sábado, 6 de diciembre de 2014

OTRO SUEÑO Ya tal vez habían pasado dos años, no sé cuánto, de pronto me quedé dormido. A mi lado veo mucha gente en procesión. Había cientos miles, millones de personas. La luz de aquel medio día se oscureció. Entonces alguien me dijo: -¿Has escuchado la voz del firmamento? -No. Nunca he tenido la idea de escuchar a las estrellas. Solo las veo. -Y sin embargo ellas no callan ni un instante. Escucha y verás. Me puse a escuchar en medio de una noche oscura tan solo iluminada por las estrellas. De pronto un eco inconfundible, maravilloso y aterrador. Era la voz de las estrellas que parecían deshacerse De pronto me quedé solo. Nadie a mi alrededor, Nadie por ninguna parte. Era la soledad absoluta, triste y misteriosa. Estaba mirando hacia las estrellas cuando de pronto el ruido se acerca. Un enorme crucifijo, con un hombre crucificado cayó del cielo. Y quedó entre los campos desiertos e infructuosos. Me acerqué. Y quise cogerlo. Pero un viejito, muy viejo vestido de blanco se acercaba por un sendero, el único sendero donde había hierva, luz, ríos pequeños de agua y árboles cargados de fruta. El viejecito casi no podía andar. Me acerco a él y le digo: -Me parece conocerlo. ¿No es usted el Padre Santo? Levantó la cabeza inclinada por los años, y se cogió a mí. Se apoyó. Parece estar viendo cómo se cargaba todo su peso sobre mí. Yo quería ir ms a prisa, pero me pidió un pañuelo para limpiarse las lágrimas. Le pregunto: -¿Por qué lloras? No me contestó. Alguien se acercó por detrás y le dio un gran empujón y se cayó haciéndose sangre en las rodillas. Con aquel paño Lo limpié en una charca de agua limpia. Luego me dijo: Un poco más aun andaré. Pero ya no puedo. Estoy muy cansado. -Padre, no se muera. Veo que su voz se apaga. ¿Pero sin usted se muere quien le sucederá en el papado? -Me sucederá Don Miel. -Don Miel? Y quien es don Miel? -Ya lo sabrás, hijo mío, ya lo sabrás. Muy bien Padre. Pero déjeme un recuerdo. Y se sentó sin ánimos, casi sin vida, mientras tomaba mi mano y me repitió: -No lo olvides. Después vendrá Don Miel. Y se murió. Entonces llegó cantidad de personas que se lo llevaron. Yo seguí. Seguí en medio de una inmensidad de personas. Todas subían y bajaban las escaleras de mármol amplias a prisa. En un descanso de las escaleras había un trono roto. Era un trono destrozado que a nadie le gustaba ver. Bajaba una chica a prisa, y le pregunto: -¿Y ese Trono? -Es el Trono del Papa. Ya no sirve. Y siguió bajando a prisa las escaleras. Al llegar al fondo de las escaleras me dijo: Es imposible volver a subirlas. Procura no caerte. Y cada vez gritaba más fuerte: Procura no caer. Y tanto gritó que me desperté. Bueno, Yo sueño mucho. Pero a veces escribo mis sueños. Así cuando nada tenga que hacer, como ahora iré escribiendo estos cuentos o sueños para recordar que todos tenemos una historia normal y otra de sueños. Me gusta

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