jueves, 27 de noviembre de 2014

AL HABLA CON JESUS- Hola Jesús, Buenas tardes. Tengo tiempo libre, y en esta tarde de primavera quiero conversar un rato contigo. -También yo quiero conversar contigo. Ya sé que tienes muchas cosas que contarme. Ya sé que desearías muchas cosas. Entre ellas ofrecerme mucho. Cuando yo estoy contigo todo te parece poco para darme, para agradarme, para caminar conmigo en el amor. Pero cuando me escondo, cuando no me sientes, cuando te acecha una enfermedad, entonces te desanimas, entonces te crees sólo, y olvidas tus promesas. -Es verdad. Tú lo sabes todo. También por eso, por las horas de depresión, por las horas de olvido, por las horas de no sentirte a mi lado por las horas de gran alegría vengo a pedirte. Sé que te agrada mucho jugar al escondite. Y yo quisiera que no te escondas. Quiero que estés siempre presente. Que siempre estés en mi pensamiento. En una palabra, que no te escondas, que se pasa muy mal sin ti. -Pero piensa: ¿No acaso eres tú el que busca jugar al escondite? ¿Cuántas veces te busco y no te encuentro? ¿Y cuantas veces más estás entretenido con cosas sin importancia, pero que te oscurecen mi presencia? Comprendo que te agraden mucho las cosas de este mundo. Yo soy el autor de todo lo creado, y lo hice para tu agrado. Pero con la condición que no te distraigas, que hagas de todo un medio para caminar conmigo, para charlar, para preguntar. -Es que hay cosas a las que se les quiere mucho. Y a veces tú te las llevas, yo me quedo sin ellas. No sé a adonde te las llevas, pero dejan de estar en mi vida. Cuando era un niño tenía amigos, muchos amigos. Y aun siendo niños también te los has llevado. Luego hubo días de total fracaso, e incluso a sacerdotes buenos amigos míos también se han ido. Luego trabajos, incomprensiones, fracasos… -¿Y Yo? Yo pudiendo ser rico escogí la pobreza. Pudiendo haberme rodeado de grandes amigos me rodeé de enfermos, de leprosos, de pobres…Ríos de plata y oro corrían por mis manos, pero pasaban como un manantial a aliviar la sed de otros, hasta el punto de que pasé hambre, de que caminé hasta la casa de algún amigo sudando bajo un sol de justicia para pedir siquiera un vaso de agua. Ayudé a muchos pobres, Curé a muchos enfermos graves. ¿Y sabes cómo han correspondido? Muchos de ellos, muchos de los que yo había curado y favorecido, el día de mi Pasión me apedrearon, me abofetearon, me hirieron. Y más aún, me despreciaron y me trataron de loco, de mentiroso y de endemoniado. ¿Sabes cómo me defendí de todas esas calumnias y agresiones? Diciéndole al Padre: Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y al decirlo me dejé crucificar por ellos y di la vida para que ellos pudieran salvarse. -Claro, pensando en todo lo que dices, lo que yo hago es bien poco. Y a veces no es más que oropel, con mucho brillo y poco valor.- Pero hoy quiero darte algo más. Darte ese amor tan grande como te daban los mártires cuando por tu amor moría, como los que fueron a lejanas tierras a predicar tu evangelio. A dar testimonio aunque sea apedreado como San Sebastián…. -Buena cosa eso, pero no es necesario. No es eso lo que Dios quiere de ti. Dios no te pide grandes sacrificios. Te pide cosas más sencillas. Tu santificación no está en hacer cosas grandes, sino en hacer bien las cosas pequeñas. Hacerlas con amor. ¿Sabes lo que es orar? Orar no es estar recitando siempre oraciones. No es penetrar con la mente en el cielo y allí contemplar la Gloria del padre. No es escribir cosas hermosas. No es aconsejar a todos a ser buenos…Cosa buena es, pero no es esa la oración que Yo quiero. La oración que hoy quiero de ti es que hagas tu trabajo con amor a mí y al prójimo, que ames a los que están a tu lado, porque ellos son los que más te hacen sufrir, porque amar a tus padres, a tus hermanos y familiares porque hacer el bien entre tus vecinos eso me agrada mucho más que si fueras a misionar lejos de tu hogar. A un padre que ha sido borracho que no les diga a sus hijos que no lo sean. Mejor que deje él de serlo, y así hablará con el ejemplo. Una madre que no va a misa que no diga a sus hijos que vayan a misa. Debe ir ella, luego los hijos también la acompañarán. Es decir, hablar y predicar con las obras. ¿Eres soltero? Trata a tu novia como a una hermana, respétala, Enseñale a ser pura y casta. ¿Eres casado? Ayuda a tu mujer en todo lo que puedas. No discutas. Cierra la boca a tiempo. Perdónale si te ha faltado y ámala. ¿Tienes hijos? Enséñales a acompañarte a misa, enséñales a amar a Dios y al prójimo. Edúcalos en el amor. Que no sean egoístas, que sepan sacrificarse por ellos y por otros. Que no devuelvan mal por mal... ¿Qué estas enfermo? Entrégame a Mí tu dolor para ser corredentor en mi Pasión. Sufre con paciencia, buscando el remedio, y pídeme la salud, que yo son el dueño de la salud y la doy a quien me la pide con fe si no es inconveniente a su salvación. -Ciertamente. Tienes razón. Cuesta más ser bueno y mejor, arrepentido y dar ejemplo entre los que te han conocido de siempre. Ahora comprendo que irse a tierras lejanas no es lo mejor. Es bueno, pero más fácil. Para ser bueno en mi aldea, en mi pueblo, en mi ciudad, con mis amigos…eso es mucho más difícil. -Difícil, si pero eso es oración continua. Porque orar es eso. Es levantar tu corazón a mí y pedirme cosas. Enseñar a los demás a hacer esta oración, que es predicar con el ejemplo. Habrás oído que muchas veces he dicho que la mejor de las oraciones es la mental. Aquella que se hace con el pensamiento. Esa oración es estar íntimamente charlando, tu yo. Y mientras haces esa oración mental no dejes tu trabajo, porque todo lo que hace un justo es oración si me lo ofrece como oración. -Pero algunas veces estamos en pecado, y tal vez en culpa grave. Entonces sé que mi oración no vale para los otros…Lo siento. -Cierto, pero para que te perdóne tus culpas, graves o leves, basta con que me digas pocas palabras, salidas de tu corazón de tu mente. Si me dices: Jesús perdóname porque he pecado…ya te perdono. Porque quien muere pronunciando mi nombre, Llamándome en su agonía, aunque esté en culpa grave yo acudo a su lecho, y le ayudo a conseguir el perdón y su muerte será santa. Después de pedir perdón de tus culpas, con intención de confesarlas cuando puedas, entonces ofréceme tus trabajos, tus deseos tus obras, todo se convertirá en oración siempre que no sean obras deseos o pensamientos pecaminosos. Desde ese momento ya puedes hacer oración por otros, porque también Dios aceptará tus ruegos. La oración del Padrenuestro es la mejor. La he enseñado Yo a mis Apóstoles, porque es el mejor modo de dirigirse a Dios. Pero el hombre no puede estar de continuo orando. Por eso te digo que puedes hacer oración continua si cada mañana me ofreces las obras buenas del día. Dios te concede la vida para adquirir virtudes, no la desprecies.

No hay comentarios:

Publicar un comentario