EL BARBERO DEL BARÇA- El coche Mazda
Me voy a comprar un
coche. Lo peor es que no recuerdo donde he guardado el dinero para que no me lo
robara el Tronko. No sé cómo voy hacer. Y con la falta que me hace comprar un
cochecito leré…
Pienso que debo preguntárselo
al Tronko, que viene subiendo el sendero desde la playa.
-Hola Tronko ¿Qué te trae
por mi barbería?
-Nada en particular. Es
que estaba un poco aburrido, y pensé: “Mo voy a visitar al amigo Barbero. A lo
mejor me invita a comer.”
-No te caerá la breva. No
voy a invitarte. Primero porque la abuela está acatarrada, y le salieron unas
pupitas en los labios. ¡Pobrecita! Y además ando buscando el dinero.
-¿Qué dinero?
-El mío. Lo he escondido
y no recuerdo donde.
-¿Y porque lo has
escondido?
-Porque tenía miedo de
que tú me lo robaras. Y ahora lo necesito y no lo encuentro.
-Vamos a ver. ¿Cuándo lo
has escondido?
-Hace tres días.
-¿Por dónde has andado
hace tres días?
-Pues por el corral, por
junto al horno, por la era y subí al cerezo.
-¿A qué has subido al
cerezo si las cerezas aún están muy
verdes?
-Pues….Pues es verdad.
Sí, sí. Me parece que sí.
-¿Qué es lo que te parece
que sí?
-Que lo colgué de una
bolsa y lo dejé en el alto de una rama para que tú no lo encontraras.
-¡Eres un tonto! Suponte
por un momento que hubiese pasado una cigüeña y se lo llevara, o cualquier otro
pájaro nocturno.
-Es verdad, Tronko. No
había pensado en eso.
-¿Cuánto dinero has
guardado?
-Me parece que dos millones…bueno,
a lo mejor cien…Tal vez menos…No sé, Tronko. No llevo las cuentas.
-Vamos hacer una cosa:
Hacemos una carrera, y el primero que lo encuentre es para él, ¿Vale?
-Pero yo tengo que
comprar un coche de segunda mano.
-¡Déjate de tonterías!
Venga, a la una, a las dos, y a las tres.
-No vale. Tú estabas tres
pasos adelantado.
-Pues hacemos una raya.
Ahora. A la una, a las DOS Y A LAS TRES……
-Te has adelantado. ¿Ves
algo?
-Sí. En aquella rama hay
una bolsa colgada.
-No. Esa bolsa no es. Esa
bolsa la puse ahí para disimular. Y dentro tiene….
-¿Qué tiene?
-Mis calcetines usados y
mis calzoncillos.
-¡Vaya manera de
disimular! Bueno…allá arriba hay otra bolsa negra.
-Esa también la puse para
disimular, porque como lo negro no se ve por la noche…
-¿Quién te ha dicho que
las cigüeñas andan por las noches? ¿Qué tiene dentro?
-¿Dentro?
-Sí
-Dentro está el dinero.
-Entonces yo he ganado.
Me quedo la bolsa.
-Está bien. Pero tienes
que darme cuarenta mil euros para comprar el coche de segunda mano.
-Está bien. Y el resto
para mí. ¿Pero porque quieres comprarte
un coche de segunda mano pudiendo comprar uno de primera?
-Pues porque el que me
dan por cuarenta mil ya no se fabrica. Y otras cosas que no te cuento.
-Bien. Toma tu dinero, y
yo me voy a comprar un chalet flotante. Ya te invitaré para que lo veas.
-Aquí nos despedimos
Tronko. Que disfrutes de mi dinero.
-Del mío. Me lo he ganado
a pulso.
-Me voy antes de que
aquel loco lo venda a otro.
-Mire usted: ¿Recuerda mi
rostro?
-Ah, sí. Tiene usted una cara
de caballo que no es fácil olvidarla nunca. ¿Qué es lo que quiere de mí?
- Pues vengo a comprarle
el coche forrado.
- ¿Ya trae el dinero?
-¡Claro! !Sin dinero no
se compran coches!
-Entonces vamos hacer el
contrato ante notario. Este coche está forrado…Forrado por fuera…Pero ya sabe
que por adentro, entre chapa y tapizado está lleno de piedras preciosas, de
platino, de zafiros de oro, de plata y de galletas, por si alguna vez tiene
hambre.
-Yo ya conozco el coche.
Hace unos días he venido por la noche. Entré en el garaje, y con un detecta
joyas lo he examinado. Por lo menos hay doscientos kilos de joyas oro,
platino….
-Doscientos veinticinco.
Pero hay una pega ¿Usted me conoce a mí?
-No. Solo lo había visto
una vez. Pero ya no me acordaba.
-Pues fíjese bien en esta
cara que llevo puesta, porque nunca más la volverá a ver.
-¿Se va a suicidar?
-No, idiota. Voy hacerme
la cirugía antiestética, y pareceré otro. Así que usted no me conoce, ni yo le
conozco. Usted ignora lo de los forros, y yo también.
Vamos a pagar y ya está.
-Pero este coche casi no
anda.
-Eso es porque hace
veinte años no anda. Pero con un poco de gasolina, con unos empujoncitos,
llegará hasta la estación de tren.
Bueno. El coche ya es mío.
Y voy a empujarle, porque andar no anda. ¡Y, la Policía! ¡Voy a meterme dentro!
-¡Alto ahí!
-Sí señor. Aquí se está más
alto
-¿Por qué venia usted
empujado al coche?
-Pues para que anduviera.
-¿Entonces no tiene
gasolina? ¡Multa al canto! Cómo se le ocurre andar con un coche sin gasolina !y
además tan viejísimo? ¿Qué marca es esta antiguedad?
-Es un Mazda-MX3·, con
matrícula CA-4540-BB—de 90 Cevallos, o yeguas, Y no es tan viejísimo, está
fabricado en Japón en el año 1995.
-Papeles, papeles…No nos
fiamos de usted que tiene cara de burro.
Sí, señor. Aquí está.
-Todo en orden, pero deseamos
ver la gasolina.
-Metan ustedes un alambre
en el depósito, y verán que tiene gasolina de 98 octanos, porque yo hice un
invento para sacar gasolina de los tojos y no me dejaron patentarlo.
-¿Entonces porque no
arranca?
-Seguro que si ustedes
dos me empujan un poco, arrancará. Es que yo solo no puedo.
-Venga. Súbase al coche a
ver si lo podemos arrancar. Ponga la primera. Ya está, ya ha arrancad.
-Gracias. Son ustedes muy
amables, Chau, que llevo prisa.
Casi me han pillado.
Menos mal que nunca sabrán lo que lleva entre forro y chapa. Pero yo me voy a mi
casa, que es lo que importa. Luego lo desguazo, y le saco el tesoro y a vivir
la vida. ¡Guay, que listo soy!
Aquí hay perlas a
montones. Y oro a montones, y no digamos del platino. Tendré que colocar cada
cosa separada, y lo peor es que no sé dónde. Necesito varios días para resolver esa ecuación de varios
grados.
Ya está. Ya sé dónde
guardarlos. Me compraré una docena de huevos de avestruz, los vacío. Y cuando
los tenga vaciados compraré tres avestruces. Les saco las tripas, y las pongo
como adorno junto a los pasamanos de entrada. Y ya está
¡Pero que tonto soy! Un avestruz
llamará más la atención. Así que no va a poder ser. Lo de los huevos sí. Pero
la avestruz no.
Ya lo sé. Compraré un
tronco de nogal. Lo vacío, meto adentro
lo que pueda, y pongo el tronco como un asiento, junto a mi cama, y por las
noches lo meto en mi cama, por si los
ladrones. Así nadie podrá robármelo.
¡Qué bien me ha salido!
Ahora a meter en el hueco lo que se pueda, y mañana otro tronco y otro. Hasta
poner todos los tesoros. ¡No soy yo nadie pensando truquitos?
Esta noche dormí con el
tronco. ¡Qué mal dormir tiene el condenao! Toda la noche rascándome la espalda!
Esto no puede ser.
Y para colmo de males, se
está acercando el Tronko. ¡Le tengo unas rabias, que le daría una paliza con el
bastón de la abuela
-Hola Barbero ¿Cómo
estás? Hace días que no te veo, y dije yo. Voy a visitar al Babero a ver qué
hace.
Pues no hago nada. Estoy
mirando a las nubes
-¿Y que hay en las nubes?
No veo nada interesante. Las nubes las mueve el viento, y el viento sopla donde
quiere.
Pues eso. Estaba mirando
a ver a donde sopla el viento. Y tu vete, que tengo que aprender cómo se
revuelven las nubes
-Claro que me voy. Pero
te traigo un periódico para que leas.
-A ver. Dime donde tengo
que leer. Porque tú siempre llegas a mi casa en la hora más inoportuna. Después
no me acuerdo de lo que tengo que hacer, ni donde tengo que esconder los…
Bueno, los… digo las sobras de la comida.
-¿Y para que tienes que esconder
la sobras de las comidas?
-Porque así cuando vengas
tú te pueda invitar. Bueno, es una broma. ¿Dónde hay que leer?
-Lee, lee.
-Aquí dice que un chico
de unos treinta años se ha comprado un Mazda del año 95, y luego le dijo a la
policía que le empujaran, y cuando le iban a poner una multa s escapo. Las
señas del chico son que tiene una cara entre una mula y un burro…..
-Pues entonces tienes que
ser tú. ¿Me enseñas el coche?
-Está en el desguace.
-¿Has comprado un coche
para enviarlo al desguace? Me has dicho que te ibas a comprar uno de muchos miles de euros.
-Sí, pero lo estoy
desguazando. Así lo vendo a piezas.
-No entiendo nada. O yo
soy un tonto o tú eres un listillo.
-Las dos cosas, Tronko,
las dos cosas.
-Quiero ver el coche.
Seguro que tú has comprado ese coche porque ha pertenecido a una gran estrella
de cine, y debes estar guardando lo trozos donde la estrella puso sus rayos,
digo, sus dedos.
-No. Eso es mentira.
Estoy desguazándolo para sacarle lo que tiene adentro.
-¿Desguazar un coche para
descargarlo?- Mira, Barbero. Aquí hay gato encerrado. ¿Qué hay en el coche?
-Nada. Bueno, casi nada,
porque ya casi le he sacado todo, y lo tengo escondido. Ahora busco un sitio.
-¿Un sitio para qué?
¿Para guardar el coche? ¿O no digo la verdad?
-Para guardar el tesoro
que estaba adentro, entre los forros.
-¿los forros? ¿Y dónde lo
has escondido?
-En los huevos. Y el
resto dentro de un tronco.
-¿En los huevos? ¿Huevos
de gallina? Mira, hace poco un ladrón escondió una serpiente dentro de un
huevo, y casi le sale pena de muerte.
-Huevos de avestruz.
-Ah. ¿Y dónde están los
huevos?
-¡A ti te lo voy a decir!
Para que luego me robes el tesoro.
-Pero, Barbero…No seas
idiota. Y si no hablas llamo a la abuela.
-Los huevos están debajo
de cama. Pero no digas nada a la abuela. Ya sabes como es.
-¿Y los troncos, dónde
están?
-¿Los troncos? ¿Quién ha
dicho Tronco? Quise decir que el resto del tesoro es el dinero que tienes tú. Y
tú eres el Tronco.
-No sé. No sé. No me
cuadra nada. Aquí hay un lio de mil rayos. Hace un año te has metido en una
buena, a causa de aquella perla. ¿Te
acuerdas? Gracias a mí que la he
vendido, que sino…
-Es que de esta vez es
algo parecido. Pero el coche está ya desguazado, y nadie sabrá que tenía dentro
tantos tesoros.
-¿Tesoros? ¿Qué tesoros?
¿Muchos? ¿Los tienes todavía? Podríamos
venderlos y volver a ser riquísimos. Mira, yo ya le he echado el ojo a una casa que hay sobre el mar. Es un
palacio, Barbero. ¡Un palacio! Allí podíamos vivir como reyes. Yo el Rey, y tú
el vasallo preferido, el mandamás ¿Qué te parece?
-¿Y porque no puedo yo
ser el Rey y tú el vasallo? ¿Por qué siempre me toca de ser menos que tú?
-Pues lo hago por tu
bien. Porque si no vendemos el tesoro no somos ricos, y a ti te engaña un
burro. Venga, dime pronto donde está el tesoro.
-En varios troncos. El más
grande duerme conmigo. Los otros los até al pie de la cama.
-¿Qué duermes con un
tronco? ¿Por penitencia?
-No. Para que no me lo
roben.
-Ah, bueno. Eso no vale nada. Yo creí que era un tesoro
de oro y perlas. Nadie te dará por un tronco ni cinco euros. Chau, me voy.
-¡Que no, Tronco, que no!
Que el tronco es gordo. Está hueco. Y dentro hay oro y muchas cosas.
-Enséñamelo pronto.
Mira. Fíjate cuanto oro,
y platino y perlas.
-Ya me fijo ya. ¿Cómo te has hecho con tanta cosa?
-Se lo compré al de la
careta
-¿Quién es el de la
careta? A ver si es un timo.
-El de la careta ni lo
conozco ni me conoce. El tenía un coche. Me lo ha vendido. Es un Mazda Deportivo.
Matricula CA 4540BB- del año 96. Entre la chapa y el tapizado estaba este
tesoro, y el dueño ya lo sabía, pero me dijo que no nos conocíamos, y se fue a
hacer la cirugía antiestética. Ahora es mío. Pero ya está desguazado.
-Ahora comprendo. Pues nada.
Lo primero es trocear la cebolla, digo el coche, luego habrá que buscar un
sitio para esconder ese tesoro. Lo peor es que no se me recuerda nada.
-¿Te recuerdas aquel día
que nos metimos por aquella cueva, y fuimos a dar debajo del cuartel de la Guardia
Civil?
-Sí, ¿Y qué?
-Pues no hay mejor
escondite que debajo del cuartel de la guardia civil.
-Eso es verdad. Pues
vamos a ponerlo en bolsas de kilo, bien cerradas, y lo vamos a esconder donde
tú dices.
-
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