martes, 9 de diciembre de 2014

LAGO DE GALILEA. EL LAGO JUNTO AL CUAL HA ESTADO SAN FRANCISCO DE ASIS. El lago de Galilea es precioso. En sus riberas se respira un no sé qué tan maravilloso como si estuviéramos entre ángeles. Sus aguas nos hablan de Jesús. Aquí conoció a sus discípulos, aquí estuvo muchas veces en la barca de Pedro, aquí ha caminado sobre las aguas, aquí ha calmado los vientos y la mar, aquí paseó innumerables veces por sus riberas, aquí se apareció a Pedro cuando le ordenó cuidar de sus ovejas… Todo este lago nos habla de Jesús. Llegamos una mañana de primavera cuando el sol llenaba de arrebol las cumbres de las montañas. Sus plateadas aguas en calma, cual nítido espejo podrían reflejarse las dos colinas que arrancan desde él en constante subida. A un lado y a otro se pueden ver a Tiberiades, Cafarnaún, Betsaida, Beter…Este lugar es bellísimo. Aquí nace la hierba por doquier, Hay muchos viñedos y frutales, el trigo da grandes espigas Este Lago recibe las aguas del Jordán, un río de aguas dulces que trae sus aguas de las vecinas montañas, también otros pequeños ríos desembocan constantemente en él. Pero…todos esos miles y millones de toneladas que aquí llegan, que hacen esta maravilla del Lago, ¿a donde van después? Después del Lago no van a ninguna parte. Se quedan en el Lago como si les agradase estar allí eternamente. Ese Lago de Nazaret no tiene salida fluvial- Recibe agua y agua, pero ahí se queda sin que su capacidad, sin que se llene jamás. El Lago de la sed insaciable. Su antiguo nombre es Kinéret, que significa Violín. Ya se nombraba en la antigüedad más remota con otro nombre porque distinto era el idioma de otros tiempos. Aquí no acaba el misterio, pues según van avanzando estas dulces aguas van tornándose saladas hasta el punto que son tan saladas que en vez de un Lago lleno de vida se transforma en un Mar Muerto. Un Mar donde ningún tipo de vida es posible por su salinidad extrema. Cuando por la noche, en una de esas últimas noches que debíamos estar en este bello rincón del mundo nos fuimos a recorrer sus riberas, era de ver como las estrellas se reflejaban puras en sus aguas. Unas estrellas grandes, más grandes de las que se ven en España, mucho mas, y mas hermosas. Allí se reflejan como en otro cielo. Es el Lago de la Tranquilidad. Pero no siempre es tranquilo, pues hay veces que el más espléndido día se trueca de golpe en negras tempestad. Las barquitas que están faenando deben ir a prisa a la ribera, de lo contrario se exponen a ser engullidas por sus turbulentas aguas. Ese es el Mar de Genesaret o de Galilea. Es el Lago que San Francisco ha contemplado más de una vez en su vida, y junto a él quedó extasiado de Jesús, de ese Jesús que llenaba siempre su vida, que constantemente adoraba en el Sagrario, porque es en el Sagrario donde se bebe la sabiduria, donde hay que llenarse de ciencia y saber para luego, como San Francisco de Asis derramarlo por todo el mundo y por todos los tiempos..

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