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SUEÑOS DE PAJARO. (Para niños)
Krik era un hermoso pajarito nacido en prisión. Vivía en una jaula muy hermosa, cuyos resplandecientes barrotes solo le permitían ver una mesa de escritorio y dos sillas hacia un lado, y hacia el otro lado un hermoso árbol, donde a veces se posaban otros pájaros entonando diversos cantos.
Krik se preguntaba que habría más allá de aquel árbol movido por un vientecito agradable que a veces llegaba a su jaula.
Por las noches de claros luceros veía allá lejos, lucir bellas estrellas, que reflejaban puras en un pequeño estanque donde los niños iban a jugar.
Krik tenía un hermoso vestido de plumas de varios colores que eran la admiración de otros pajaritos que posaban en las ramas envidiando los granitos de semilla que colgaban dentro de aquella jaula.
Un día se atrevió a preguntar a los que se acercaban cual eran sus nombres.
-Yo me llamo Gorrioncito
-Yo me llamo Ruiseñor y por las noches entono dulces canciones con el arpa de mi voz a los ríos, los bosques, la hierba y también a los pasajeros, que asombrados, me escuchan.
-¿Y cómo son los ríos, los bosques y los pasajeros?
-Claro, tú no lo sabes, porque estás siempre encerrado. Aquí has nacido, y aquí permaneces no sé para qué. Por eso ignoras las alturas en un lejano vuelo hasta lugares donde somos muchos, y charlamos a la sombra del enramado los días de sol, o nos escondemos bajo amplias hojas los días de lluvia
Krik no se atrevió a preguntar más por no parecer un bobo ante la majestuosa sabiduría de sus amigos.
Se quedó callado, pensando en el placer de ir volando sobre las nubes, y sin quererlo movió las alas tan fuertemente que Gorrioncillo le dijo:
-¿Te animas y te vienes con nosotros?
-No puedo. Aquí hay muchos seres humanos que les agrada oírme cantar, y por eso me dan de comer.
-Comer…Sí, claro. Eso es bueno. Pero también nosotros comemos gusanos, moscas, y trozos de frutas maduras.
-¡Que fuerte! Exclamó Krik. Comer gusanos. ¡¡Puafff que asco!
Bien, bien. Tú te lo piensas. Tienes muchas horas para pensar si quieres venirte con nosotros. Si te decides tenemos un amigo, que le llamamos el Pájaro carpintero. Él tiene una sierra que podrá ayudarnos a romper esos barrotes. Nosotros nos vamos,
-No tan aprisa. Os invito a comer de estas hojas de lechuga, de estos granos, y después volveréis a contarme algo más de esos viajes tan bellos desde donde se ve el mundo de otra manera.
Y se fueron pensando que no valía la pena estar todo el día encerrados para comer y cantar nada más.
Al día siguiente venían acompañados de Pájaro Carpintero que se escondió entre las hojas del árbol, en espera de la decisión de Krik
¿Qué has pensado?
-Quiero ir con vosotros, ver ese mundo maravilloso que no conozco.
Se acercó Pájaro Carpintero, y después de probar de romper los barrotes dijo:
-Ya se ha gastado la sierra de mis dientes. ¡No puedo! Tendremos que pensar algo mejor.
Y todos los pájaros del bosque fueron avisados para una reunión conciliar, sobre un enorme árbol de la serranía, que estaba escondido entre otros árboles.
Debían pensar como liberar a Krik, que cada día se le inutilizaban más sus alas, y de seguro moriría en aquella jaula si no conseguían su liberación.
La primera en hablar ha sido un águila, la cual propuso llevarse la jaula hasta un bosque, y allí habría que buscar el modo de abrir la puertecita.
Un loro se acerca y le dice a Krik:
-¿Sabes tú que magia usan los hombres para abrír y cerrar la puerta de la jaula?
-Sus manos. Nada más que sus manos.
-Sucede que nosotros no tenemos manos. Habría que hablar con el Señor Mono. Pero tiene unas manos peludas que te asustarían mucho. Además no nos llevamos bien con él, porque se cuenta que a veces ha cogido un pajarito entre sus manazas y lo apretó tanto que le rompió las costillas. Así que tendremos que descartar al mono.
Seguirá.
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