miércoles, 12 de junio de 2013
Entre tanto el Sacerdote, admirado por tal promesa, puso todo en manos de Dios. Convocó a todos los jóvenes de la descendencia de David en la edad de entre veinte y treinta años para que se presentaran. Debían traer una varita con el nombre y apodo de la casa.
Los mocitos se decían “Que cosas tan raras. Para llevarse una virgen del templo hay que llevar una rama con nuestros nombres”
Cada uno preparó su ramita, puso su nombre y se fue hacia el templo. José se recordó que debía ir al templo. Se puso el capote, y al pasar por delante del huerto de María tomó una ramita en flor, la envolvió con hojas, le puso su nombre y la llevó al templo.
El Sumo Sacerdote había pensado: El que traiga la rama más verde, a ése se la ofreceré como esposa, y se guardó este secreto.
Entregaron sus ramitas y esperaron. Al poco rato sale con la ramita de José en la mano, y dice:
-José de Alfeo, de la Estirpe de David, tú has sido el escogido para ser el esposo de una virgen del templo, llamada Maria, hija de Joaquín.
-Lo siento Sumo Sacerdote, pero yo no quiero…no la tomaré como esposa. Escoge a otro.
-Eres tú el elegido José. Trátala bien.
Y al decirlo se marchó.
Sale con la Virgen, que no era más que una niña de quince años. Los deja solos. José la mira. Maria llora y a penas levanta su cabeza.
Entonces José le dice:
-Tengo que decirte una cosa, Maria. Yo conocí a tus padres, yo hice tu cuna cuando has nacido. Pero yo no seré tu esposo al menos que aceptes una condición.
-¿Que condición José?
-Yo me he consagrado Nazareo ( virgen) a Dios, y así voy a permanecer toda mi vida. Si me aceptas así entonces te tomo por esposa, de lo contrario no.
-Bendito sea Dios. Eso mismo te iba a decir yo José, porque también me he consagrado Virgen, y quiero permanecer Virgen de cuerpo y alma toda mi vida.
-Bien, pues si es así, entonces vayamos al templo a ofrecer a Dios nuestra castidad, que sin ser malo tener hijos, Dios nos llama a los dos por otro camino, tal vez mas desconocido, pero esa es la vocación
Fueron al templo, Mientras Maria fijaba en los ojos de José sus cándidos ojos azules llenos de pureza.
Desde entonces ya eran prometidos, que en Nazaret en aquellos tiempos era como la confirmación perpetua del noviazgo.
-Pasó algún tiempo y José fue al Templo para traer a Maria a la casita que sus padres tenían en Nazaret, Ya habían muerto.
El sacerdote les dio su bendición y en una carroza se vinieron a Nazaret, pequeña aldea, donde todos recordaban a la Niña Maria, y ahora la iban recibir en la carroza de José.
Se instaló en la casita de sus padres, allí vivía solita, trabajando en el telar y cosiendo y bordando. Así se iba ganando algo para vivir, además de lo que le daba el huerto, que ahora había sido diezmado porque los romanos hicieron pasar por allí una calzada.
José de Alfeo tenía su casa cerca, y su cuñada Maria (Maria Mayor), esposa de Alfeo le traía algo de comer.
Una mañana salió al huerto que ahora estaba en flor, era primavera. Tomó unos ramos de perales y duraznos que ahora estaban en flor y los colocó en un jarroncito el cual puso sobre la mesa. Luego se arrodilló y recitó las oraciones que le habían enseñado en el Templo.
Se puso a trabajar en el telar, cuando de pronto un viento fuerte agita las cortinas de la ventana. Mira, no ve nada, y sigue trabajando. Pero he aquí que otra ráfaga de viento vuelve a agitar fuertemente las cortinas. Una claridad hermosísima penetra por la ventana. Atraviesa las cortinas y esa claridad, luz de luna, se desgrana cual preciosa flor, y de en medio de esa luz aparece un bellísimo ángel.
María, absorta ante lo sobrenatural, se levanta, se va hacia la pared como buscando refugio. Mira a la hermosa figura resplandeciente, ve un joven con sonrisa celestial que le dice:
-Hola Maria. No temas. Vengo de parte de Dios.
Pero Maria piensa ¿Que querrá de mí? ¿Será cosa del cielo o del enemigo? Y el ángel prosigue:
Aleja de tí esos pensamientos, Maria. Vengo de parte de Dios para pedirte que aceptes en ser la Madre del Mesías, pues Dios debe tomar carne humana.
Ahora María está mucho más turbada, piensa ¿Quien soy yo para ser la madre de Dios? ¡La Madre de Dios, como quien no dice nada!
Y el ángel le dice:
-María, El cielo, la tierra y nuestro Dios esperan tu respuesta.
-A Dios me he consagrado. ¿Es que Dios no quiere ya la pureza de su sierva?
-Sí que la quiere Maria, pero si aceptas el hijo que nacerá de tí no será por obra de hombre, sino por obra del espíritu santo, y por eso será llamado con razón El Hijo del Altísimo. ¿Que debo decir a Dios, Maria? ¿Cual es tu repuesta? Para Dios nada hay imposible. Tu prima Isabel la esposa de Zacarías está embarazada de seis meses.
María se queda pensando, Comprende la enorme responsabilidad que va adquirir al decir que sí. Piensa un rato y contesta:
-Dile a nuestro Dios que acepto en todo su voluntad. Hágase en mí tal como Él quiere.
Al pronunciar estas palabras el ángel se arrodilla ante Maria y se inclina hasta el suelo.
Sabido es que los ángeles no adoran a los hombres. Entonces ¿a quien adoraba?
Adoraba a Dios, porque en aquel instante Dios toma un cuerpo de la sangre y carne de Maria, crea de la nada un alma….A este cuerpo y alma se une el HIJO DE DIOS, el cual desde ahora es al mismo tiempo Dios y Hombre.
Después de adorar a Dios en el seno de Maria el ángel desaparece en medio de un resplandor, y Maria queda conocedora de todo el Misterio de la Encarnación.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario