lunes, 24 de noviembre de 2014

LOS DOLORES; EL SUFRIMIENTO Y LAS PENAS NO PROCEDEN DE DIOS
¡Anda karay!” ¿Entonces nuestro dolor no tiene valor alguno? Si de Dios no procede, y Dios no quiere que suframos ¿es contra la voluntad de Dios que suframos?
(Vaya en que líos me meto. A ver como salgo de estos laberintos donde me estoy metiendo)
Pues eso.- Lo dicho. Pero vamos a explicarlo.
Dios se hizo hombre, y se hizo hombre para poder sufrir como hombre y redimirnos como hombre.
Dios recoge y limpia hasta la última lágrima que causa el dolor. Y asocia de tal modo con Él al que sufre que habita en él de una manera especial.
¿Entonces en qué quedamos? ¿Quiere o no quiere Dios que suframos?-
El sufrir por sufrir no tiene valor alguno. Somos seres pertenecientes al reino animal, y como cualquier animal debemos sentir, debemos sufrir, porque las heridas causan dolor. Y hay otras heridas que causan más dolor, que son la despedida de un ser querido. Y como todos nacimos para morir, pues antes o después hay que sufrir esas dolorosas despedidas.
El hombre sufre por el ambiente que lo rodea, sufre por quien ama, sufre por sus enfermos, por sus hijos que viven envueltos en el dolor. Todo dolor está envuelto con los seres humanos que viven sobre la tierra.
Y sin embargo Dios no quiere que nosotros, los hombres, sus hijos, que suframos.
Y es cierto que al sufriente lo une a Cristo en su dolor y a su redención. De modo que el que sufre es otro Cristo. Es Dios por dentro y Job por fuera.
Pero aclaremos. Ese dolor que necesariamente tenemos que sufrir se vuelve dolor redentor, y nos une a Cristo doliente si lo ofrecemos a Dios en reparación de nuestras culpas y las culpas de los demás
El dolor es camino de salvación cuando lo aceptamos para salvarnos y salvar a otros.
Pero no es necesario que suframos más de lo que la vida por su naturaleza nos depara.
Quien ha sido abandonado por el amor de otro, que ofrezca a Dios ese dolor inmenso, pero que no lo vaya a buscar.
El que sufre porque se ha caído y se ha herido que ofrezca a Dios ese dolor, pero que no se tire para sufrir más.
El que le cayó una piña en la cabeza pasando debajo de un pino que ofrezca a Dios el dolor del piñazo, pero que no se ponga debajo del pino para que le caiga otra piña.El que se casó, y su mujer o marido han salido retorcidos, que ofrezca Dios las broncas de su pareja, pero que trate de evitar nuevas broncas.
Es decir: Dios quiere que le ofrezcamos para acumular méritos el dolor que como seres humanos debemos de sufrir obligatoriamente.
Pero siempre por amor a Dios y al prójimo.
Perdona por amor Aguanta un dolor por amor. Entrega tu dolor a Dios pero por amor. Sufre las flaquezas de tu prójimo, pero por amor. Y de esta manera cuando la muerte llega, te aseguro que habrás de encontrarte con tantos y tantos méritos en la Eternidad que ni ahora lo puedes soñar.
¿Sabes cuáles son los mejores dolores? Pues los que causan el reprimir una pasión, los que causan tener que hacerte violencia para no pecar. El tener que reprimir…si REPRIMIR tus instintos para no pecar. El no hacer caso a quien dice que no seas un reprimido, que seas un pecador, que dejes a tus instintos satisfacerse…Esos que te dicen eso son miembros corrompidos, aliados satánicos, que están en la lista de aquellos por los cuales Jesús dijo a Pedro: “Apártate de Mí, Satanás, porque me estás tentando…”
Ya lo sabes. Nadie nos pide hacer grandes sacrificios para ser grandes en la Gloria eterna. Basta con sufrir lo que por tú naturaleza debes sufrir.
Y a esto se llama “DOLOR REDENTOR”
Pero si quieres demostrar más amor a Dios y tomas sobre ti mas dolor, eso también es unirte de un modo tal a Jesús que haces las veces de Jesús que tomó sobre Él el dolor que merecíamos nosotros.
Y ahora, ante tu admiración que siempre has pensado que todo dolor procede de Dios…te estarás preguntando ¿entonces, quien nos envía el dolor? ¿De dónde procede? ¿Y porque dice que Dios castiga?
Muy sencillo. El Dolor y la muerte entraron en el mundo por el pecado y los pecados de los hombres. En el plan de Dios estaba dar a los humanos miles de privilegios antes de entrar en la gloria. Pero el Hombre pecó y los privilegios no los tenemos, porque estaban condicionados al no pecar.
O sea: Cualquier persona, debía sufrir por pertenecer al reino animal. Pero Dios, compadeciéndose dijo: Os coloco en un Paraíso, muy parecido al Paraíso celestial. En ese paraíso os libraré de muchísimos sufrimientos, pero no os haré impasibles. No tendreis que sufrir si me amáis y no pecáis.
Pero el hombre no fue digno de este privilegio. Repito: “Era esto un privilegio dado gratuitamente por Dios” No era por la dignidad de nosotros.
Decir que Dios castiga, el castigo que recibe el alma por haberse desviado de Dios. No es Dios quien castiga. Es el alma que se castiga a sí misma al alejarse de Dios. Dios no envía a nadie al infierno. Es el alma del pecador que admite el pecado y no se arrepiente. Ese modo de obrar desemboca en el infierno. En el alejamiento de Dios. Y el Infierno es eso: Alejarse voluntariamente de Dios por no obedecer los Mandamientos que es y son el único camino que nos llevan derechos a Dios. Los Mandamientos nos los ha dado Dios porque nos ama.
Y, ojito, que Dios al no poder darnos esos privilegios nos dio otros. Por ejemplo nos dio que Dios se hiciera hombre y habitara entre nosotros., Nos dio que Cristo pudiese ser en persona alimento, Luz, guía y hermano.
Ahora ya comprendemos que Dios recoge el dolor como satisfacción de nuestros pecados, y para librarnos del purgatorio acortando el tiempo de su estancia en él a causa de recibir el ofrecimiento de nuestro dolor terrenal.

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