JESUS ¿Cómo era Jesús en
su físico?
Jesús era un hermoso
niño. Su cuerpo era todo perfección. Su cabello rubio. Algo
de este rubio lo conservaría toda si vida, pues de mayor su cabello era
un castaño rubio
Sus ojos eran azules. Un
azul puro, un azul profundo.
Su mirada era sonriente,
pero cuando miraba a una persona dejaba flotar una sonrisa tan bella, tan
divina que conquistaba porque en su mirada no había nada de engaño, ni de
egoísmo, ni siquiera buscaba un placer pasajero, sino que penetraba su mirada
hasta el fondo del alma. Se podría decir que en sus ojos el alma contemplaba a
su Dios.
Sus labios siempre
propensos a sonreír. Tanto era así que los pecadores no dudaban en contarle sus
culpas, por enormes que fueran y escondidas que las tuvieran en sus corazones,
porque su mirada y la sonrisa que se dibujaba en su rostro ya decían de
antemano: Soy tu Dios, y quiero perdonarte esa culpa que te hace sufrir.
Ya a sus doce años era
tan alto como su Madre, la Virgen. Más bien su constitución era fuerte, pero no
gruesa, más bien delgada.
Su frente despejada, y
sus ojos abiertos, que dejaban ver su franqueza y amistad.
Nunca se enfadaba, aunque
a veces las cosas le salían mal. Tenía mucha paciencia.
Trabajaba con José en el
taller de carpintería. José le enseñaba que
en cada una de las cosas debía haber siempre una perfección, porque si
por ejemplo se dejaba un eje de una carroza sin estar bien afinado, poco a poco
se estropearía.
Era perfecto en todo lo
que hacía.
Es cierto que cobraba su
trabajo. Pero el precio era justo, y si alguien no podía pagar se conformaba
con un trozo de pan, o lo que le pudieran dar.
Cuando llegó a la edad de los 23 años era un chico fuerte, alto,
bastante alto, de un pelo entre rubio y castaño, el cual dejaba crecer. Le agradaba
el pelo largo, al igual que todos los nazarenos.
Jesus media un metro y
ochenta y cinco centímetro, tal vez un poco más. Era el más alto de entre sus
discípulos. Sus primos y Santiago del
Cebedeo también eran altos. Pero Jesús era aún más alto. Cuando un día Judas le
regaló unas sandalias, éstas eran de medida normal para su estatura. Unos 44
centimetros o tal vez más.
Todos sus discípulos que
eran nazarenos dejaban el pelo largo, y solo lo cortaban por si estorbaba en el
trabajo.
Juan, pelo largo y rubio.
Santiago pelo largo y castaño. Y así casi todos. En cambio Judas no era
nazareno, y llevaba el pelo más bien corto.
Jesús tenía en su mirada
un no sé qué de celestial que parecía derramar misericordia entre los que
acudían a Él en busca de consuelo, o alguna limosna, porque Jesús atendía a las
necesidades de los demás con todo lo que podía.
Cuando lo presentaron en el Templo a los doce
años le cortaron el pelo. Y ya era bastante alto a esa edad. Después volvería a
dejar crecer su cabello.
Era parco en el comer y
beber. Su comida preferida nadie lo
sabe, porque comía de lo que le ponían. Sin embargo el vino casi ni lo probaba,
a no ser en grandes ocasiones, como cuando asistía a un banquete invitado, o a
una boda, o en los ritos de pascua.
Cuentan los apóstoles que era todo dulzura con todos, pero con los
que oprimían a los pobres era muy inflexible. Aún entre sus mejores amigos no
permitía que se maltratara a los pobres. Se dice que un atardecer llegó a un
pueblo entre lluvia y frio. Allí en Nobe tenía un gran amigo, el cual le invitó
a comer y dormir junto con los Apóstoles. Pero unos niños pobres, niño y niña,
se acercaron al dueño de la casa y le pidieron un trozo de pan. Y el dueño los
despachó a patadas. Entonces Jesús abandonó esa casa, y se llevó a los dos
pobrecitos niños sin padres, y los entregó a Juana de Cusa. Allí permanecieron
el resto de sus vidas.
Predicaba a favor de la
igualdad de modo que los ricos ayudaran a los pobre. Y Así era su doctrina….
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