Si os salváis…
El cielo todo es amor sin sombra de dolor. Todo es felicidad, sin sombra de pesares. Todo es hermosura. Y tanta es la belleza de cada persona que al mirar a otra persona y ver su hermosura nos llenará de satisfacción.
Pero no tan solo las personas, sino todo lo que Dios tiene creado, y lo reserva para aquellos que han cumplido los mandamientos.
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El cielo todo es amor sin sombra de dolor. Todo es felicidad, sin sombra de pesares. Todo es hermosura. Y tanta es la belleza de cada persona que al mirar a otra persona y ver su hermosura nos llenará de satisfacción.
Pero no tan solo las personas, sino todo lo que Dios tiene creado, y lo reserva para aquellos que han cumplido los mandamientos.
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Allí hay cuanto pueda satisfacer al alma.
Las flores vistosas de la tierra satisfacen al mirarlas.
En el cielo las flores están hechas de vida, luz
Decía San Juan Bosco, que una noche se fue a dormir. Y vio que todos sus niños lo rodeaban para que los llevase a algún lugar donde pasarlo bien.
Después de pensarlo dijo:
-¿Vamos al cielo?
Y todos respondieron que sí.
Al cielo se encaminaron. Y era tanta la belleza que el gozo los inundaba.
Entonces al ver a algunos de sus discípulos muertos ya, en el cielo les pregunta si aquello era el cielo.
Ellos respondieron que no. Que era tan solo una parte de la Creación elevado por Dios a un grado de belleza. El cielo era tan maravilloso que si algún mortal lo viera no podría seguir viviendo. Toda su vida sería un continuo deseo del cielo, y sentiría profundo desprecio por todo lo creado comparado con el cielo.
Pensemos que Jesús ha resucitado a varios muertos, algunos ya putrefactos.
Pero ninguno ha estado en el cielo. De haber estado en el cielo recordarían lo que es el cielo, y se les haría imposible la vida sobre la tierra, aunque a cada uno le dieran todo lo que hay en el mundo
En su sueño letárgico de nueve días Fanny, la famosa Rusa del siglo pasado, se vio en un lugar que pensó que era el cielo. Y quería tomar en sus manos las piedras, porque su valor sobrepasaba a todos los tesoros del mundo.
Yo espero que un día nos veamos en el cielo todos, y no por nuestros méritos, sino por los Méritos de Jesucristo unido a nuestro arrepentimiento y recibiendo los Sacramentos del Perdón y la Eucaristía.
Vuestra hermosura será tal, que con contemplaros se inundaran todos de felicidad.
En el cielo no hay ancianidad, ni senectud, ni bellezas efímeras del rostro, porque todo eso ha quedado de la parte de acá de la vida. Allá todo es felicidad.
Entonces bendeciremos a Dios por tantas cosas buenas que no nos ha dado en esta vida. Lo bendeciremos por habernos dado libertad para sacrificarnos por Él.
Y será entonces cuando comprendamos estas palabras: Los ángeles, eternos adoradores de Dios, a veces miran con envidia a los hombres, porque los hombres pueden hacer sacrificios de amor por nuestro Dios y ellos no.
¡Qué poco sabemos aprovechar la libertad que tenemos de sufrir por Dios! ¡Que poco sabemos apreciar los dolores que necesariamente debemos padecer para vivir y morir!
Lo comprenderemos cuando ya sea tarde para poder sufrir, y quisiéramos volver a esta vida para ofrecer a Dios sacrificios de pasiones, que entre incienso de virtudes, atravesando las nubes lleguen a besar sus pies.
Las flores vistosas de la tierra satisfacen al mirarlas.
En el cielo las flores están hechas de vida, luz
Decía San Juan Bosco, que una noche se fue a dormir. Y vio que todos sus niños lo rodeaban para que los llevase a algún lugar donde pasarlo bien.
Después de pensarlo dijo:
-¿Vamos al cielo?
Y todos respondieron que sí.
Al cielo se encaminaron. Y era tanta la belleza que el gozo los inundaba.
Entonces al ver a algunos de sus discípulos muertos ya, en el cielo les pregunta si aquello era el cielo.
Ellos respondieron que no. Que era tan solo una parte de la Creación elevado por Dios a un grado de belleza. El cielo era tan maravilloso que si algún mortal lo viera no podría seguir viviendo. Toda su vida sería un continuo deseo del cielo, y sentiría profundo desprecio por todo lo creado comparado con el cielo.
Pensemos que Jesús ha resucitado a varios muertos, algunos ya putrefactos.
Pero ninguno ha estado en el cielo. De haber estado en el cielo recordarían lo que es el cielo, y se les haría imposible la vida sobre la tierra, aunque a cada uno le dieran todo lo que hay en el mundo
En su sueño letárgico de nueve días Fanny, la famosa Rusa del siglo pasado, se vio en un lugar que pensó que era el cielo. Y quería tomar en sus manos las piedras, porque su valor sobrepasaba a todos los tesoros del mundo.
Yo espero que un día nos veamos en el cielo todos, y no por nuestros méritos, sino por los Méritos de Jesucristo unido a nuestro arrepentimiento y recibiendo los Sacramentos del Perdón y la Eucaristía.
Vuestra hermosura será tal, que con contemplaros se inundaran todos de felicidad.
En el cielo no hay ancianidad, ni senectud, ni bellezas efímeras del rostro, porque todo eso ha quedado de la parte de acá de la vida. Allá todo es felicidad.
Entonces bendeciremos a Dios por tantas cosas buenas que no nos ha dado en esta vida. Lo bendeciremos por habernos dado libertad para sacrificarnos por Él.
Y será entonces cuando comprendamos estas palabras: Los ángeles, eternos adoradores de Dios, a veces miran con envidia a los hombres, porque los hombres pueden hacer sacrificios de amor por nuestro Dios y ellos no.
¡Qué poco sabemos aprovechar la libertad que tenemos de sufrir por Dios! ¡Que poco sabemos apreciar los dolores que necesariamente debemos padecer para vivir y morir!
Lo comprenderemos cuando ya sea tarde para poder sufrir, y quisiéramos volver a esta vida para ofrecer a Dios sacrificios de pasiones, que entre incienso de virtudes, atravesando las nubes lleguen a besar sus pies.
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