JUICIO FINAL
Cierto, un día toda esta máquina que nos asombra, el mundo,
nuestro mundo, tendrá un fin. Toda materia tiene su fin. También nuestra
materia tendrá un fin, para luego retornar a la primavera de la vida.
….Entonces oí una voz
que decía: Tu, persona viviente, debes ver lo que dentro de un tiempo
sucederá irremediablemente….
…Y sobre la tierra cayó un gran silencio, todo calló y se
recogió en la espera de lo futuro
En todos los lugares de la tierra se mostraba amenazador el
cielo. En todas partes se oían gritos desgarradores. Sobreviene un gran
incendio.Todos temblaban de angustia, menos los que eran puros de corazón.
Y otra vez aquella voz me dice: Porque estás triste? Allá
arriba en el cielo todo está dispuesto para el instante supremo. Y Cristo dicta
su sagrada voluntad. Pero lo que tú ves no es más que una visión de lo que
sucederá.
Entre tanto las gentes, repuestas del primer espanto
comenzaron a entretenerse en cosas viles. Nadie esperaba que esa era la última
hora. Un estremecimiento agudo apretó muchos corazones que se arrepintieron,
pero ya era tarde. Un ángel ha ce sonar su trompeta, y ante su sonido áspero y
atronador callaron todas las voces humanas.
Otra voz que
anunciaba “ Todo se ha cumplido”. Y he aquí que aparece el Cáliz de la luminosa
alba.Aquel que desveló en toda mente el eterno misterio, y en él ardía la
sangre roja, redentora. Los aires inmóviles dejaron sentir invisibles
instrumentos. Los hombres callaron, mientras los corazones de buena voluntad
enviaban alabanzas a Cristo.
Los querubines entonaron más fuerte el canto de GLORIA AL
SEÑOR. Y de golpe calló también el sonido celestial. En medio de aquel silencio
Él descendía del cielo ¿El? ¿Quién?. Cristo, la gloria del Universo.
Y las almas de los muertos vinieron a su lugar donde un
lejano día dejaron sus cuerpos, donde asumieron el aspecto que tuvieron en la
tierra.
Por la voluntad de Dios resurgió toda gente, como el
despertar de un largo sueño, y los que sus cuerpos no tenían sepulcro también
obedecieron a ese querer Supremo, tomando el alma lo que había sido en otro
tiempo. Montes, colinas, llanuras…todo espacio estaba cubierto de gente, sin
que esta inmensa mole humana estorbase en nada el lugar de otro.
Y Cristo rompió el gran silencio con su poderosísima voz
diciendo: “ He venido a vosotros como os había prometido, aunque no me esperabais”
Con su maravillosa mirada contemplaba la inmensidad humana,
y en sus manos y brazos tenía la señal de la Redención.
A su voz se separaron los justos de la tierra, y subió cada
uno a su propio puesto. Ahogados por el denso llanto callaron los impíos y
blasfemos, y todos doblaron sus rodillas ante Cristo. De los rostros de los
malvados cayó su máscara, y ante todos quedó al descubierto sus almas
angustiadas.
Yo vi. a unos junto a otros, inmensa e incontable multitud,
los muertos, y los vivos, de todo el universo, de todos los lugares, de todos
los tiempos pasados y presentes.
Me extrañó ver infinidad de círculos concéntricos que
parecía que llegasen hasta el cielo. Entonces, aquel que me acompañaba me dijo:
Todos estos están dispuestos según sus obras y méritos. El Espíritu Divino ya
ha señalado el puesto a cada uno. Cuanto más méritos, más cerca de Cristo
estarán. Estos de abajo son los pecadores, a los cuales no se les concede
separarse del suelo.
Y ví como lloraban
impotentes, en un llanto sin valor.
“Mirad- dijo Cristo- por última vez vuestro aspecto humano.
Todo se grabará eternamente en vuestra memoria.
Y Cristo dejó de ser visible. Cada uno reconoció a aquellos
que había conocido en esta vida.
El Salvador dirigióse a su gente y dijo:” Arrojad fuera de
vosotros todo lo que habéis tenido. Volveos con alegría hacia la vida nueva.
Cesen para siempre vuestras discordias…porque en adelante seréis felices,
serenos, dulces como los ángeles.
No moriréis ni
lloraréis la ausencia de vuestros seres queridos. Acábense todos los males, y
el viejo y el joven y el niño sean iguales en la edad, porque todos tendréis la
misma edad. La edad inmortal del alma que no tiene edad.
El Señor reunió a los ángeles y ellos acompañaron al cielo a
los justos con sus cuerpos y almas.. Y todos vestían vestidos tan hermosos que
no puedo describirlos
Entretanto los pecadores seguían con sus ojos el dulce irse
de aquellos que entraban en la gloria.
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