jueves, 6 de junio de 2013
EL ABUELO
Llegan los últimos días de un viaje por el mundo, y me encuentro a la sombra de un día de lluvia tibia y placentera. Esa lluvia silenciosa que lava y moja, procedente de unas nubes que pasan presurosas a la deriva por los campos siderales.
Asiento los pies en las movientes arenas. Miro alrededor y veo que estoy al borde de la noche.¡Jamás pensé en verla!
Esa noche inmensa, cuyo rostro se oculta en lo infinito, mirando con sus ojos sin fondo la niebla del futuro, y carcajeándose ante el rumor de las olas pasadas. Olas que guardan en el fondo del océano la rápida carrera del existir.
Allá a lo lejos la débil luz de un faro vacilante y lánguido, que, al mismo tiempo que emite luz, deja oír sus palabras que se pierden en el silencio de la noche pasada Vi que la luz del faro era vacilante, que las olas pasadas llenaban mi mente sin dejar sitio a los recuerdos de los verdes bosques que pisaba, y del rió que reía. Comprendí que tanta flor, tanto aroma, tanta noche estrellada rompía mi pensamiento y anulaba mi palabra y dije algo que no comprendí.
Tampoco me comprendieron los demás, porque llegaba ese sueño que ilusiona donde uno cree estar a solas con la persona amada, y dice cosas de una ternura vana, porque no existe esa persona, ni la ternura, sino una juventud pasajera que se esfuma mientras la alabas.
Es el invierno frió que apaga el calor. Es el sonido de la campana que sigue y sigue más allá, dando siempre el mismo tañido, llevando a los oyentes el mismo son.
El frio invierno que apaga la actividad que se extendió por las estaciones de la vida, y que empuja a uno hacia el olvido. Empuja sin piedad
Nadie se acerca a uno por grande y fuerte que haya sido. Solo el olvido. El olvido que acampa donde hubo compañía, comprensión, hermosura y juventud.
Entonces oí un eco como venido del fondo de los espacios de una edad pretérita. Me acerqué a distancia, como se acercan todos, y pude escuchar:
…-“Porque yo también fui joven y alegre, fuerte y vigoroso…” ( Esto decía, pero temió equivocarse cuando vio la risueña burla en los labios de los que por compasión le escuchaban, y se calló. Tal vez se equivocó siempre, porque siempre se creyó el centro, el fuerte, el sin fin. Pero ahora….)
y yo me acerqué más. Yo solo, porque hace días que lo voy siguiendo, porque también sé como muere el fuego verde.¿ Tantas veces estuve en su agonía…!
El albuelo no se cansa. No se extingue por el cansancio y por el sobrepeso. Se muere tan solo por el olvido, por la soledad, por el abandono…
Por el olvido: Pues nadie lo recuerda, nadie lo reconoce. Y pasan mentes ilustrísimas y lo examinan en sus huellas dactilares, pero no lo reconocen.
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