EL VIEJO PUENTE DE PIEDRA
Fijaros en esta foto de portada. La he sacado el año pasado. Es el puente de Alba de Tormes, el que da entrada al pueblo.
Un poco mas a la izquierda hay una gran imagen de Teresa de Jesús, y allí ya comienza el Monasterio.
Era un hermoso dia de finales de primavera. Tenia que ir a Salamanca. Un amigo me acompañó. Salimos por una vieja carretera que atraviesa bosques preciosos, donde los rios bajan a veces mansos y tranquilos, otras en hermosas cascadas cayentes que forman bellos arcoiris.
Al llegar a Calatayud decidimos visitar el monasterio de Piedra. Toda una inmensa y magnifica imagen , cuyos paisajes se pierden más allá de lo que alcanza la vista. Despues de recorrer el gran recinto, ya anochecido decidimos quedarnos hasta el dia siguiente, para proseguir el viaje,
Amaneció un dia espléndido entre los trigales verdes que ya comenzaban a madurar en la estepa y campiña Castellana.
De vez en cuando una aglomeracion de casitas blancas que se apiñaban al lado de una iglesia a veces elevando sus agujas al cielo y otras veces medio en ruinas.
En una de estos pueblos perdidos en un pequeño bosque decidimos parar para comer.
Nadie.
Recorrimos todo el pueblo. Calles donde la maleza crecia a sus anchas, y los rosales se mecian bajo una brisa que templaba el riguroso calor de medio dia.
Serguimos hasta la Iglesia, dejando el coche al principio del pueblo. Queriamos ver a alguien que nos explicara porque habian abandonado aquel pueblo.
Nadie.
Todo era soledad.
Ni siquiera una persona. Un cementerio abandonado cerca de la iglesia, cuya puerta estaba entreabierta, con una piedra que hacia que el viento no la abriera.
De cuando en cuando el silencio era interrumpido por algun pajarito que se posaba mirandonos torciendo el pico a un lado y a otro, para luego saltar más alto y entonar un bonito trinar.
Fuimos de regreso al coche pensando que en otro tiempo los habitantes se alegraban de sus posesiones que ahora nadie cultivaba.
Despues de varios kilómetros otro pueblecito perdido allá en una suave colina.
Y hasta allí nos fuimos, temiendo que la gasolia se terminase antes de encontrar un lugar para comer.
A lo lejos se oia el ladrar de un perro, y poco mas adelante un viejo fumando una pipa, sentado sobre un tronco, y su anciana mujer hilando la rueca sentada en la escalera de piedra que servia para entrar en la baja y larga casa, con muchas ventanas y varias puertas.
-Hola,
-Hola. ¿Desean algo?
-Deseariamos comer. ¿Hay alguna fonda en el pueblo?
-No. Aqui solo habitamos tres familias. Y si quieren quedarse nadie les va a decir nada por abrir una casa y pasar aqui unos dias. ¿Desde donde vienen.
-Desde Barcelona.
-Comida no encontrarán. Pero si mi Patricia quisiera podrian quedarse con nosotros.
Y Patricia nos invito a sentarnos a la mesa.
Mató un pollo, mientras su marido encendia una rudimentaria chimenea donde lo asaron sobre un asador
Buenas hogazas de pan, porque ellos aun cocian el pan en su horno de leña.
Despues de comer, tratamos de pagarles, pero de ninguna manera han querido que les diésemos nada, y besando sus arrugadas manos nos fuimos hacia Alba de Tormes.
Sacamos esta foto al viejo puente de piedra. Despues de alquilar habitaciones para quedarnos unos dias, fuimos a visitar el monasterio, donde se celebraba una misa, y las monjitas carmelitas cantaban un precioso himno.
Besamos las reliquias de Santa Teresa de Jesús, y estuvimos un rato junto a su tumba.
Luego me puse a meditar la alegria de los santos al morir.
Ellos no temen la muerte. Para ellos morir es nacer. Ya lo decia Sta Teresa de Jesús en sus versos. La muerte es esperada como el deportiosta espera su premio.
Era Teresa de Jesús una Santa Castellana, con ese caracter estepeño que aunque no sintiese una fe sensible, obraba como si sintiese los mas grandes fervorines del mundo.
Muy pocos dias antes de morir llamaba a esa puerta que ahora contemplabamos, para que la dejasen entrar, porque su cuerpo agonizante ya habia llegado al fin de su calvario.
Ella pasó todas las moradas de las cueles escribia San Juan de la Cruz, cofundador con ella. Y la peor morada del alma es amar y obrar el bien con una fe que está escondida. Una fe que está en la morada del alma, y no se deja sentir. Una fe que podria hacer feliz a quien la sintiera como otras veces, pero todo santo debe sufrir el paso por esa morada, así como Jesús pasó, hasta el punto de decir "Padre, ¿Por qué me has abandonado?". Ese fue el mayor sufrimiento de Jeús en la Cruz. Sentirse solo. En una soledad donde no se ve ni el cielo ni la luz ni a Dios. Y el alma debe caminar sin sentir esa luz que da la fe. Luego, antes de expirar pudo decir: Al fin muero en el seno de la Iglesia Catolica.
Allí en Alba de tormes estubimos varios días .
Visitamos el castillo. Aquel castillo que cuando pasaba unos dias de vacaciones en la compañia de esos Carmelitas podia conytemplar desde mi habitacion. El Castillo de los Marqueses de Alba de Tormes, de donde descendió tambien la Condesa de Alba, Doña Cayetana, porque este Castillo fue de sus antepasados.
Hoy, desde mi habitacion contemplaba la huerta de los Carmelitas. Un recuerdo me vino a la mente:
"Era un dia en que todos los frailes querian ir de escursion a la Peña de Francia. Alguien debia quedar en el Monasterio.
Un anciano Padre y yo nos quedamos. Al llegar la noche debia meter cientos de pollitos en unos cajones y subirlos a un lugar donde pasarian la fria noche.
Al subir un cajon se soltó la cuerda. Bajé la vista y vi que un montón de pollitos estaban estirando la pata. Habian muerto del golpe.
Entonces tomé una azada hice un gran hoyo, y allí los metí antes de que llegase el meddico forense a ver si estaban vivos o se hacian los muertos,
Y seguí subiendo los otros cajones.
No pasaba nada. Cada noche nacian muchos alrededor de la campana que hacia de madre, pues nacian con el calor de las bombillas.
Y pensando esta anecdota me quedé dormido.
Allá cuando el sol aun estaba dormido, y el alba bruñia de plata las cúspides de las montañas, bordando un hilo de luz allá por el horizonte, me despierta la campana con sus bronces sagrados, que parecia que intentaban ensordecerme.
Me levanté y me fui a la iglesia por una escalera de caracol que conocia bien. Y aquel dia, despues de comer, nos volvimos a Barcelona.
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Fijaros en esta foto de portada. La he sacado el año pasado. Es el puente de Alba de Tormes, el que da entrada al pueblo.
Un poco mas a la izquierda hay una gran imagen de Teresa de Jesús, y allí ya comienza el Monasterio.
Era un hermoso dia de finales de primavera. Tenia que ir a Salamanca. Un amigo me acompañó. Salimos por una vieja carretera que atraviesa bosques preciosos, donde los rios bajan a veces mansos y tranquilos, otras en hermosas cascadas cayentes que forman bellos arcoiris.
Al llegar a Calatayud decidimos visitar el monasterio de Piedra. Toda una inmensa y magnifica imagen , cuyos paisajes se pierden más allá de lo que alcanza la vista. Despues de recorrer el gran recinto, ya anochecido decidimos quedarnos hasta el dia siguiente, para proseguir el viaje,
Amaneció un dia espléndido entre los trigales verdes que ya comenzaban a madurar en la estepa y campiña Castellana.
De vez en cuando una aglomeracion de casitas blancas que se apiñaban al lado de una iglesia a veces elevando sus agujas al cielo y otras veces medio en ruinas.
En una de estos pueblos perdidos en un pequeño bosque decidimos parar para comer.
Nadie.
Recorrimos todo el pueblo. Calles donde la maleza crecia a sus anchas, y los rosales se mecian bajo una brisa que templaba el riguroso calor de medio dia.
Serguimos hasta la Iglesia, dejando el coche al principio del pueblo. Queriamos ver a alguien que nos explicara porque habian abandonado aquel pueblo.
Nadie.
Todo era soledad.
Ni siquiera una persona. Un cementerio abandonado cerca de la iglesia, cuya puerta estaba entreabierta, con una piedra que hacia que el viento no la abriera.
De cuando en cuando el silencio era interrumpido por algun pajarito que se posaba mirandonos torciendo el pico a un lado y a otro, para luego saltar más alto y entonar un bonito trinar.
Fuimos de regreso al coche pensando que en otro tiempo los habitantes se alegraban de sus posesiones que ahora nadie cultivaba.
Despues de varios kilómetros otro pueblecito perdido allá en una suave colina.
Y hasta allí nos fuimos, temiendo que la gasolia se terminase antes de encontrar un lugar para comer.
A lo lejos se oia el ladrar de un perro, y poco mas adelante un viejo fumando una pipa, sentado sobre un tronco, y su anciana mujer hilando la rueca sentada en la escalera de piedra que servia para entrar en la baja y larga casa, con muchas ventanas y varias puertas.
-Hola,
-Hola. ¿Desean algo?
-Deseariamos comer. ¿Hay alguna fonda en el pueblo?
-No. Aqui solo habitamos tres familias. Y si quieren quedarse nadie les va a decir nada por abrir una casa y pasar aqui unos dias. ¿Desde donde vienen.
-Desde Barcelona.
-Comida no encontrarán. Pero si mi Patricia quisiera podrian quedarse con nosotros.
Y Patricia nos invito a sentarnos a la mesa.
Mató un pollo, mientras su marido encendia una rudimentaria chimenea donde lo asaron sobre un asador
Buenas hogazas de pan, porque ellos aun cocian el pan en su horno de leña.
Despues de comer, tratamos de pagarles, pero de ninguna manera han querido que les diésemos nada, y besando sus arrugadas manos nos fuimos hacia Alba de Tormes.
Sacamos esta foto al viejo puente de piedra. Despues de alquilar habitaciones para quedarnos unos dias, fuimos a visitar el monasterio, donde se celebraba una misa, y las monjitas carmelitas cantaban un precioso himno.
Besamos las reliquias de Santa Teresa de Jesús, y estuvimos un rato junto a su tumba.
Luego me puse a meditar la alegria de los santos al morir.
Ellos no temen la muerte. Para ellos morir es nacer. Ya lo decia Sta Teresa de Jesús en sus versos. La muerte es esperada como el deportiosta espera su premio.
Era Teresa de Jesús una Santa Castellana, con ese caracter estepeño que aunque no sintiese una fe sensible, obraba como si sintiese los mas grandes fervorines del mundo.
Muy pocos dias antes de morir llamaba a esa puerta que ahora contemplabamos, para que la dejasen entrar, porque su cuerpo agonizante ya habia llegado al fin de su calvario.
Ella pasó todas las moradas de las cueles escribia San Juan de la Cruz, cofundador con ella. Y la peor morada del alma es amar y obrar el bien con una fe que está escondida. Una fe que está en la morada del alma, y no se deja sentir. Una fe que podria hacer feliz a quien la sintiera como otras veces, pero todo santo debe sufrir el paso por esa morada, así como Jesús pasó, hasta el punto de decir "Padre, ¿Por qué me has abandonado?". Ese fue el mayor sufrimiento de Jeús en la Cruz. Sentirse solo. En una soledad donde no se ve ni el cielo ni la luz ni a Dios. Y el alma debe caminar sin sentir esa luz que da la fe. Luego, antes de expirar pudo decir: Al fin muero en el seno de la Iglesia Catolica.
Allí en Alba de tormes estubimos varios días .
Visitamos el castillo. Aquel castillo que cuando pasaba unos dias de vacaciones en la compañia de esos Carmelitas podia conytemplar desde mi habitacion. El Castillo de los Marqueses de Alba de Tormes, de donde descendió tambien la Condesa de Alba, Doña Cayetana, porque este Castillo fue de sus antepasados.
Hoy, desde mi habitacion contemplaba la huerta de los Carmelitas. Un recuerdo me vino a la mente:
"Era un dia en que todos los frailes querian ir de escursion a la Peña de Francia. Alguien debia quedar en el Monasterio.
Un anciano Padre y yo nos quedamos. Al llegar la noche debia meter cientos de pollitos en unos cajones y subirlos a un lugar donde pasarian la fria noche.
Al subir un cajon se soltó la cuerda. Bajé la vista y vi que un montón de pollitos estaban estirando la pata. Habian muerto del golpe.
Entonces tomé una azada hice un gran hoyo, y allí los metí antes de que llegase el meddico forense a ver si estaban vivos o se hacian los muertos,
Y seguí subiendo los otros cajones.
No pasaba nada. Cada noche nacian muchos alrededor de la campana que hacia de madre, pues nacian con el calor de las bombillas.
Y pensando esta anecdota me quedé dormido.
Allá cuando el sol aun estaba dormido, y el alba bruñia de plata las cúspides de las montañas, bordando un hilo de luz allá por el horizonte, me despierta la campana con sus bronces sagrados, que parecia que intentaban ensordecerme.
Me levanté y me fui a la iglesia por una escalera de caracol que conocia bien. Y aquel dia, despues de comer, nos volvimos a Barcelona.
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