VIGILA TUS ACTOS. DIOS ESTÁ PRESENTE.
A veces en los lugares más recónditos vemos cuevas donde se esconden como chacales los criminales, o ladrones.
A veces leemos donde menos lo imaginamos: “DIOS TE VE”
Es que para Dios no hay lugares secretos, ni debajo de tierra, ni sobre ella. Ni en las estrellas ni sobre los mares. Doquiera que muevas tú vista allí está Dios.
No puede el criminal, ni el ladrón esconderse ni esconder su tesoro. Dios está enterado de todas tus obras. Es algo así como un mecánico que acaba de construir un vehículo. Con su pensamiento sabe dónde está cada pieza de su obra.
Nada se esconde a Dios, ni en el cielo ni en la tierra.
Solo hay un estado, (y no un lugar) donde Dios no está. No está en el infierno, es decir, el condenado está en un lugar sin Dios, en un estado sin Dios.
Cuando un ateo se denomina ateo ¡no se lo creáis! Dios está en la conciencia del ateo, y desde allí acusa al que hace malas obras y para encubrirlas se hace llamar “ateo”. ¡Cómo si Dios estuviese bajo las órdenes de un hombre!
Dios habló a Adán. Habló a Abrahán y dijo que su presencia en nuestra mente es un medio para nuestra salvación.
La santa presencia de Dios no se impone., porque es una presencia suave, sin violencia ni opresión. Es que el Dios de la Paz todas las cosas las hace en la paz y en el amor.
Pensar de continuo en la presencia de Dios en este mundo no es posible. Las circunstancias, las ocupaciones no nos dejan estar de continuo en la presencia de Dios.
En el cielo seremos como los ángeles. La presencia de Dios será el premio deseado de toda alma que abandona a su cuerpo. Entonces no podemos desear ser ángeles antes de tiempo.
Alguien puede figurarse que si no piensa en Dios ya no está en su presencia.
Una madre ama a todos sus hijos, Y aunque de continuo no esté pensando en todos, no por eso se van de su amor.
¿Quieres estar tú y tus obras de continuo en la presencia de Dios mereciendo a cada instante? Entonces ofrece a Dios todas tus obras de por vida. Todo lo que tenga valor ofréceselo a Dios. Y desde ese momento tus obras están ganando méritos continuamente para ti.
Es igual que el obrero u orfebre que está construyendo perlas y alhajas para ti. No es necesario que esté d continuo pensando en ti para que sus obras tengan más valor. Basta con que sepa que ese anillo, esa perla es una obra que tú has encargado, y cuando la termine te la entregará.
Así es la presencia de Dios. No es necesario estarlo pensando de continuo, porque de continuo, sin tu pensarlo, y aunque no lo creas, estás en la presencia de Dios
Estás en la presencia de Dios desde que te dio un alma. Desde que naciste, desde que vives, y lo estarás mientras caminas hacia la eternidad. Luego lo seguirás estando de una manera total, en su presencia visible por toda la eternidad. O dejarás de estarlo en el infierno, porque el infierno es la separación total del alma y Dio.
El alma separada de Dios sufre terrible dolor, de daño y de pena. Sin que nada ni nadie pueda aliviarlo jamás. Y tampoco tiene valor ninguno tus penas infernales si tienes la desgracia de estar allí
Tal vez alguien piense que la muerte iguala animales y personas. Pero eso no es así.
Desde el animal a la persona hay un abismo que no se puede recorrer ni en toda la eternidad, porque el uno baja y el otro sube. El animal baja a la tierra. El hombre sube a la gloria o sube a un dolor inexplicable que ya no lo abandonará jamás.
No hay porque pensar que obramos mal porque pasan las horas y los días sin acordarnos que estamos en la presencia de Dios, porque no existe nada que pueda apartarnos en esta vida de la presencia de Dios.
Pero es bueno, como dije antes, es bueno recordarnos que estamos en su presencia. De ese modo adelantaremos en nuestros méritos.
Pensemos que no es más buena la obra que el pensamiento.
A veces deseamos ir a visitar a Jesús en el Sacramento del altar. Pero no podemos. Entonces basta con desearlo. Pues a veces es más agradable a Dios el deseo que la misma obra.
Gana más el que por obediencia calla y por obediencia come y duerme que el que por propia voluntad hace grandes sacrificios y grandes penitencias. Y ayunos.
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