LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL y origen del rosario. Primera
parte.
En el templo de Jerusalén había en aquellos días una
muchachita consagrada a Dios. Ella estaba en el templo para adorar la gloria
del Altísimo ante el velo donde se escondía la Divinidad.
Estas muchachas podrían venir allí a partir de los tres
años, pero a la edad de la pubertad más o menos a los 15 años, se enviaban a
sus familias para que siguieran el curso de la vida.
Entonces las mujeres deseaban casarse, porque sabían que de
una mujer iba a nacer el Mesías.
Pero esta doncella, a la que nos referimos, se consagró a
Dios en cuerpo y alma. Era una promesa nada común.
Llegó a la edad de quince años, y fue llevada ante el Sumo
sacerdote para oír de él que tendría que abandonar el templo, porque era
llegada la hora.
Esta joven, llamada María expuso
al sacerdote que no tenía familia ninguna, porque su madre, Ana, y su padre
Joaquín habían muerto hacía varios años.
El Sumo Sacerdote era sabedor de
las virtudes de esta doncella, y pensó en buscarle un novio de la familia de
David, a la que ella pertenecía.
Convocó a todos los jóvenes de la
familia de David, que estuviesen en una edad prudencial para hacer pareja con
María, la doncella. y les dio una extraña orden. En el edicto decía:
Se acercarán todos los jóvenes en
una edad comprendida entre veinte y treinta años, pertenecientes a la Casa de
David. Cada uno traerá una vara con su nombre.
El objeto es entregar por esposa
a una virgen del templo.
Pero el Sumo Sacerdote pensó:
“Esta Virgen es muy amada de Dios. Está llena de virtudes. Por eso Dios
escogerá a su esposo, y yo se la entregaré a aquel varón que traiga la vara o
ramo más verde”
Llegó el día, y todos estaban
reunidos en una sala. Entretanto se acerca el Sumo sacerdote con todas las
ramitas en el brazo. Las posó sobre la mesa, y de entre ella escoge una que
estaba a punto de brotar las flores. Mira el nombre y lee en voz alta:
José de Alfeo, de la Estirpe de
David. Tú has sido escogido por Dios para ser el esposo de esta doncella.
Pero José también había hecho
voto de castidad, y no pensaba romper su promesa. Se adelantó y dijo al
Sacerdote.
-Lo siento mucho, pero yo no
tengo en mis planes casarme. Tengo hecho voto de castidad y no pienso romperlo
por nada ni por nadie. Si accediera a casarme con ella sería con esa condición.
Y…comprende, sacerdote, que ninguna mujer me aceptaría con tales condiciones.
El Sumo Sacerdote le dijo;
-Para Dios nada hay imposible.
Vas a ver a tu prometida.
Calló José y entró María.
Entonces José la saludó:
-María, el sacerdote quiere que
yo sea tu esposo. Pero tengo algo que decirte primero. Si aceptas, bien, pero
si no aceptas entonces no seré yo tu prometido.
-También yo, José, tengo algo que
decirte. Y también te digo lo mismo.
-¿Que cosa María?
-Que tengo hecho voto de castidad
y virginidad y con este voto quiero
vivir siempre. En castidad. Ya sé que es un poco extraño. Pero eso te digo.
Entonces José, tomando las manos
de María le dice:
Bendito sea Dios. Precisamente
eso es lo que quería decirte.
-Si es así acepto en ser tu
prometida.
-Vayamos pues ante el Altísimo, y
allí renovemos nuestro voto los dos juntos.
Se fueron ante el Sanctus
Sactorum y renovaron sus promesas de virginidad
Pasado algún tiempo María fue
desposada con José como prometida (la boda constaba de dos partes. La primera
cuando se prometían, la segunda cuando recibían la bendición y pasaban a vivir
juntos).
Entonces María, en un lindo
carruaje, fue llevada hasta Nazaret, donde tenía la casa de sus padres, ya
muertos.
Allí, en la casita de Nazaret,
seguía poco más o menos la misma vida que en el Templo: Sus oraciones. Sus
cantos sagrados, y trabajando en el telar y en la costura y el bordado.
María tenía siempre el corazón en
Dios, y su oración era dirigida a Dios para que enviara pronto a su Mesías, y
que ella tuviese la dicha de conocerlo.
Hasta entonces María no sabía que
era Inmaculada., no sabía que no poseía el pecado original.
LA ANUNCIACION
Una mañana Maria se levantó. Fue a su huerto, cuyas
ramas de arbolitos estaban en flor, y tomando algunas de peral y durazno las
colocó en un jarroncito sobre de un arca.
.
Se puso en oración profunda,
inclinada en el suelo.
De pronto un vientecillo suave
mueve la cortina, y esa ráfaga vuelve otra vez a soplar, como para llamar la
atención
María suspende su meditación y
mira hacia la ventana. Y al mirar ve que la cortina se mueve como si una mano
invisible la apartase, y un rayo luminoso de una luz desconocida entra por la
ventana.
Esa luz se desgrana en irisados
colores, mientras María contempla absorta tanta hermosura. De medio de esa luz
aparece un ángel de indescriptible belleza. El ángel va hacia María, la cual se
va hacia la puerta que da al huerto, como si temiera a la aparición. Es ahora
que el ángel le dice:
-No temas María. Soy Gabriel, el
ángel que de continuo está ante el trono de Dios. Vengo de su parte a
suplicarte que acedas en ser su Madre.
¿Qué me contestas María? El
cielo, la tierra todo lo creado está esperando tu respuesta.
Y Maria le responde:
-¿De dónde me viene a mi esa gracia
para que mi Dios se fije en mí? Yo estoy consagrada a Dios en voto de perpetua
castidad y virginidad, y así quiero permanecer. ¿Es que el Altísimo ya no
quiere mi promesa?
-Sí, Maria, sí que la quiere,
pero lo que se obrará en ti, si aceptas, no será por obra de varón, sino por la
omnipotencia del poder de nuestro Dios. María ¿ que debo contestar a Dios?
-Pues dile de mi parte que se
haga en mí según su voluntad lo quiera.
El ángel se postra ante Maria en
profunda adoración al que en este instante comenzaba a formarse en el vientre
de Maria como Hombre-Dios. ¿Cómo sucedió esta encarnación de Dios en Hombre?:
En las entrañas de la Virgen y de
su sangre forma Dios un cuerpo perfectísimo. Crea de la nada un alma y la une a
este cuerpo. A este cuerpo y alma se une EL HIJO DE DIOS. De esta manera el que
hasta ahora había sido solamente Dios-Hijo y sin dejar de ser Dios comienza a
ser hombre. Hecho hombre se llamó Jesús o Jesucristo.
Jesucristo quiso observar todas
las etapas de una vida humana para sublimizar así la raza humana y redemirla..
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