..Y te has ido a un pais lejano ....
Facil es destrozar un corazón. ¿Cómo restaurarlo?
Es como la luz que
enciende la luciérnaga por las noches para iluminar eliseos campos con su luz,
mientras las flores iluminadas con su tenue resplandor dormitan a su alrededor.
Los pensamientos saltan de flor en flor para libar en sus cálices el néctar de
un sueño de amor. El enamorado desde su
lecho mira por su ventana la luna que riela sobre el mar, al par que escucha el
siempre pasar de un rio de felicidad que cree eterna.
Solamente la sombra de una despedida puede enturbiar tanta
felicidad
Aún recuerdo aquella triste despedida cuando el crepúsculo caía manso y tranquilo sobre el dintel de la puerta, sobre la vieja
cabaña del molino de piedra, sobre la vieja abuela que aprovechaba su escasa
luz para hilar la rueca. Una y otra vez
repetíamos lo mismo. “Te querré siempre” “Nunca me olvidaré de ti” Y tú como un
eco repetías “Nunca”
Después miré las estrellas que la noche destapaba, y
mirándolas te dije:
En las noches de bellos luceros mira al cielo estrellado, y cuando veas
aquella estrella piensa que también yo la estoy mirando, y háblale, dile a ella
lo que me dirías a mi. Yo también le contaré…También en los días llenos de
nubes tormentosas…Acaso el viento de una borrasca lleve nuestras palabras lejos,
muy lejos, hasta donde tú estás.”
Un campesino pasaba por la calle, y apoyándose sobre la
azada nos dice:
-Mañana te vas. Tal vez no te vea mañana y te despido
ahora. ¿Cuantos años tardarás en volver?
-Pocos, muy pocos. Tan pronto pueda ya estoy de vuelta.
Tardaré menos que tarda la golondrina en regresar cada primavera.
Ydespués de charlar un rato se marcho cantando una bonita
canción.
Mis ojos see llenaron de lágrimas, sentí un nudo en la
garganta que me impedía hablar.
Pasó un rato, mientras miraba un pequeño rebaño de ovejas
que volvían a su redil.
Y la oscuridad guardó
en silencio nuestra despedida.
Los días se iban pasando suaves y tristes, aunque el sol
resplandecía y los campos se cubrían de flores y las muchachitas de la aldea
trataban de alegrar mis solitarias horas acompañándome en los atardeceres a dar
unas vueltas por la bahía.
Cuando al regresar del campo miraba los luceros de
la noche, me recordaba de tus palabras: “Hablale a las estrellas, porque
también yo les hablaré” hablale a la
luna, y al viento, Yo recogeré tus
palabras y las copiaré para que veas que nunca me olvidaré de ti, será como el dulce
néctar que mana de las flores.
Tus cartas eran bellas, eran tus letras una música
celestial. Y yo te amaba. Te amaba con un amor creciente, pensando siempre en
ti. Te sublimicé hasta lo infinitamente humano. Eras mi diosa mi venerada, mi
anhelo, mi sed nunca saciada, aunque el viento no me contestaba, aunque las
estrellas callaban aunque la luna se ocultaba cada día.
Y así pasaron los días. No podía sufrir más tu
ausencia. ¡Que largos se hacían los días
sin tí! Y pasó un año.
Tus cartas no llegaban ya,
yo bajaba cada día al buzón para ver siquiera una letra tuya. Y
murmurando entre dientes me decía: Mañana, tal vez mañana.
Era un amor que se apagaba en tu distancia y se acrecentaba
en mí. Era un silencio vago, lleno de temores. …Pasó un año. Yo te amaba igual
que el primer día. No podía conformarme sin saber de ti.
Abrigaba la esperanza de que llegara el día de poderte dar
el abrazo de bienvenida. Disculpaba tu silencio creyendo que sufrías por no
poderme escribir. Y así durante tres años.
Amor distante que crece con la angustia, con la zozobra, con
la duda.
Por fin llegó tu carta. ¡Por fin tenia en mis manos esa
carta tan esperada! ¡¡¡Era feliz!!! No me atrevía abrirla. Durante unos instantes la apreté entre mis
manos, mientras dos lágrimas furtivas salieron de mis ojos y se perdieron en
mis labios.
¡Cuántas cosas
pasaron por mi mente, cuantos pensamientos apilados que brotaban como ráfagas
de un sol que se estrellaba anhelante en mí! Un eco lejano parecía repetir
incesantemente: “Te amo igual que tú me amas a mí. Y el eco moribundo se apagó
entre el ronco son de las olas que venían a morirse a la tranquila arena.
¡Qué bellos recuerdos invadían mi mente! Por fin abrí tu carta
Era una carta corta, muy corta. Solo unas palabras: “Quiero
que seas feliz. También yo lo soy al lado de mi esposo y mi hijo”
Creí que el mundo se desplomaba. Me senté asfixiado sobre
una piedra al lado del camino.
Pasaron los minutos, tal vez largas horas, no lo sé. Me
levanté y me puse a caminar con una angustia no conocida.
Una piedrecilla en el
camino que arrastré dándole pequeñas
pataditas, fue el único testigo de mi dolor.
Luego me fijé en mi perro
que me miraba inquisidor esperando una palabra
que no llegaba a mis labios.
Entré en mi casa
atravesando el jardín cuyas flores dormían arrulladas por el cascabeleo del
pequeño riachuelo que besa sus pies.
Me dejé caer sobre el
sillón, mientras el perro se tumbaba a mis pies. Todo era triste y carecía de
sentido. Mi mente estaba llena de bellos recuerdos que se deslizaban mansos y
tormentosos, lejanos y apagados, pero que ahora se avivaban con un siniestro
resplandor de lo que había sido una diáfana luz.
¿Qué había hecho yo
para merecerme esto? Entre tanto una machacona palabra hería mi sien:
“Que triste y mentiroso es el amor a la distancia”.
Luego aquella noche me fui a descansar, pensando tantas
cosas bellas de aquel lejano ayer.
Ya amanecía y miré a la colina, pero no pude ver ¿quién es
capaz de ver a través de una cortina de lágrimas.?
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