viernes, 5 de diciembre de 2014

¿DEBEN ACERCARSE LOS NIÑOS PEQUEÑOS A COMULGAR? Los sacramentos obran en el alma por ellos mismos. Cuando un niño comienza a tener algún conocimiento, por ejemplo, cuando ya puede llevar una conversación, sabiendo contestar, comprendiendo que es bueno tener amigos, pudiendo agradecer una sonrisa…ya debiera ser admitido en l comunión sacramental Y no lo digo tan solo por los niños, que ciertamente sus almas se beneficiarían mucho, ya que los Sacramentos obran de por sí. Lo digo por un deseo manifiesto de Jesús. En sus días de evangelización ha dicho muchas veces: Dejad que los niños se acerquen a Mí. Cuando cansado volvía a Nazaret, después de estar evangelizando, los niños pequeños que apenas sabían hablar, y también los niños mayores de siete y más años, lo rodeaban. Le contaban sus cositas, le decían que los tomase en brazos. Y Jesús escuchaba a todos. A unos los tomaba en brazos, a otros los escuchaba atentamente cuando le contaban que la rueda que Él les había hecho se había roto, que si se habían caído y sangrado, que si su hermano ya sabía escribir algo…Y otros le decían “¿Por qué te has tardado tanto? Cuando vuelvas a salir no tardes tanto. Y así, rodeado de niños y niñas, con algunos en brazos los llevaba hasta el jardín de María, donde Ella también los besaba. Es decir, Jesús se sentiría satisfecho de que los niños lo recibieran en la Santa Comunión aunque no tuviesen más que un mínimo de preparación. Y los niños también habrían dado a Jesús el más puro y digno descanso y satisfacción, porque sus almas puras recibirían la gracia que Jesús está deseando dar a todos. Pero eso deben decirlo los Pontífices. ¡Ojalá lo digan y no pongan más edad mínima que el deseo del niño de comulgar, aunque sea un deseo vago.! Y que el Sacramento obra en cualquier alma inocente llenándola de gracia eso es tan cierto como la vida misma. Muchos de vosotros, por no decir todos, podríais dar testimonio de esa gracia que a veces se hace sentir como una deliciosa caricia de Dios. Era una tarde preciosa de mayo. Mayo, el mes de las flores, el mes de María, cuando todos los campos se visten de gala con flores y perfumes. Los niños jugábamos en la era a nuestros juegos infantiles. Estábamos jugando a tiendas, donde el dinero eran piedrecitas. Y donde poníamos papeles escritos como podíamos, pegados con saliva a cualquier palo. De pronto la voz de mi madre nos llama. Era para probarnos unas prendas de ropa, porque debíamos ir al catecismo Mi hermana y yo nos fuimos a la Iglesia de la mano de mi madre. Recuerdo que el sacerdote nos decía una y otra vez, un día y otro que Jesús estaba en la Hostia consagrada. Era todo lo que sabíamos. Pasaron unos días, pocos días. Mi madre nos llevó a confesar, porque al día siguiente hacíamos la primera comunión. Era finales de mayo. Tenía entonces seis años Un sacerdote, muy grueso él, muy alto, estaba confesando. Había que contarle nuestros pecados. Pero yo no sabía lo que eran pecados, Por eso tenia que meter la cabeza en el confesonario cuando otros niños se confesaban a ver si aprendia lo que era un pecado. Al fin un niño le dijo al cura que había metido el dedo en la nata. Yo también cuando me preguntó el cura que pecaditos tenia le dije: “Metí el dedo en la nata” y me dijo que rezara ocho salves. ¡Ocho salves! Y yo solo sabía una. Mi madre me ayudó, y al día siguiente muy de mañana nos fuimos todos a la iglesia. Todo normal. Todos en la fila. Yo observaba como hacían los demás, solo atento a hacer como todos. Y comulgué. Pero en ese instante de comulgar, entró en mí una alegría tan grande, un no sé qué, que desde este momento todo era hermoso a mi lado. Esta alegría, la cual no sabía por qué, la cual me hacía querer a todos, duró todo ese día, y tal vez algunos días más. Pues hoy comprendo que esa alegría tan bella solo podía proceder de Jesús, el cual de buena gana dejaba el cielo para entrar en un alma limpia, aunque ignorante. Por eso digo que no es Jesús quien hace esperar a los niños a que cumplan los nueve años para comulgar. Son leyes eclesiásticas a las cuales se debe obedecer. Pero es cierto que un niño o una niña ya puede saber lo suficiente para poder comulgar mucho antes de la edad estipulada. Y eso tiene una explicación; “El alma, o espíritu de cada persona es un soplo de vida infundido por Dios en cada hombre desde el momento de su concepción. Ese espíritu o alma es igual el día en que el niño ha sido concebido como cuan do ya de viejo a los ochenta o más años deje esta vida. Digo es igual, porque significa que el alma no adelanta ni en ciencia ni en experiencia durante esté con el cuerpo. Ella está llena de ciencia y sabiduría siempre. Es el cuerpo el que tiene necesidad de ir poco a poco aprendiendo las cosas. Es la mente humana, el hipotálamo, el cerebro, el punto donde se une el alma con el cuerpo quien tiene necesidad de adelantar en ciencia y en perfección. Pero el alma no. El alma siempre está llena de ciencia y sabiduría, porque tiene la ciencia recibida del soplo vital que Dios le ha dado.

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