martes, 14 de julio de 2015



..Y te has ido a un pais lejano ....

Facil es destrozar un corazón. ¿Cómo restaurarlo?
 Es como la luz que enciende la luciérnaga por las noches para iluminar eliseos campos con su luz, mientras las flores iluminadas con su tenue resplandor dormitan a su alrededor. Los pensamientos saltan de flor en flor para libar en sus cálices el néctar de un sueño de amor. El enamorado  desde su lecho mira por su ventana la luna que riela sobre el mar, al par que escucha el siempre pasar de un rio de felicidad que cree eterna.

Solamente la sombra de una despedida puede enturbiar tanta felicidad

Aún recuerdo aquella triste despedida cuando  el crepúsculo caía manso y tranquilo  sobre el dintel de la puerta, sobre la vieja cabaña del molino de piedra, sobre la vieja abuela que aprovechaba su escasa luz para hilar la rueca.  Una y otra vez repetíamos lo mismo. “Te querré siempre” “Nunca me olvidaré de ti” Y tú como un eco repetías “Nunca”
Después miré las estrellas que la noche destapaba, y mirándolas te dije:
En las noches de bellos luceros mira al cielo estrellado, y cuando veas aquella estrella piensa que también yo la estoy mirando, y háblale, dile a ella lo que me dirías a mi. Yo también le contaré…También en los días llenos de nubes tormentosas…Acaso el viento de una borrasca lleve nuestras palabras lejos, muy lejos, hasta donde tú estás.”

Un campesino pasaba por la calle, y apoyándose sobre la azada nos dice:
-Mañana te vas. Tal vez no te vea mañana y te despido ahora. ¿Cuantos años tardarás en volver?
-Pocos, muy pocos. Tan pronto pueda ya estoy de vuelta. Tardaré menos que tarda la golondrina en regresar cada primavera.

Ydespués de charlar un rato se marcho cantando una bonita canción.

Mis ojos see llenaron de lágrimas, sentí un nudo en la garganta que me impedía hablar.
Pasó un rato, mientras miraba un pequeño rebaño de ovejas que volvían a su redil.

 Y la oscuridad guardó en silencio nuestra despedida.
Los días se iban pasando suaves y tristes, aunque el sol resplandecía y los campos se cubrían de flores y las muchachitas de la aldea trataban de alegrar mis solitarias horas acompañándome en los atardeceres a dar unas vueltas por la bahía.
 Cuando  al regresar del campo miraba los luceros de la noche, me recordaba de tus palabras: “Hablale a las estrellas, porque también yo les hablaré” hablale  a la luna, y al viento,  Yo recogeré tus palabras y las copiaré para que veas que nunca me olvidaré de ti, será como el dulce néctar que mana de las flores.

Tus cartas eran bellas, eran tus letras una música celestial. Y yo te amaba. Te amaba con un amor creciente, pensando siempre en ti. Te sublimicé hasta lo infinitamente humano. Eras mi diosa mi venerada, mi anhelo, mi sed nunca saciada, aunque el viento no me contestaba, aunque las estrellas callaban aunque la luna se ocultaba cada día.

Y así pasaron los días. No podía sufrir más tu ausencia.  ¡Que largos se hacían los días sin tí! Y pasó un año.
Tus cartas no llegaban ya,  yo bajaba cada día al buzón para ver siquiera una letra tuya. Y murmurando entre dientes me decía: Mañana, tal vez mañana.


Era un amor que se apagaba en tu distancia y se acrecentaba en mí. Era un silencio vago, lleno de temores. …Pasó un año. Yo te amaba igual que el primer día. No podía conformarme sin saber de ti.
Abrigaba la esperanza de que llegara el día de poderte dar el abrazo de bienvenida. Disculpaba tu silencio creyendo que sufrías por no poderme escribir. Y así durante tres años.


Amor distante que crece con la angustia, con la zozobra, con la duda.
Por fin llegó tu carta. ¡Por fin tenia en mis manos esa carta tan esperada! ¡¡¡Era feliz!!! No me atrevía abrirla.  Durante unos instantes la apreté entre mis manos, mientras dos lágrimas furtivas salieron de mis ojos y se perdieron en mis labios.
 ¡Cuántas cosas pasaron por mi mente, cuantos pensamientos apilados que brotaban como ráfagas de un sol que se estrellaba anhelante en mí! Un eco lejano parecía repetir incesantemente: “Te amo igual que tú me amas a mí. Y el eco moribundo se apagó entre el ronco son de las olas que venían a morirse  a la tranquila arena.

¡Qué bellos recuerdos invadían mi mente!  Por fin abrí tu carta
Era una carta corta, muy corta. Solo unas palabras: “Quiero que seas feliz. También yo lo soy al lado de mi esposo y mi hijo”


Creí que el mundo se desplomaba. Me senté asfixiado sobre una piedra al lado del camino.

Pasaron los minutos, tal vez largas horas, no lo sé. Me levanté y me puse a caminar con una angustia no conocida.
 Una piedrecilla en el camino que arrastré  dándole pequeñas pataditas, fue el único testigo de mi dolor.
  Luego me fijé en mi perro que me miraba inquisidor esperando una palabra  que no llegaba a mis labios.
 Entré en mi casa atravesando el jardín cuyas flores dormían arrulladas por el cascabeleo del pequeño riachuelo que besa sus pies.

Me  dejé caer sobre el sillón, mientras el perro se tumbaba a mis pies. Todo era triste y carecía de sentido. Mi mente estaba llena de bellos recuerdos que se deslizaban mansos y tormentosos, lejanos y apagados, pero que ahora se avivaban con un siniestro resplandor de lo que había sido una diáfana luz.
 ¿Qué había hecho yo para merecerme esto? Entre tanto una machacona palabra hería  mi sien:
“Que triste y mentiroso es el amor a la distancia”.


Luego aquella noche me fui a descansar, pensando tantas cosas bellas de aquel lejano ayer.

Ya amanecía y miré a la colina, pero no pude ver ¿quién es capaz de ver a través de una cortina de lágrimas.?



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