darnos la buena noticia de que Dios ha bajado a la tierra. Pero nosotros no queremos que reine sobre nosotros. Imitamos a Herodes. ¡No queremos su Reino Celestial! Queremos las tinieblas, el pecado el odio, y amamos nuestras ideas, aunque torcidas, y mataremos a cualquiera que no piense como nosotros en nombre de otro dios. No queremos a un Dios verdadero. Queremos a nuestros diosecillos de paja. Mientras los ángeles decían a los más pobres de aquellos lugares. “Id y adorarlo” ¿Adorar a un Niño recién nacido? ¿Pero qué idolatría es esta? -NO. NO ES IDOLATRIA, porque ese Niño es el mismo Dios, que hoy toma carne humana. Desde este momento comienza una guerra entre el bien y el mal. El Bien dice: Amaos los unos a los otros.” El mal dice: No os améis. Debéis luchar hasta matar toda luz que venga del cielo. Preferimos las sombras. Hoy el mundo va caminando desde el nacimiento hasta la muerte entre dos caminos. El camino del amor, sacrificio, y perdón, y el otro camino del odio, del rencor y de la envidia. Podemos escoger. Quien haga el bien a los demás se salvará. Quien haga el mal no podrá salvarse. En Niño, es de todos. Por todos ha venido a abrir las puertas del cielo. Quien quiera que pase, quien no que se quede sin entrar. La puerta es el libre albedrio. Por el Libre Albedrio ha dejado Dios en nuestras manos el podernos salvar o condenar. ¿Qué le contestaremos a Dios?-

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