miércoles, 26 de junio de 2013
FLOR DE MAYO
Había una vez un joven que vivía en una casita en un pequeño bosque que estaba en una colina cerca del mar.
Desde sus ventanas contemplaba las barquitas de los pescadores, mientras el esco hacia llegar hasta él el ronco son de las olasz mezclado con los cantos de los hombres del mar.
Muy cerca un jardín, donde las flores despedían un dulce aroma, mientras las mariposas y las abejitas se posaban de flor en flor para libar en sus cálices el néctar embriagador.
En una de esas tardes, cuando el sol se acerca a su ocaso, salió a dar un paseo por la bahía, a la cual se llegaba bajando un tortuoso sendero.
De pronto se encontró un bellísimo vergel de flores de variados e irisados colores. Su admiración fue mayúscula cuando oyó una voz femenina, dulce, muy dulce, con esa gracia inigualable, que le decía:
-Que miras? ¿Es que acaso te agradamos?. Nosotras estamos aquí para deleitar la vista del transeúnte, pero también para ser amadas.
El joven restregó varias veces los ojos, incluso se pellizcó creyendo que estaba soñando. Pero como la flor siguiera preguntando, se decidió a contestar.
-Yo…pues yo estaba dando un paseo. Nunca había reparado en este jardín. No sabía que las flores hablaran. ¿Tenéis nombre?
-Pues claro que sí. Todos tenemos nombre.
-¿Cómo te llamas?
- Flor de Mayo.
- Bonito nombre. Vivo en un suntuoso edén, mi casa está junto al bosque en esta colina, es hermosa. Las olas del mar arrullan mis sueños. Tengo muchas flores en mi jardín, pero no hablan, no me entienden ni yo las entiendo. ¿Quieres venirte a mi jardín?
-Acabas de decir que tú no entiendes a las flores. Yo soy una rosa ¿sabes? Una rosa muy bella, pero…ignoras que las flores tenemos espinas?
-No. No lo ignoro. Si quieres venir conmigo te dejaré el mejor lugar del jardín. Es un jardín muy bello.
-No sé, no sé. Si yo me fuese contigo sería para estar siempre contigo.
-Yo viajo mucho. A veces me voy lejos de España ¿Cómo quieres que te lleve de un lugar a otro? Mejor que vivas sola en el jardín. Todas las otras flores te amarán…
-No, y no. Si me voy contigo es para sentirme amada y para darte mi perfume de amor.
-Está bien. Entonces te arranco te vienes a mi casita.
-Nada de arrancarme. Me llevas en tus brazos, junto a tu corazón en mi maceta. Venga. Cógeme en tus brazos.
Y el joven se llevó la flor a su casa.
Muy bien los primeros días. La flor le contaba bellas historias, las cueles había oído a los luceros de la noche en lasz noches de estrellas, y otros cuentos que navegaban en las olas del viento cuando las tormentas anunciaban lluvia- El joven escuchaba entusiasmado aquellos bellos cuentos, y se dormia con la flor en sus brazos, embriagado de su dulce aroma. Asi un dia y otro día, asi un mes y otro mes. Ambos eran dichosos y felices en la casita del bosque desde donde se divisaban las estrellas brillando puras en el mar.
Pero las preocupaciones, el trabajo, los trajines de la vida le hicieron olvidarse de su dulce compañera que se conformaba tan solo con un poco de abono y agua, a cambio le hablaba dulcemente con su perfume cariñoso.
Un día se olvido de regarla. Luego dos, tres días…La flor se iba marchitando, y las espinas eran cada vez más punzantes, mientras que el aroma era cada vez mas mustio.
Al pasar un día cerca de su flor, ésta le dio un zarpazo sin querer en el rostro que le hizo sangrar.
El joven creyó que había sido de propósito y tomando la flor se la llevó al jardín, y allí la dejó en medio de las otras flores.
Vino la lluvia misericordiosa y le dio de beber. Vino la noche estrellada y la flor se enamoró de los luceros. Llegó el otoño y la rosa perdió sus hojas y vigor.
Al pasar una mañana a su lado el joven la vio y se compadeció de ella... La flor ya no hablaba, sus pétalos se caían. Y recordando el amor que le había tenido comenzó a regarla, le dio abono, le cambió la tierra, la cuidó con esmero. Pero la flor, marchita y desenamorada…se dejó morir. La enterró en un rincón de su jardín regándola con sus lágrimas.
El joven volvió a verse en la soledad. Todos los que sabían el maltrato que le había dado a la flor le retiraron la amistad.
Una mañana observó que la flor volvía a asomar sus verdes retoños al avanzar la primavera. Entonces la besó, la mimó. Mientras la flor iba creciendo.
Cuando ya pudo hablar la llevó siempre con él. Y cuentan que vivieron siempre unidos hasta que el joven ya viejo se murió.
La flor fue plantada cerca de su dueño, dando hermoso perfume a su amado.
La flor es la mujer. Esa mujer compañera que es ángel del hogar, que da su perfume, su vida, su lozanía, su juventud a su amado y a sus hijos.
No dejéis nunca de regarla con vuestro amor, aunque algunas veces os puncen sus espinas, porque ella necesita de vosotros. Y vosotros necesitais de ella.
El agua y el abono que conservan pura y lozana a la flor es vuestro cariño.
La flor amada será siempre cada día mas bella, y vosotros seréis mas felices.
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