EL BARBERO DEL BARÇA y el
CEMENTERIO
Hola Barbero. ¡Tantos
días sin saber de ti! ¿Dónde te has metido?
-Pues nada, que estoy
ganando mucho dinero. Muy bien colocado. Y con esta crisis se necesita el
dinerete.
-¿Tienes dinero? Entonces
permíteme, oh buen amigo, decirte que te amo como a las niñas de mis ojos.
-Déjate de bobadas. Tengo
dinero porque trabajo.
-¿Podrías darme trabajo?
Bueno, trabajo no es lo que quiero. Lo que quiero es dinero.
-Si trabajas tendrás
dinero. Si no trabajas no tendrás nada.
-Trabajaré. Te lo prometo
por los clavos de esa puerta.
-Entonces ven conmigo.
-¿Y tú que haces?
-¿yo? Pues enseñarles a
leer y escribir a las gallinas.
-¡A las gallinas! Querrás
decir a las malignas, es decir a las niñas malas.
-A las gallinas
-¿Y logras que lean?
Porque para leer hay que hablar…
-Las gallinas son
personas, lo mismo que tú eres una persona. Cuando naciste ¿sabías hablar?
-No.
-Pues las gallinas
tampoco. Pero poco a poco con paciencia has aprendido a hablar.
-Sí. Mi madre me hacía
doblar la lengua para pronunciar bien.
-Pues hazte de cuenta que
tú eres tu madre.
-¿Yo mi madre? Querrás
decir mi padre.
-Da igual.
-¿Me puedes mostrar una
gallina hablando?
-Ven y verás. Eres peor
que los incrédulos. No puedes creer si no ves.
-Pero esto es un gallinero
-Un gallinero donde todas
las gallinas hablan. Verás.
“Gallina pepita, dime si
conoces a este hombre.
-No lo conozco. Pero por
la pinta que tiene es un granuja.
-¿Lo ves? Hablan, y
además tienen la facultad de conocer a las personas. ¿Quieres que te digan lo
que has hecho durante mi ausencia?
-Buuueeeenoooo. Pero se
lo inventarán.
-Gallina Arturita. ¿Nos
dices lo que ha hecho este hombre en mi ausencia?
-Sí. Claro que sí. Ha
entrado en tu casa. Te ha robado diez mil euros que tenías escondidos en una
botella. Después se ha bebido una botella de coñac, y se pasó una noche
durmiendo en el suelo como si estuviese midiendo suelos. Al día siguiente se
fue a la despensa, te comió los bizcochos, y luego dejó unos cuantos masticados
en el suelo para que pensaras que fuera el gato….
-¡Basta, basta! No quiero
oír más.
-¿Lo crees ahora?
-Pues a ver que leen aquí
en ese libro que tú has escrito.
-Gallina Luisita ¿Puedes
leerme aquí?
-Sí. Aquí dice que ese perillán
llamado el Tronco, tiene el puño cerrado y en la mano una piedra para darte un puñetazo
en la cabeza.
-¡No le hagas caso,
Barbero, amigo mío! Yo no te voy a dar un puñetazo.
-Veamos, saca la mano del
bolsillo…..¿Y esa piedra?
-Bueno…Es que la encontré
en el camino. Y la llevaba para mi colección.
-Ah. Coleccionas piedras.
-Sí, para tirárselas a
los pájaros que me comen la fruta.
-Vale vale. Ya has visto.
Las gallinas saben leer hablar y escribir porque yo se lo he enseñado.
-¿Y que trabajo me das?
-Yo ninguno. Tienes que
ir al Ayuntamiento y te darán trabajo. Yo solo te doy una tarjeta de
recomendación.
-Vale. Me voy corriendo.
-Es aquí el ayuntamiento
de Montcada i Rexach?
-Pues claro. ¿es que no
ha visto el letrero?
-¿Qué letrero?
-Ese que está en la
puerta. Dice_ Aquí es el ayuntamiento de Montcada y Reixac. Cobramos por todo
menos por respirar…por ahora”
-Ah, sí. Vengo por una
recomendación. Digo, por un trabajo.
-¿Es usted valiente e inteligente?
-Valiente sí que lo soy.
No tengo miedo ni de mi abuelita. También soy inteligente.
-Entonces no aceptará el
trabajo.
-Lo aceptaré aunque sea
el peor del mundo.
-Venga, Firme aquí, y
deje en depósito cien mil euros.
-¿Cien mil euros? ¿Para qué?
-Pues para que nosotros
estemos seguros de que acepta el trabajo. Después de un año se los devolveremos
si cumple.
-Cumplo cumplo.
Bueno, ya está firmado y
he pagado. ¿Y ahora?
-Ahora, a partir de las
doce de la noche, no antes…tiene que abrir el cementerio y cuidar de los
muertos.
--¡Jolines! Los muertos
se cuidan solos.
-Tiene que cuidarlos. Cuando
un muerto le llame desde su tumba usted debe acudir, moverle el esqueleto, y si
es necesario bailar con él.
-Noooooo. ¡Eso nunca!
-Bien, pues ha perdido su
dinero.
-Pensándolo bien acepto
el trabajo.
-Venga. Un fantasma le
vigilará. Como usted es valiente no pasa ná.
-Vale vale. ¿Y de quien
es el fantasma?
-Es…bueno son tres
fantasmas. El uno es el del Destripa Valientes. El otro es el de su suegra y el otro es el de Ratafía.
-¡Rekoñe! Los peores del
mundo. La Ratafia era mi cuarta mujer, y a su vez la segunda de Lodovico, y
también la tercera de mi peor enemigo que me robó diez mil euros para comprarle
unos zapatos de plata. ¡Hasta en la sopa me la encuentro!
-Esta noche en el
cementerio. Y a las tres de la mañana tiene que entrar por el nicho número
tres, que no es un nicho, sino un simulacro, y seguir hasta salir al nicho número
32. Allí encontrará su sueldo. Así cada noche.
-Pues vaya manera de cobrar.
Casi prefiero no cobrar.
-¡Es usted un cobarde. !¡
Váyase que el dinero me lo quedo yo!
-No, que bah. Yo voy.
Pues vaya trabajo más
raro y tenebroso que me ha buscado ese canalla de mi amigo. Además la gallina
asquerosa le contó todo lo que yo había hecho. Menos mal que no se lo creerá,
porque ¿Quién va a creer cuentos de una gallina?
Bien. Ya está aquí el
cementerio.
Ahora me escondo en este
ciprés y a esperar a que me llame algún muerto. ¡Pero por mucho que griten yo
no pienso moverme de aquí. ¡Con el miedo que les tengo yo a los muertos.! ¡Esto
es como para cagarse!.
Tengo que darle unas
bofetadas a mi amigo, el Barbero de la mierda.
¡Ay, que me parece que me
están llamando desde el nicho ese que chisporrotea!. Pero yo aquí.
(En ese momento un búho
que estaba en el ciprés se acerca al Tronko, y posándose en su hombro dice
Guuuguuuuc uuuh uuuy.. El Tronco salta del ciprés y queda medio alelado del
susto.
Va a meterse en el nicho
tres, pero ya no se acuerda cual es la entrada y entra en otro. Lo primero que
encuentra son unos zapatos, seguidos de un descarnado esqueleto, el cual visto
a la luz de la linterna daba un miedo terrible.
Tapa el nicho e intenta
entrar por otro. Pero también tenía inquilino. Así que siguió andando.
Allá más adelante vio un
muerto que estaba con los pies de fuera del nicho. Fue acercándose, medio
escondido bajo los nichos, pero una luz fosforescente recorrió todos los nichos
y bajo esa luz vio que allí había un
muerto que se quería escapar del nicho. Observó y oyó que roncaba. Y dijo para
sí:
-Este muerto no está bien
muerto. Habría que rematarlo, pero yo lo
saco del nicho y lo dejo ahí. No me agrada acabar de matar a los muertos. ¡Que
se mueran ellos!
Tiró de las patas. Y el
muerto, que era un vivo, un vivo mendigo que se iba a dormir a los nichos, al
verse sacado de su camilla se lanzó a patadas contra el valiente Tronco, y allí
se pelearon como dos fieras.
El mendigo cogió su saco
y se fue.
El Barbero se fue a la policía todo magullado a
denunciar que un muerto le había dado una paliza de miedo. El Policía lo tomó
por loco y lo encerró en la cárcel hasta el día siguiente.
Seguirá.
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