lunes, 24 de noviembre de 2014

LA CRUCIFIXION.
Luego proceden a clavarle los pies, y se encuentran con el mismo problema. No llegan a los agujeros. Clavan el derecho sobre el izquierdo…Imposible. Lo desclavan y vuelven a clavarlos el izquierdo sobre el derecho. La sangre salta sobre los verdugos, salta de los brazos y de los pies. Lo dejan así mientras atan con cuerdas la cruz para levantarlo. Levantan la cruz y la arrastran hasta un hoyo de unos cincuenta centímetros, que ya ha servido en otras ocasiones para otras personas.
El peso de Jesús hace zarandearse la cruz, y los soldados corren a sostenerla porque no se caiga. Lo hacen porque si Jesús se muriese de otra manera que no fuese la sentencia deberían pagarlo los encargados de la crucifixión.
Jesús llora de dolor, mientras los judíos se ríen a su gusto, celebrando la victoria. Le dicen: ¿Por qué no bajas de la cruz tu que dices ser Dios? Otros le tiran inmundicias malolientes y piedras- Jesús pronuncia algunas palabras, y al verse morir sin consuelo dice en hebreo Dios mío, ¿Por qué me abandonas?
Es una pronunciación parecida a Eli eli lambma sbatan. Por eso dicen que llama a Elias. Las risas son frenéticas, odiosas.
De pronto un enorme trueno que hace temblar a todos. La cima del Calvario se mueve como un plato de garbanzos en las manos de un loco. Todos caen a tierra asustados. La noche sobreviene de repente, y un enorme rayo como una corona se pasea en vertiginosa velocidad sobre la cima del Calvario y como corona de siniestro resplandor cegador sobre la cruz de Jesús y de los otros.
Luego ese rayo se va hacia Jerusalén y muchas casas comienzan arder, entre ellas las de los enemigos acérrimos de Jesús.
Todos tienen miedo. Pero esa nube que hizo de noche se retira, y brilla un esplendido sol. Eso lo aprovechan los judíos para insultar. Se van acercando a la cruz, porque los soldados, llenos de temor ya no hacen nada.
Dan vueltas alrededor del crucificado en una enorme letenia de insultos e improperios..
7ª Parte
Los pastores de Belén, hombres fornidos y aun jóvenes, lloran impotentes. También los amigos de Jesús que eran muchos. Los soldados se reponen del susto y atacan con las lanzas. Todos deben huir monte abajo. Longinos va a Juan y le dice:
-Tu madre llora por la muerte de tu hermano. Podéis pasar y estar al pie de la cruz, vosotros y vuestros amigos. Roma os defiende.
Y Maria y Juan, el hijo del Zebedeo, a quien tomaron por hermano de Jesús, se van al pie de la cruz.
Jesús se estremece terriblemente, porque los tétanos han comenzado, retuercen su boca, sus ojos y hace que las convulsiones sean tan fuertes que mueven la cruz como el aire a una rama.
Maria llora y trata de consolar a Jesús, pero Jesús ya ha perdido la vista. Aun así tiene fuerza para dirigirse a su Madre y decirle. Madre, ahí…tu hijo. Hijo….ahí tu Madre.
Juan tiene sostenida a Maria, que está para desmayarse. De pronto cesa el sol otra vez y las tinieblas se vuelven tan espesísimas que no se puede ver a nadie. Un rayo que se sostiene en el aire durante casi seis minutos hace cegar las pupilas. Los soldaos gritan diciendo: “Verdaderamente este Hombre es el Hijo del Dios Verdadero”
Los judíos se van estrepitosamente chocando unos contra otros, rodando por el monte abajo.
Un terrible terremoto jamás acordado por los humanos que es tan fuerte que nadie puede sostenerse en pies. Un terremoto terrible que no termina. Maria y Juan se agarran a la cruz. Los soldados se agarran unos de otros. Las casas de Jerusalén arden porque ese rayo enciende muchas casas, y todas de los más acérrimos enemigos de Jesús.
Maria llama a Jesús, pero Jesús no responde, porque ya ha muerto.
Poco a poco torna la calma. Deben ser las cinco o las seis de la tarde, de una tarde de primavera.
José de Arimatea habla con Longinos para que le de el cuerpo de Jesús, pero no tiene autorización. Dice que vayan a pedirlo a Pilatos que él vigilará al difunto
Ahora Longinos llama a Juan y le pide permiso de clavarle una lanza en el costado para que no muera como un infame, sino como un héroe. (Eran creencias de aquellos tiempos). Y se acerca al cadáver. Busca un sitio que pueda atravesar el corazón del que ya ha muerto. Le clava la lanza, y derramó agua y sangre.
Al bajar el monte Arimatea y Nicodemo encuentran a muchos judíos muertos por los rayos, o por enormes piedras que los han aplastado. Otros están como locos y piden perdón de sus culpas a Arimatea y Nicodemos, pero ellos no hacen caso y siguen corriendo hasta el palacio de Pilatos.
En Jerusalén todos están locos. Todos gritan todos se tiran por el suelo pidiendo perdón. Todos gritan, algunos se parten la cara con grandes piedras… El templo se ha rajado, y tambaleado, tal como Jesús lo había dicho
Conseguido el permiso vuelven al Calvario. Se encuentran con Gamaliel, despeinado, con la túnica rota, y dice que va a pedir perdón al Nazareno. Pero Nicodemo le informa que ya ha muerto. Se vuelve gritando y diciendo que Jesús era Dios.
Aquí acaba este pequeño relato, que tuve que estratificarlo porque entero ocuparía cientos de páginas.
Ahora, en otra ocasión os narraré todo lo sucedido en Jerusalén Israel y Palestina durante estos dias, asi como en Roma y otros lugares a donde se estendieron los terremotos y otros fenómenos de la naturaleza, avalados por Plinio el Viejo y Flavio Josefo.
C.Javier

No hay comentarios:

Publicar un comentario