lunes, 8 de diciembre de 2014

“De ambos modos debe ser venerada por nosotros la cruz de Jesús –dice Santo Tomás. Del primer modo, en cuanto representa para nosotros la figura de Cristo extendido sobre la cruz. Del segundo modo, a causa del contacto que tuvo la cruz con los miembros de Cristo y porque fue bañada con su sangre. Por lo tanto –continúa diciendo Santo Tomás- de ambos modos la cruz es adorada con la misma adoración que recibe Cristo, es decir, adoración de latría”. Jesucristo es digno de ser adorado como Dios desde que fue engendrado en el seno de Maria. El mismo ángel se arrodilló para adorarlo cuando Maria dijo: Hágase en mi segun tus palabras.

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