domingo, 7 de diciembre de 2014

EL MATRIMONIO COMO SACRAMENTO. Un hombre siente el deseo de buscar una mujer para amarla. Siente el deseo de ser feliz. Por otra parte la mujer siente el deseo de buscar y tener un marido. De darle todo su amor y los dos juntos comenzar una nueva vida. Pero sucede que muchas veces el matrimonio no es el principio de una felicidad, sino el principio de un infierno. Cuando se realiza el matrimonio solo se puede realizar elevando esa unión a Sacramento por medio de un sacerdote o de un diacono. Debe de haber testigos,. Que son los que dan fe que han estado y vieron que ese matrimonio se realizó delante de un sacerdote católico u ortodoxo. Pero hay otros testigos invisibles en cada matrimonio sacramental. Ellos son. El Espíritu Santo, que está presente de un modo especial en todo matrimonio sacramental, y el Hijo de Dios que ha instituido a este Sacramento, y el Padre que está unido al amor del Espíritu Santo y del Hijo. Por lo tanto si alguien se casa sacramentalmente tiene derecho a que su unión, hombre y mujer, se llame Matrimonio. Las demás uniones no son Sacramentales ni sacramentos, por lo tanto no tienen el derecho de llamarse matrimonios y si se dan ese nombre es un nombre falso. Es una mentira presidida por Satanás. Si un matrimonio sacramental se separa y se va al adulterio entonces ha mentido a la Santísima Trinidad. Y si se unen a otra persona conviven en adulterio. El único remedio para poderse arrepentir es el no usar del sexo, ni desearlo. El pecado de adulterio excomulga a quien lo comete. No es Dios quien excomulga. Es el pecado en sí mismo. Dios sigue amando a la persona excomulgada con un amor infinito, pero el pecado de adulterio no permite a Dios perdonarlo. ¿Sabes por qué?’ Porque es un obstáculo a acausa del LIBRE ALBEDRIO. El libre albedrio es la libertad que Dios da al alma para ser totalmente libre. Por el libre albedrio el hombre ha sido creado, para que amara a Dios sobre todas las otras criaturas, incluso el deseo amoroso de ir con otra mujer o hombre. El libre albedrio es el que salva o condena. Depende de como lo use el hombre Algunos creen que con creer que hay una reencarnación y que en la segunda rencarnación van a ser unos santos, esos que así piensan están en un terrible error, y además están haciendo a Dios una grave injuria, porque se creen que Dios solo puede crear algunas almas, y las otras hacer que emigren de un cuerpo a otro. Eso es creer que podemos vivir dentro de un horno encendido con más de tres mil grados de calor. Eso es una mentira. Una aberración de la fe de algunos. NO HAY NINGUNA RENCARNACION El hombre o mujer casados que no puedan convivir con su pareja pueden dejarla para poner de por medio tierra para no estar cada día bajo la pesadilla de sus amenazas y riñas. Pero de ninguna manera pueden pensar que ese matrimonio queda deshecho. La separación no deshace ningún matrimonio. Esto no es orden de papas, obispos o frailes. Esto es Orden Divina de Dios mismo, a la cual están sometidos todos los humanos. El separado puede volverse a unir a su legitima esposa si ella lo quiere, y sino vivir en separación, pero sabiendo que no se puede casar con ninguna otra porque el matrimonio perdura. Tampoco es Dios el que hace que sea un pecado contra la santísima Trinidad que el hombre o la mujer se unan a otra persona. El pecado consiste en que una promesa hecha entre los esposos y teniendo por testigos nada menos que a Dios y a la esposa o esposo, NO TIENE VUELTA ATRÁS. Si hubo verdadero matrimonio ya no hay vuelta atrás. El volverse atrás es faltar a la Majestad de Dios. Y Dios no puede cooperar con el pecado. Solo el arrepentimiento, el perdón suplicado a Dios, y el deseo de volver con su legítima pareja puede destruir el pecado. Hay muchísimas causas por las que uno que se cree casado legalmente NO LO ESTA. Por eso es bueno ponerse en manos del Obispo o sacerdote y tratar de ver si su matrimonio ha sido nulo. Y en este caso separarse y quedar libre de la pareja o matrimonio Cuando uno se casa, tanto que sea bueno como que sea malo, si hubo verdadero matrimonio entonces es el mismo Dios, en la persona de Cristo quien acoge en su corazón a los dos. Tanto a él como a ella. Los dos están en el corazón de Dios. Y allí permanecerán mientras dure el matrimonio. Dicho de otra manera: Es Dios quien recoge las palabras que unen a hombre y mujer. Por ellas ha dicho Cristo: Lo que une Dios no lo separe el hombre. Una mujer buena puede conseguir la salvación de su esposo con sus oraciones con fe. Lo mismo el marido puede conseguir la salvación de su esposa. Porque pedir a Dios por su legítima pareja es cosa buena, lícita y agradable a Dios. Y Dios, muchas veces, alcanza la salvación a la parte pecadora por la intercesión de la otra parte. ¿Y por qué? Porque después de casados los dos son una misma cosa ante los ojos de Dios. De ahí la obligación de amar a su esposa o esposo como se ama uno a sí mismo, porque ante Dios ya no son dos, sino que son tan solo uno, por la unión inseparable de por vida. Solo la muerte puede destruir un matrimonio. Y por eso cualquier mal casado en la hora de su muerte puede buscar a un sacerdote que le absuelva de todo en nombre de Dios.

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