domingo, 12 de octubre de 2014

JUICIO FINAL
Cierto, un día toda esta máquina que nos asombra, el mundo, nuestro mundo, tendrá un fin. Toda materia tiene su fin. También nuestra materia tendrá un fin, para luego retornar a la primavera de la vida.


….Entonces oí una voz  que decía: Tu, persona viviente, debes ver lo que dentro de un tiempo sucederá irremediablemente….
…Y sobre la tierra cayó un gran silencio, todo calló y se recogió en la espera de lo futuro


En todos los lugares de la tierra se mostraba amenazador el cielo. En todas partes se oían gritos desgarradores. Sobreviene un gran incendio.Todos temblaban de angustia, menos los que eran puros de corazón.
Y otra vez aquella voz me dice: Porque estás triste? Allá arriba en el cielo todo está dispuesto para el instante supremo. Y Cristo dicta su sagrada voluntad. Pero lo que tú ves no es más que una visión de lo que sucederá.


Entre tanto las gentes, repuestas del primer espanto comenzaron a entretenerse en cosas viles. Nadie esperaba que esa era la última hora. Un estremecimiento agudo apretó muchos corazones que se arrepintieron, pero ya era tarde. Un ángel ha ce sonar su trompeta, y ante su sonido áspero y atronador callaron todas las voces humanas.

 Otra voz que anunciaba “ Todo se ha cumplido”. Y he aquí que aparece el Cáliz de la luminosa alba.Aquel que desveló en toda mente el eterno misterio, y en él ardía la sangre roja, redentora. Los aires inmóviles dejaron sentir invisibles instrumentos. Los hombres callaron, mientras los corazones de buena voluntad enviaban alabanzas a Cristo.


Los querubines entonaron más fuerte el canto de GLORIA AL SEÑOR. Y de golpe calló también el sonido celestial. En medio de aquel silencio Él descendía del cielo ¿El? ¿Quién?. Cristo, la gloria del Universo.
Y las almas de los muertos vinieron a su lugar donde un lejano día dejaron sus cuerpos, donde asumieron el aspecto que tuvieron en la tierra.

Por la voluntad de Dios resurgió toda gente, como el despertar de un largo sueño, y los que sus cuerpos no tenían sepulcro también obedecieron a ese querer Supremo, tomando el alma lo que había sido en otro tiempo. Montes, colinas, llanuras…todo espacio estaba cubierto de gente, sin que esta inmensa mole humana estorbase en nada el lugar de otro.


Y Cristo rompió el gran silencio con su poderosísima voz diciendo: “ He venido a vosotros como os había prometido, aunque no me esperabais”
Con su maravillosa mirada contemplaba la inmensidad humana, y en sus manos y brazos tenía la señal de la Redención.


A su voz se separaron los justos de la tierra, y subió cada uno a su propio puesto. Ahogados por el denso llanto callaron los impíos y blasfemos, y todos doblaron sus rodillas ante Cristo. De los rostros de los malvados cayó su máscara, y ante todos quedó al descubierto sus almas angustiadas.

Yo vi. a unos junto a otros, inmensa e incontable multitud, los muertos, y los vivos, de todo el universo, de todos los lugares, de todos los tiempos pasados y presentes.


Me extrañó ver infinidad de círculos concéntricos que parecía que llegasen hasta el cielo. Entonces, aquel que me acompañaba me dijo: Todos estos están dispuestos según sus obras y méritos. El Espíritu Divino ya ha señalado el puesto a cada uno. Cuanto más méritos, más cerca de Cristo estarán. Estos de abajo son los pecadores, a los cuales no se les concede separarse del suelo.


 Y ví como lloraban impotentes, en un llanto sin valor.
“Mirad- dijo Cristo- por última vez vuestro aspecto humano. Todo se grabará eternamente en vuestra memoria.
Y Cristo dejó de ser visible. Cada uno reconoció a aquellos que había conocido en esta vida.

El Salvador dirigióse a su gente y dijo:” Arrojad fuera de vosotros todo lo que habéis tenido. Volveos con alegría hacia la vida nueva. Cesen para siempre vuestras discordias…porque en adelante seréis felices, serenos, dulces como los ángeles.

 No moriréis ni lloraréis la ausencia de vuestros seres queridos. Acábense todos los males, y el viejo y el joven y el niño sean iguales en la edad, porque todos tendréis la misma edad. La edad inmortal del alma que no tiene edad.
El Señor reunió a los ángeles y ellos acompañaron al cielo a los justos con sus cuerpos y almas.. Y todos vestían vestidos tan hermosos que no puedo describirlos


Entretanto los pecadores seguían con sus ojos el dulce irse de aquellos que entraban en la gloria.

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