domingo, 16 de junio de 2013

ERASE UNA VEZ Érase una vez un bosque que estaba limitado por dos grandes ríos. Los pajaritos cantaban desde el crepúsculo con dulces trinos. Los ruiseñores entonaban dulces canciones al atardecer. Cascadas cayentes desde lo alto de las montañas dejaban esparcidas sus aguas por el bosque el cual llenaba su suelo de flores como una alfombra multicolor. Los peces de colores recorrían alegres los ríos, parándose a veces para batir sus irisadas aletas mientras los mosquitos curiosos se acercaban sirviendo luego de comida apetitosa. Las gaviotas besaban al lago azul como una coma en sus líquenes para luego remontar su vuelo por el cielo azul. Este bosque se llamaba “El Bosque maravilloso. Los niños jugaban alegres al cuidado de las hadas que desde los árbolitos los vigilaban, y si alguno se perdía lo llevaban a su casita. Estas casitas eran de piedra, en forma circular, con ventanales a todos los lados y con el techo de paja. Mayores y niños Vivian alegres, a veces escuchando los cuentos que las abuelitas narraban de sus andanzas por otros lugares lejanos. De los árboles pendía fruta en abundancia...Todo vida y color era, toda fronda y felicidad. Pero...faltaba algo. Faltaba un Rey. Un Rey que tuviese cerca de sí a sus súbditos en la paz y el sosiego de los dulces atardeceres. Un día se decidieron los mayores a salir del bosque e ir por el mundo hasta encontrar un Rey. Imposible. Los reyes tenían su reinado y no podían dejarlo. Por fin un anochecer encontraron una joven preciosa sentada sobre un tronco caído en el jardín de su casa. Ella les preguntó: ¿A dónde vais por estos lugares tan poco transitados? -Vamos en busca de un Rey, pero no encontramos ninguno. -Mi padre es rey. ¿Queréis hablar con él? -Sí, claro que sí. Al poco llega un Rey majestuoso de la mano de su hija. Habló con aquellos hombres...pero tampoco él podía ser rey. Y dijo: -Yo no puedo ser rey de vuestro territorio, mi hija cumple mañana 16 años. Le corresponde ser Princesa porque es la hija del rey. Si ella quiere podría tomar posesión de vuestro país y ser su Princesita. Al día siguiente llegó la joven Princesa al Bosque Maravilloso. Tan enamorada quedó de aquellos bellos lugares que quiso quedarse. Los habitantes la proclamaron su Princesa-Reinante Y desde entonces fue la Princesita del Bosque. -La Princesa del Bosque era dulce en sus palabras, bondadosa con sus súbditos, hermosa y gentil. Todos la apreciaban y ella amaba a todos. Los pajaritos cantaban bellos trinares en las verjas de sus ventanas, los ruiseñores arrullaban sus sueños y los pececitos de colores daban saltos de alegría. Los habitantes del pueblo hicieron un hermoso jardín bajo sus ventanas y lo poblaron de rosas y flores. Dos acequias lo regaban de paso que alimentaban preciosos surtidores que imitaban graciosos enanitos y otras figuras salidas de las mil y una noches. Las flores brindaban sus colores y su aroma, los árboles su sombra mientras enseñaban entre sus hojas preciosos frutos. Era la delicia de quienes se acercaban sedientos apagar su sed en las cristalinas aguas que borbotaban alegres acá y allá. La Princesita paseaba cada día entre tanta belleza charlando amigablemente con cualquiera de sus vasallos. Los niños, en los momentos libres que sus deberes les permitían se iban junto a su Princesa para escuchar algún bello cuento que ésta les narrara. Pero en el bello rostro de la Princesa había una sombra de misterio que a veces refulgía a la luz de los rayos del sol poniente, dejando asomar a sus ojitos una gota salobre que acibaraba por un momento las narraciones que hacía a sus pequeños amiguitos. Un día una niña que estaba sentada en la fronda al lado de la Princesa contó que sabía de una cueva donde había un lago azul y en el lago una sirenita que cantaba bellas canciones de tristeza. Invitó a la Princesa a acompañarla La Princesa accedió. Caminaron varias horas por el monte, y cuando el crepúsculo vespertino se acercaba llegaron a las faldas de una colina donde se oía el pasar cascabelero de un rio juguetón. Sentadas en unas piedras contemplando la bella puesta del sol que aquel día deleitaba sus ojos con sus irisados colores, cuando de pronto la Sirenita movió las aguas y apareció gentil llamando a la Princesa por su nombre Se acercó y oyóla cantar una melodía tan bella que la La Princesa quedó maravillada. Luego acercándose le pregunta: -Entonces tú eres una Princesita? Sabrás que este es mi lago. El lago de la Sirenita Azul. Hace mucho que habito esta agua, porque también yo soy la reina de estos lugares. Está bien, Serenita Cada tarde vendré a visitarte -Oh, sí. Ven porque estoy muy triste. Otro día te contaré mi historia. -Y yo me sentiré muy contenta de escucharte.

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