jueves, 23 de julio de 2015

ESPERANZA,
Hay en los Foros Católicos gente más o menos instruida. Pero una cosa une a todos. Es la Esperanza en Dios
Aunque unos tienen más esperanza cuando se enferma de gravedad, él o algún ser querido
Es que la Esperanza está muy unida al dolor. Tal vez por eso Dios nos dejó el dolor, no como medio de sufrimiento, sino para que acudamos de continuo a Él en nuestro dolor. ¿No acaso el Hijo Prodigo se recordó de su padre en el dolor?
Bienaventurado el hombre que espera en Dios, dice el Espíritu Santo.
Aquel que busca su bienestar entre las cosas materiales siempre sufrirá. Nadie puede dar lo que no tiene. Y la felicidad está en la Esperanza y la Fe.
El que espera consigue, porque Dios es un Padre muy rico. Sus riquezas no las necesita. Las da a quien se las pida. Entonces de Dios procede la felicidad, la sabiduría, la fe, y todo lo bueno, mientras que de las cosas materiales solo proceden alivios materiales para necesidades efímeras, que a veces dejan un agrio sabor de muerte por el dulce veneno que esconden.
Dios es todo misericordia. Y lo es de tal modo que su Misericordia supera a todos los pecados del mundo. Somos pecadores. Unos cometen pecados menores, otros cometemos pecados enormes, imposibles de perdonar por alguien cuya misericordia y amor no sean infinitos.
Dios es infinito. Puede perdonar todo.
Solo es necesario pedir con fe, con esperanza y arrepentimiento.
Pensadlo bien: ¿Hay algo más grande que sentirse perdonado por el mismo Dios? Grandes son todos los Sacramentos. Pero ninguno tranquiliza tanto como el total perdón de Dios.
Cuando Dios ve un alma arrepentida entonces se apresura a ofrecerle su perdón. Es necesario pedirlo si se puede. Y si no basta con desearlo, porque a veces el hombre es atacado por enfermedades terribles, o por la muerte escondida en cualquier lugar. Entonces muchas veces el hombre no está preparado para la muerte. Está viviendo de continuo en culpa grave. Y esto supone un alma muerta como un cadáver. Es necesario que el hombre pida perdón con confianza y arrepentimiento. Es entonces que Dios perdona. Y cuando Dios perdona no perdona a medias. Perdona todo, por eso es necesario pedirle perdón de todo, y tener la esperanza de ser perdonado en todo,
Debemos confiar plenamente en Dios. Pero después de arrepentirnos.
Dios es una Madre que comprende nuestros pecados. Conoce muy bien nuestras fragilidades. Sabe que somos atacados por el demonio, por la carne que busca otra carne, y por las cosas hermosas del mundo. Y esto nos hace perder el norte.
El Norte es Cristo. Y Cristo nos dijo como era Dios, pues siendo Él Dios no nos podía engañar. Nos dijo en la Parábola del Hijo Prodigo. Nos lo dijo en la Parábola de la Oveja perdida. Así que la esperanza en Dios siempre alcanzará misericordia.
Debemos tratar de sacarnos nuestras culpas de encima, pero sin agobios sin amilanarse.
Cuando Pedro dice a Jesús que se aparte de él, porque es un pecador vulgar, Jesús le contesta con un cargo honorable haciéndolo Piedra y Jefe de toda la Obra de su Evangelización y Doctrina, De la Iglesia.
El Trono de la Misericordia de Dios es infinito. Y ese Trono descansa sobre nuestras flaquezas- Es que Dios no podría ser Misericordioso si no hubiese flaquezas, porque la misericordia se muestra sobre las flaquezas humanas. Por eso no debemos temer. Por eso debemos confiar en Dios, pues no vino a salvar a los justos, pues ya estaban salvados, sino a nosotros los pecadores que cada día pecamos, caemos y confiamos y nos humillamos confesando que somos eso: Personas enclenques enfermizas por el pecado.
Dios nos ama. Aunque detesta nuestra enfermedad, que es el pecado grave.
Así como una madre ama al hijo enfermo, pero desea que la enfermedad se aleje, así Dios con nosotros y nuestras culpas.
Tengamos en cuenta que Dios no quiere que nos condenemos, que nos persigue para salvarnos, que nos ofrece el perdón mientras vivamos, después ya no hay tiempo. Y que Dios no hizo ni quiere al infierno. Por eso debemos decir ·sí” a Cristo y seguirlo en lo bueno y en lo malo.
Así encontraremos la felicidad perdida, preludio de la felicidad eterna.

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